ANÁLISIS
El Real Valladolid, anclado a la hoja de Excel de Almada
Casualidad o no y con un fútbol gris, el técnico uruguayo ha repetido el mismo once en las cuatro jornadas con cambios programados tardíos y siempre con los mismos damnificados

Once del real Valladolid en el Ibercaja Estadio repetido por cuarta ocasión esta temporada.
En el fútbol actual la palabra ‘rotaciones’ se ha convertido en casi una necesidad y vía de escape y parece de obligado cumplimiento. Sin embargo aunque posiblemente marcado por las circunstancias de fichajes aún sin estar en forma, el Real Valladolid es una excepción. El equipo de Guillermo Almada posiblemente sea el único de todo el fútbol mundial que ha repetido la misma alineación en las cuatro primeras jornadas.
El técnico uruguayo, fiel a su filosofía y a un método no acostumbrado en Valladolid (Pezzolano representaba el otro extremo de la improvisación y el juego de adivinar quién iba a jugar) parece seguir un guión fijo, una especie de Excel en el que tiene todo ya predeterminado independientemente del resultado, del rival o de un juego que caprichosamente brilla por su ausencia con muchas, demasiadas fisuras que sin embargo no le han castigado con la derrota aún (dos victorias y los últimos empates).
Desde su primer amistoso al frente del Pucela, el uruguayo dejó claro con que futbolistas contaba y cuál era su once inicial, algo inamovible en los siguientes encuentros. Los mismos once, semana tras semana como si de un ritual se tratase: Guilherme; Alejo, Tomeo, Torres, Guille Bueno; Juric, Meseguer; Amath, Chuki, Biuk y Juanmi Latasa.
Las mismas once piezas en un tablero de ajedrez ya predefinido desde la jornada uno y que solo tiene variaciones en el tramo final de los encuentros (también tirando de su excel) salvo imprevisto obligado como la lesión de Latasa que sirvió para dar la alternativa a Jorge Delgado.
Real Valladolid
El récord de imbatibilidad de Guilherme se queda en 331 minutos sin encajar
Adrián Gómez
¿ Y la carga de minutos? ¿Y la confianza del resto de la plantilla? Preguntas obviadas por un técnico al que le respalda, no el fútbol, todavía escaso, y sí el número de puntos conseguidos en este arranque (8 de 12 puntos), con un equipo que no ha perdido y solo ha encajado un gol.
Pero la casi obsesiva misma alineación de Almada en este arranque de claros y oscuros no solo llama la atención sino también los cambios introducidos a lo largo de los partidos. Siempre más allá del minuto 70 de partido, cuando a veces ya es demasiado tarde. Esto puede significar o poca confianza en sus actuales recursos suplentes o excesiva en los que están sobre el campo. Sea como fuere, la alarma de Almada no suena hasta pasado ese minuto, o más bien su hoja de excel marca esas pautas.
Parece que las modificaciones que realiza están predefinidas con anterioridad, como así lo reflejan los cuatro partidos jugados. Ante el Ceuta sacó al campo desde el banquillo a Marcos André y Nikitscher (en el minuto 76 por Biuk y Meseguer), a Trilli y Xavi Moreno (en el 81 por Alejo y Chuki), y a Garriel (en el 97 por Guille Bueno). Atendiendo a sustituidos y sustitutos la dinámica es la misma… en Castellón volvieron a saltar Trilli, Xavi Moreno y Garriel, pero al no tener a Nikitscher ni a Marcos dio entrada a Maroto y Alani. Los que salieron del campo fueron los mismos de nuevo, Alejo, Meseguer, Chuki, Biuk y en esta ocasión Amath en vez de Guille Bueno.

Un lance del partido en el estadio modular Ibercaja entre el Zaragoza y el Real Valladolid
Esta tónica prosigue durante las jornadas tres y cuatro. Ingresan al campo Trilli, Alani, Garriel y Xavi Moreno y los sustituidos vuelven a ser Alejo, Meseguer, Amath, Guille Bueno y Stipe Biuk, aunque da la alternativa a Ponceau. En Zaragoza, a excepción del debut de Jorge Delgado por la lesión de Latasa, vuelven a salir Trilli, Garriel, Ponceau y Xavi Moreno por Alejo, Bueno, Amath y Chuki. Posición por posición y mismas piezas para entrar y salir al campo, lo que se traduce en una cuadrícula de Excel seguida a pies juntillas y pocas variantes en el sistema y en el juego más allá de la frescura.
Tras el empate en Zaragoza, que dejó un sabor más amargo que dulce por el pobre fútbol ofrecido, abre la puerta de forma casi obligada a los nuevos, a los recién incorporados en el cierre de mercado. Es lo lógico aunque... con Almada nunca se sabe.