Partido tirado
Escribá guarda a piezas importantes de cara a la final contra el Zaragoza y su equipo sólo espabila en los últimos instantes, tras el gol de Biuk, después de sestear durante 80 minutos sin un solo tiro entre palos

El extremo croata Biuk lucha por la posesión del balón con el mediocentro italiano Amatucci.
Cuando el decano del colegio de arquitectos de Barcelona entregó el título a Antonio Gaudí, comentó a sus compañeros de estrado que no sabía si se lo había otorgado a un loco o a un genio. El tiempo, la Sagrada Familia, la casa Batlló y otra serie de maravillas más demostraron que se trataba de lo segundo.
Escribá, el arquitecto de este Pucela con tembladera, se salió de los márgenes clásicos para establecer una alineación revolucionaria en Las Palmas. ¿Loco o genio? Ni lo uno, ni lo otro. Como buen valenciano, lo que construyó fue un ninot. Y no el indultado. Su construcción estaba destinada a arder, pues tiró el partido ante los canarios desde una alineación inicial que podía parecer tan revolucionaria como las concepciones del mito catalán, pero que en realidad fue una chabola de Pepe Gotera y Otilio que no aguantó no ya hora y media, sino dos minutos. El gol canario llegó cuatro segundos antes.
Una cosa es focalizar la permanencia únicamente en el choque ante el Zaragoza y otra tirar el partido de Las Palmas, como si los canarios fuesen una mezcla de los mejores Real Madrid, Barcelona, Bayern, Ajax y Milan de la historia. Cómo debe de ver a su equipo el míster para hacer esto. El mensaje que envía es que son casi nada.
El once así lo dicta. Alejo, entre algodones por fatiga. Torres (que le encanta a Escribá) fue suplente al tener cuatro amarillas y correr el riesgo de ser baja ante los maños. Juric (que le encanta aún más), en el banco, con Latasa. La alineación, por nombre y dibujo, estaba llamada a la gloria o al ridículo. Fue lo segundo, excepto los minutos finales, en una declaración de intenciones y una invitación a los seguidores desplazados de que lo único que iban a sacar del viaje era sol y playa.
La alineación contemplaba a Michelin de lateral derecho, Jaouab en un central, Lachuer en la medular, con Meseguer casi arriba junto a Chuki, el futbolista más en punta. No había un delantero centro puro.
Con orden, lucha y capacidad de sorpresa, ese once con plena presencia del clan francoparlante (elija la acepción que prefiera) hubiese podido sorprender. Pero fueron figuras de futbolín. Todos en el sitio, sin entrar al rival ni casi moverse.
Se vio enseguida con el primer gol. Michelin deshizo un fuera de juego, Ponceau puso la alfombra a Fuster para que centrase y Clerc permitió el remate en el segundo palo de Jesé ante un Aceves que pudo hacer más. El tanto no espoleó a un equipo que no tiene alma ni capacidad competitiva. Las Palmas siguió con su dominio sin forzar, como el que sabe que ya ha capturado a su presa y espera que se canse para llevársela entre los dientes. El Pucela no llegó a tirar entre palos.
La segunda parte comenzó por los mismos designios y Estanis anotó ante la falta de marcaje de Michelin, quien cree que debe tener un rayo láser en los ojos que paraliza al rival, como los marcianos de serie B de los años 50. Alguien debe decirle que no es así, porque la rosca del extremo entró pegada al palo largo.
El partido del Pucela transcurría hacía la nada pese a los intentos de Lachuer y sobre todo de Amath, cuando entró. Y entonces ocurrió algo que todavía cabrea más a la hinchada pucelana. Un centro de Michelín fue cabeceado por Biuk a gol (¡doble milagro!) previo paso por el VAR.
Era el minuto 80 y entonces el Pucela puso las ganas y profesionalidad que no lució antes. Tomeo casi marca el empate. Buena coartada para justificar 80 minutos de horror. Para quien piense que no pueden, es que igual no quieren. O no saben, que es peor. Ahora, a ganar al Zaragoza. Y luego a dormir.
FICHA TÉCNICA
Las Palmas: Horkas; Viti, Barcia, Mármol, Clemente (Herzog, min. 85); Amatucci, Kirian; Fuster (Gil, min. 85), Ale García (Miyashiro, min. 66), Estanis (Bravo, min. 74); y Jesé (Marvin, min. 74).
Real Valladolid: Aceves, Michelin, Tomeo, Jaouab (Martínez, min. 70), Clerc (Hugo San, min. 70); Sanseviero (Amath, min. 65), Lachuer, Ponceau (Alani, min. 74), Biuk; Meseguer (Latasa, min. 65) y Chuki.
Árbitro: González Esteban.
Tarjetas amarillas: Ponceau, Michelin y Barcia.
Goles: 1-0: Jesé (min. 2). 2-0: Estanis (min. 56). 2-1: Biuk (min. 80).
Incidencias: Estadio Gran Canaria. 17.289 espectadores.