REAL VALLADOLID 0; BURGOS 1
El infortunio también se ceba con el Real Valladolid ante el Burgos
Sufre una nueva derrota en el derbi tras desaprovechar dos ocasiones claras y hacer un penalti inocente en el tiempo añadido ante un rival que no inquietó pero muy trabajado y ordenado que volvió a dejar su portería por quinto partido consecutivo a cero

El Burgos celebra el 0-1 tras el penalti convertido por David González en el tiempo añadido.
Sólo el infortunio puede convertir un corazón de roca en un corazón humano. Y el Real Valladolid sigue jugando con fuego para acabar quemándose. Porque era necesario ganar al Burgos y se perdió, se volvió a perder. Quizás en esta ocasión sin merecerlo ante un Burgos ordenado y anclado atrás que encontró petróleo en una jugada aislada en el minuto 86 que acabó en un penalti. Un penalti real por mano inocente de Michelin, pero un penalti a fin de cuentas de broma. Porque el disparo de Mollejo, que salió en la segunda mitad para agitar un avispero inmóvil, no iba a ninguna parte.
El Real Valladolid, como viene haciendo desde hace mucho, mucho tiempo, no es capaz de aprovechar lo poco que genera. Le pasó en Primera y le pasa este año en Segunda en una temporada para olvidar. De poco o más bien de nada parece servir la llegada de Escribá al banquillo porque el mal endémico de no meter lo que hay que meter le lleva a depender, como ocurrió ayer, de lo que haga el rival, mucho o como es el caso poco, muy poco. Porque el Burgos se presentaba en Zorrilla tras cuatro partidos sin encajar gol. El Real Valladolid le regaló (nunca mejor dicho) el quinto partido con su portería a cero.
El planteamiento conocido del conjunto burgalés obligaba a Escribá a sacarse de la chistera un conejo que no tiene. De salida sorprendió con cuatro cambios tras el injustificable ‘gatillazo’ en El Plantío ante el colista Mirandés. La apuesta por su sistema de juego preferido 4-4-2 daba o más bien regalaba una oportunidad a Erlien junto a Latasa. Pero el noruego no está para estos trotes. Frío como su país fue un espectador en el césped ante la nada exigida defensa burgalesa.

Imagen del Real Valladolid-Burgos en Zorrilla.
El Burgos, ordenado, trabajado en defensa y conservador como se preveía, esperó a que la casualidad le regalara un punto que al final fueron tres. Encerrado atrás apenas pasó apuros ante un rival blanquivioleta atemorizado en el que su mejor peón, Chuki, el a día de hoy el más desequilibrante y visto lo visto el único a excepción de ese Latasa que volvió al redil de no saber aprovechar lo que le llegó (y le llegaron), no estaba fino. Prueba de ello es que Escribá le acabó sustituyendo en el tramo final del partido para dar entrada a Ohio y recuperar ‘su’ 4-4-2 inicial mutado por unos instantes (20 minutos) al 4-2-3-1 con la entrada de Alejo por el ‘espectador de hielo’ Erlien.
Porque el error es un arma que acaba siempre por dispararse contra el que la emplea. Y el real Valladolid erró. Lo hizo en su casi única oportunidad de una primera mitad tediosa a la hora del café cuando a los 41 minutos de juego y en su primer disparo a puerta del encuentro Ponceu remató mordido tras un toque de Latasa que acabó mansamente en las manos del cancerbero cantero que despejaba a corner. Era un n1-0 de libro. Solo ante el portero. Pero Ponceu no fue capaz de perfilarse bien para desaprovechar una ocasión de oro.

Imagen del Real Valladolid-Burgos en Zorrilla.
La poca pólvora y disposición del Real Valladolid en una primera mitad totalmente plana obligaba a que Escribá moviera el banquillo. Pero el técnico blanquivioleta regaló 15 minutos para nada a Erlien en un más de lo mismo.
El Real Valladolid se salvó por centímetros en los inicios de la segunda mitad en un gol anulado por fuera de juego de Curro. Alivio porque el Burgos, con poco, muy poco, daba su penúltimo aviso.
La entrada de Alejo por Erlien y el regreso al 4-2-3-1 coincidió con los mejores minutos de un Real Valladolid que embotelló al Burgos en su área gozando de hasta tres ocasiones de gol de forma consecutiva, dos de ellas de disparos desde fuera del área de Tenés y Ponceu y una, la más clara del partido a cargo de Latasa tras un preciso centro de un valiente Clerc que acabó con un cabezazo blando picado de Latasa cuando tenía todo a favor.
La esperada entrada al campo de Ohio a poco menos de diez minutos para el final por el desdibujado Chuki era, quizás ya tarde. Porque siete minutos después llegó la jugada de infortunio y estupidez que acabó condenando al Real Valladolid con otra derrota que le sigue dejando al borde de la hoguera y convirtiendo el partido del martes ante el Cádiz en otra final, la enésima.