Experimento fallido
La ausencia de jugadores contundentes en defensa y medio campo, y la mala ocupación de espacios propiciaron una primera parte ante el Groningen que mostró carencias graves

Ponceau, último baluarte defensivo del mediocampo blanquivioleta ante el Groningen.
Las pretemporadas existen para ensayar diferentes formas de juego, al tiempo que se ensamblan los futbolistas nuevos con los que ya estaban. Más que el resultado, se buscan las bases para la temporada, averiguando qué funciona, qué debe trabajarse más y qué conduce de forma directa al fracaso.
La primera parte del encuentro ante el Groningen ofrece una fehaciente muestra de este tercer apartado. Y no por jugar con tres centrales y dos carrileros, sino por la elección de los jugadores tanto de la zaga como del medio campo. La prueba apuntaba al desastre que finalmente se produjo, con Aceves como salvador de la goleada.
No fue cuestión de la formación, pues ninguna es perfecta. Depende de los jugadores con que se cuente, de cómo se puede hacer más daño al rival y de lo que exija el partido.
El principal error del equipo inicial de Escribá fue contar con tres centrales con buen trato de balón pero que no muerden y que además se empeñaron en colocarse en paralelo, permitiendo que el Groningen jugase entre líneas como si fuese el patio de su casa. Clerc es además un lateral reconvertido y Martínez está lejos de la contundencia que se espera en ese puesto.
El desastre se amplió con Ponceau como primer filtro en el medio campo, cuando no es un jugador de físico eminentemente defensivo. Chacón y Víctor Jr., futbolistas con vocación de ataque, tampoco mejoraban las prestaciones defensivas en la medular ante un rival combinativo, presionante y en mejor punto físico.
Para culminar el caos, tanto Alejo como Garri se ubicaron más en zona atacante que defensiva y les costaba volver. Y la presión arriba de Van Duiven y Latasa era en los comienzos inexistente, como la de la segunda línea de ataque.
El equipo mejoró mucho tras el descanso con un 4-4-2 más compensado, aunque el cambio final fue drástico. Se pasó de los finos estilistas a los duros batalladores, con Ojeda y Balboa flirteando con la segunda amonestación. Probablemente una mezcla de lo visto al comienzo y al final, unificando el brío físico con el buen trato de balón, hubiese aportado un efecto mucho más positivo al juego y por ende al resultado, aunque ahora sea lo de menos.
Por fortuna esto no ocurrió en un partido de Liga, donde la derrota estaría asegurada y quizá la goleada, si no está delante un Aceves excepcional. Es bueno experimentar, pero hay ensayos cuyo resultado, vista la mezcla de la probeta, se sabe que acaban en explosión.