Diario de Valladolid

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Escribá, con los pies en el suelo

El técnico del Real Valladolid no quiere que el equipo se desvíe del camino por golear al Albacete:«Hablamos mucho de ambición esta semana. Un buen partido, pero ya está. A pensar en el Eldense»

Escribá, con los brazos en jarra ante el Albacete.

Escribá, con los brazos en jarra ante el Albacete.REAL VALLADOLID

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Pies en el suelo. Eso es lo que quiso reflejar Fran Escribá después de la goleada al Albacete, como si el 5-0 no debiera alterar una dinámica que, poco a poco, empieza a parecer otra. El Valladolid lleva cinco partidos con el rombo sin perder y cuatro jornadas sumando, con ocho de los últimos doce puntos, en una transformación que va más allá de un simple cambio de dibujo. Lo que podía parecer una apuesta conservadora, con Juric y Ojeda como piezas centrales, está terminando por convertirse en un sistema que libera talento y hace jugar mejor al equipo: Ponceau, Víctor y compañía encuentran espacios, el equipo llega más y mejor y, sobre todo, concede poco. 

Escribá ha encontrado en ese rombo una forma de ordenar al Valladolid sin encorsetarlo, de darle estructura sin quitarle libertad. Y ahí está quizá el contraste más llamativo con los últimos tiempos: después de un inicio en el que todo parecía torcido, ahora da la sensación de que muchas cosas empiezan a fluir. Sin necesidad de grandes discursos ni de cambiar el objetivo inmediato, el Valladolid vuelve a parecer un equipo reconocible, competitivo y capaz de disfrutar. Y todo esto al son de la magia de Víctor y Ponceau, el hambre de Arnu, la energía de Ojeda, Alejo y Garriel, los goles de Latasa y la apuesta por gente de la casa. 

El propio técnico quiso poner el foco en esa evolución, en un equipo que ahora compite de otra manera y que ha encontrado en el rombo una estructura en la que parecen encajar muchas de sus piezas: «La sensación es que el equipo está compitiendo mucho más que al inicio. Hay jugadores que parece que este sistema de rombo está hecho para ellos. En este momento dentro de los que considero los 11 mejores hay tres centrocampistas. Encaja bien con el tipo de plantilla que tenemos. Le viene bien a Juric, Ojeda, Ponceau, Víctor o Chacón».

Y, aunque el resultado pueda invitar a mirar más arriba, Escribá insiste en no desviarse del camino. El 5-0 fue celebrado, pero también entendido como un punto y seguido, una actuación que debe servir para confirmar sensaciones y no para cambiar el discurso: «Hicimos un partido muy completo, con la eficacia que otras veces nos había faltado. El equipo está llegando más y mejor. Al descanso le dije al equipo que mentalidad de 0-0 y que teníamos que ganar la segunda parte. Hemos hablado mucho de ambición esta semana. Un buen partido, pero ya está. A pensar en Elda».

Hay, además, una pieza que ayuda a explicar este nuevo Valladolid: la recuperación de Ojeda y el equilibrio que aporta al centro del campo. Su ausencia había condicionado al equipo durante varias semanas y su regreso ha permitido a Escribá recuperar posibilidades y, sobre todo, un dibujo que parece darle más alternativas: «La baja de Ojeda nos hizo mucho daño estas semanas. Es muy importante. Tenemos una buena plantilla, compensada y que nos permite jugar a otras cosas. Este es un sistema que nos da mucho en ataque y permite que nos generen poco».

Y en medio de todo aparece Víctor, convertido ya en uno de los grandes argumentos para que la grada vuelva a disfrutar. Escribá quiso rebajar cualquier exceso de entusiasmo alrededor del joven futbolista, aunque tampoco escondió lo que ve en él: «Víctor tiene condiciones para ser diferencial. Sabe que todavía no ha hecho nada y que no tiene que relajarse».

Ese equilibrio entre ambición y prudencia resume, en cierto modo, el momento del Valladolid. La goleada permite disfrutar, el rombo ha cambiado las sensaciones y algunos futbolistas han encontrado un contexto en el que crecer, pero Escribá quiere que todo eso se construya sin perder de vista lo que viene. Porque después de tanto tiempo caminando a trompicones, quizá la mejor noticia sea, simplemente, volver a sentir que el equipo sabe hacia dónde va.

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