Diario de Valladolid

El Pucela congela a su afición

Desastroso partido de los blanquivioleta, que vuelven a tirar por tierra la esperanza abierta en Ceuta y pierden su quinto partido en Zorrilla, donde sólo han  ganado tres / Pésimo planteamiento de Tevenet, al nivel del juego del equipo, que acabó con Alejo expulsado

Alejo protesta al árbitro tras su expulsión.

Alejo protesta al árbitro tras su expulsión.LALIGA

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Las previsiones meteorológicas daban temperaturas bajo cero y nieve para el Real Valladolid-Albacete. No sucedieron ninguna de las dos circunstancias, pero ya se encargó el Real Valladolid de congelar a su afición. El abominable hombre de las nieves apareció con rayas violetas en su fondo blanco para hacerla cubitos. La dejó tiesa e inmóvil. Dicen que la muerte por congelación es la más dulce: te duermes y ya no despiertas. El Yeti blanquivioleta asustó a su parroquia con un juego infame y, lo que es peor, le arrebató por enésima vez la esperanza de creer, de crecer, de soñar.

Las cifras en Zorrilla son latigazos en la piel del aficionado: cinco derrotas, cuatro empates y tres victorias. Sólo tres triunfos en doce partidos. Difícil caer más bajo después de la última y patética temporada en Primera División.

El Pucela ha hecho de la sinusoide y la intermitencia una forma de vida. Una de cal y cuatro de arena. La victoria de Ceuta debía marcar un nuevo camino pero fue una bandera más en ese eslalon hacia la nada. La meta de este equipo envuelto en la mediocridad parece ser simplemente existir. No construir, ni mejorar, ni mucho menos buscar la excelencia. Simplemente se dedica a sobrevivir. Parece elegir los partidos en los que competir. Suelen ser aquellos a los que llega con el agua al cuello. Sigue la ley de mínimos que cumple a rajatabla todo conformista.

Enseguida de vio que el Pucela, con el mismo once de Ceuta, no entró a gusto al campo. El entramado de defensa de cinco, con laterales adelantados y un mediocampo poblado de Alberto González se le atragantaba y no podía salir de él. No había ideas en el campo y tampoco en el banquillo, con unos jugadores hieráticos y un técnico que no ponía soluciones a un equipo que ni ejercía la presión alta vista en el Murube, ni sabía jugar sin balón para buscar desmarques o al menos ofrecerse. Los jugadores parecían figuritas de un belén que alguien había olvidado recoger.

Ninguna línea funcionaba. El ataque se perdía, el centro del campo no existía y hasta la defensa estaba fallona y mal colocada, con Guilherme en perfil bajo.

El Albacete ocupaba mucho mejor los espacios, estaba mejor asentado y tenía un guión que seguir. No improvisaba, como su rival. Se vio con los primeros acercamientos. Los manchegos eran contundentes; los locales, volátiles.

Canós avisó con un centro-chut y Latasa falló su enésimo tiro en boca de gol. Pero trabaja mucho y defiende bien que, como todo el mundo sabe, es lo que se espera de un delantero.

El Albacete fue más certero, pero no del todo. Aguado cabeceó al poste tras un córner y el balón se paseó lento por la línea de meta. Después Guilherme hizo un paradón, enmendando su fallo al poner en juego el balón. Los visitantes pidieron penalti por mano de Juric en un tiro. Y pudo ser.

La gran ocasión pucelana pudo llegar al filo del descanso, cuando Latasa recibió una patada en el área si mediar balón. El VAR mandó a Sánchez López a la pantalla, pero por una vez desobedeció al gran hermano de Las Rozas. Le tuvo que tocar al Pucela. El colegiado, tan malo o más que el partido, señaló una falta previa de Latasa por ponerle la mano delante de la cara a su marcador. Esto es el neofútbol. Bienvenidos.

El Real Valladolid salió con más fuerza en la segunda parte, lo que era muy simple, pero seguía sin elaborar juego ni ver puerta. El Albacete le fue metiendo atrás de forma paulatina, como se cerca en la esquina del ring al boxeador rival cuando se ve factible el KO. Los visitantes eran cada vez más rápidos y combinativos, y estaban mejor colocados.

González le comía la merienda a Tevenet, que acabó por entregársela y ponerle otra ronda con unos cambios que acabaron por descoser un equipo que no tiró entre palos. Sólo Marcos André y Biuk dispararon, y sin puntería.

Ninguno de ellos aportó más. Ni Lachuer y Garri, que salió de nuevo de extremo, pero derecho. El problema es que en Ceuta lo hizo en la zurda, la suya, y se trataba de contener, no de atacar. Tevenet pudo ponerlo por la izquierda y Biuk por la derecha, pero no. O al menos colocar al iscariense de lateral y a Alejo en su posición natural de extremo, pero tampoco.

Y así Alejo se autoexpulsó con dos amarillas en cuatro minutos, aunque la segunda fue injusta, y más con una amonestación previa.

Dos minutos después llegó el gol. Puertas aprovechó un balón tocado de cabeza por Aguado para cruzarlo sólo en el área a la red. Se veía venir. De haber llegado otro tanto hubiese sido el 0-2, porque el Pucela acabó el encuentro encajonado y con Erlien sin jugar por segundo partido consecutivo. Como Ponceau.

Pero ahora se venderá la ilusión por Ohio, Sanseviero y Clerc. Si es que no acaban también en el congelador, entre los filetes y las gambas.

FICHA TÉCNICA

Real Valladolid: Guilherme; Alejo, Martínez, Torres, Hugo San; Meseguer (Lachuer, min. 57), Juric (Maroto, min. 77); Federico (Garri, min. 71), Chuki, Canós (Biuk, min. 57); y Latasa (Marcos André, min. 71).

Albacete: Mariño; Moreno, Pepe Sánchez (Villar, min. 88), Neva; Aguado (Gámez, min. 88), Meléndez, Pacheco, Jonathan; Medina (Lazo, min. 77); (Obeng (Jefté, min. 66) y Valverde (Puertas, min. 77).

Árbitro: Sánchez López.

Tarjetas amarillas: Martínez, Moreno, Jonathan, Alejo (2) y Hugo San.

Tarjetas rojas: Alejo (min. 83).

Goles: 0-1: Puertas (min. 85).

Incidencias: Estadio Zorrilla. 13.437 espectadores. 

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