Escribá ante su laberinto particular
La historia dicta que el técnico del Real Valladolid se atasca en las crisis / Fue cesado al inicio de su segundo curso en Villarreal, Vigo, Elche y Zaragoza
Solo acumula 22 de 63 puntos desde que llegó al conjunto blanquivioleta

Escribá se remanga la camisa en el partido ante el Cádiz.
Hay entrenadores que parecen especialmente preparados para apagar incendios. Fran Escribá ha construido buena parte de su carrera alrededor de esa capacidad: llegar a equipos con problemas y cumplir objetivos.... aunque casi siempre de mínimos y no máximos. Pero hay otro denominador común en los últimos nueve años del técnico valenciano que resulta más difícil de ignorar. Y es que cuando la dinámica se tuerce y el equipo entra en crisis, a Escribá le cuesta encontrar la solución para salir del atolladero y recuperar la normalidad. Además hay un patrón que se repite con demasiada frecuencia: su segundo añode contrato suele ser el momento de la caída, de la crisis de identidad.
Ahora apenas iniciado el curso 2026-2027 tras dos años navegando por aguas turbulentas, ese escenario vuelve a aparecer en Zorrilla. El equipo ha arrancadocon cuatro puntos de 15 posibles aunque el problema viene de más atrás. Si se cuentan las 21 jornadas que lleva en el cargo, el balance es de solo 22 puntos sobre 63 posibles con cinco victorias, cuatro empates y... once derrotas. O lo que es lo mismo un paupérrimo 36,67% de los puntos en juego en un club más acostumbrado a Primera que a Segunda División. Si a esto se añade que como local ha conseguido 19 de 30 puntos, un 63,3% y, a domicilio, apenas tres de 30, un 10%, la tendencia invita a preguntarse si lo que está ocurriendo en Valladolid se parece demasiado a otros episodios de la carrera de Escribá en otras plazas de Primera y Segunda.
Escribá no estuvo fino intentando minimizar el daño que supuso el 0-3 del último domingo en Zorrilla ante el Oviedo aseverando erre que erre que «no era un desastre», que sumado a «el Oviedo tiene otros objetivos» y acabar resaltando las carencias del equipo y reconociendo que «no tenemos un goleador que asegure 15 o 20 goles», la venda parece estartégicamente colocada ya antes que la herida. Y todo teniendo en la recámara a delanteros de caché y ‘prestigio’ (al menos en cuanto al coste de ficha se refiere) convertidos en carne de banquillo y grada, pese a la incapacidad para hacer gol.
La pregunta se hace obligada. ¿Qué ocurre cuando los equipos dejan de responder o no responden como debieran ? Los antecedentes son numerosos y no invitan con Escribá, metido en un auténtico laberinto, su laberinto particular, precisamente al optimismo. En Granada, durante la temporada 2024/2025, comenzó en la jornada siete con 13 puntos de 15, pero después firmó 14 de 30 y, finalmente, un balance de 26 puntos en 54 jornadas antes de ser destituido en la jornada 39, después de sumar uno de los últimos nueve puntos y con el equipo a tres del playoff. Y eso pese a disponer de una plantilla con recursos como Gonzalo Villar, Rebbach, Tsitaishvili, Trigueros, Weissman, Boyé o Uzuni, entre estas dos referencias hicieron 24 tantos, pero ni con esas consiguió encontrar una regularidad sostenida.
En Zaragoza el patrón fue todavía más evidente. En la temporada 2022/2023 llegó en la jornada 16 y permaneció hasta el final. Sumó 37 puntos de 81, con ocho victorias, 13 empates y seis derrotas, pero también atravesó dos tramos significativos: 12 puntos de 33 y seis de los últimos 18. La segunda temporada comenzó con cinco victorias consecutivas, 15 puntos de 15 y después llegó el derrumbe: siete puntos de 33 y la destitución en la jornada 16. De 15 de 15 a siete de 33 en semanas.
Elche ofrece quizá el antecedente más parecido a lo que está sucediendo ahora en Valladolid. Escribá llegó en la jornada 24 de la 2020/2021, en Primera División, y consiguió 18 puntos de 51. El tramo más preocupante fue de una sola victoria en 11 jornadas, con siete puntos de 33. El equipo terminó salvándose y el club decidió mantener al entrenador. Pero el inicio de la temporada siguiente volvió a demostrar que no era lo adecuado: duró 14 jornadas, en las que consiguió 11 puntos de 42 y apenas dos victorias. Terminó cesado.
En Vigo le ocurrió algo parecido. Escribá llegó con 12 jornadas por delante en la 2018/2019 y sumó 16 puntos de 36, suficientes para conseguir la permanencia. Continuó al frente del Celta y, en la campaña siguiente, volvió a aparecer la caída. Duró 12 jornadas, consiguió nueve puntos de 36 y encadenó cuatro derrotas consecutivas que terminaron costándole el puesto.
Granada terminó con un despido antes de completar la temporada; Zaragoza y Celta acabaron con destituciones en su segundo curso; Elche repitió la secuencia de salvación, continuidad y caída posterior. La cuestión ya no es si el Valladolid atraviesa una mala racha. La cuestión es si Escribá será capaz de evitar que ese mal momento se convierta, como ya ocurrió en otros destinos, en un atasco del que no encuentre la salida y finalice en una nueva destitución, algo que ya conoce muy bien.