El globo se desinfla
Un Carramimbre errático y cansino sucumbe ante Melilla y vuelve a entrar en otra racha de malos resultados calcada a la primera vuelta

Mike Torres penetra de forma acrobática entre Zyle y Agada.-J. M. LOSTAU
El Carramimbre vuelve a meterse en problemas como le ocurrió casualmente en la primera vuelta. La tercera derrota consecutiva de los vallisoletanos, segunda como local, no hace sino confirmar las malas sensaciones que transmite un globo que ha vuelto a desinflarse en los momentos de la verdad. Ayer, el Melilla, rival directo en la lucha por acceder a los codiciados playoffs, mandó de principio a fin y su superioridad fue clara y manifiesta a pesar de los guarismos que muestran el marcador final (70-76). Aunque el electrónico solo refleja seis puntos de diferencia hubo realmente un abismo entre ambos equipos en un partido feo, bronco y escopetas de feria.
El equipo de Paco García no sabe jugar ni moverse en el fango como demostró en el partido de ayer. El mal, más bien el pésimo momento de juego de varios de sus jugadores no hace sino condicionar el rendimiento de un equipo que juega a golpe de espasmos. Ayer fue la prueba. El lastre ocasionado por Óscar Alvarado, que parece disponer de la ‘bula papal’ con nada menos que 28 minutos de juego para marear la perdiz y asumir cuando no debe de asumir; la extraña desconexión de Gantt, una caricatura; la falta de sangre de Novas y un Kazadi hechizado como en el cuento de La Bella Durmiente; o el matrimonio roto (ni siquiera se hablan) entre el entrenador Paco García y el americano Hayes dejan al equipo en manos de la mera improvisación de Torres o el corazón de Sergio de la Fuente, armas insuficientes.
Si a esto unimos que hubo un desquiciamiento general, motivado en buena parte por la falta de ideas claras en ataque, provocado por los colegiados, con un rasero cuanto menos desconcertante, se puede entender que el Carramimbre Ciudad de Valladolid ayer aburriera a las ovejas.
Nunca hubo partido pese al intento baldío de los vallisoletanos. Tres el efímero 6-2 inicial tras triple de Novas con un quinteto extraño e inédito en el que Paco García intentó transmitir confianza alineando también de salida a Alvarado y Astilleros, Melilla pronto recuperó el mando. Y lo hizo cargando el rebote de ataque y sacando, como siempre, ventajas y ‘extra pass’ en una defensa vallisoletana cogida ente alfileres. Fueron sus escopetas de feria las que realmente otorgaron vida al moribundo Carramimbre. Lo lógico hubiera sido que abriera una brecha en el marcador que tuvo que esperar casi dos cuartos cuando Melilla se fue diez arriba al descanso (27-37). Hacía falta una respuesta que nunca llegaría desde un banquillo también esta vez plano. A Melilla, con su ‘zonita’ y con los cambios en los bloqueos, le bastó para ahondar en la llaga y abrir otra vez la caja de las dudas en el Carramimbre.
MENSAJE LAPIDARIO «Somos lo que somos y no hay para más»
¿Dónde está la chispa y la efervescencia de Paco García? ¿Alguien se la ha quitado o la ha perdido él mismo al verse traicionado o al ver fantasmas? Lo cierto es que el entrenador del Carramimbre, posiblemente impotente y contrariado, volvió a demostrar su descontento agachando la cabeza. «Somos lo que somos y no hay para más». Un mensaje que suena a lapidario y que tuvo continuidad. «Probablemente haya sido el último día que aprieto las tuercas en el descanso porque ya no tengo jugadores a los que exprimir más. Y lo malo es que encima nos quedan casi 7.000 kilómetros en desplazamientos con unas palizas de autobús cojonudas. ¿Desidia en los jugadores?Yo no veo desidia. ¿Hayes? Nadie puede decir que no cuento con él. Pero un tío de 2,13 que se vaya con 0 rebotes y no defienda no compensa sus 8 puntos».