Diario de Valladolid
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Redacción de Valladolid
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Hay detalles que definen no ya un partido, sino un estado de ánimo. Minuto 88. 0-0 en Zorrilla ante el penúltimo tras 22 jornadas, se llame como se llame y tenga la pasta que tenga. El penúltimo. Sergio manda salir a Borja para incrustarse en medio de una defensa de cinco. No de laterales-adelantados-como-puñales-incrustados-en-el-ataque. No. De cinco. Atrás.

Cómo lo verá Sergio para agarrarse al clavo ardiendo del punto seguro antes que lanzarse a la aventura controlada de cazar los otros dos. En Zorrilla, donde ver ganar es casi como ver nevar y se necesita el maná de las victorias para sobrevivir. Antes lo hubiese hecho. No hay que remontarse a principios de Liga, sino a hace un mes. Hubiese ido hasta el final a por el partido.

El Real Valladolid está averiado. Tras la debacle de Huesca llega la confirmación. Salió con ganas pero no con rabia incontenible por lo de El Alcoraz. No cabe sublimar al Villarreal por su nombre, ya que atrás es una verbena y delante el cuesta dios y ayuda enhebrar jugadas de peligro. Por algo es vicecolista. Y ante un rival de evidente calidad individual pero generador de excesivos espacios, el Pucela imitó lo segundo sin tener lo primero. Fue un partido demasiado abierto en la primera parte, y malo y áspero en la segunda.

¿Se puede jugar de otra forma a los amarillos? Le remito al partido del inicio de la primera vuelta. Entonces, el Real Valladolid era un acordeón. Las líneas jugaban juntas, las basculaciones eran casi perfectas. Siempre había uno o dos jugadores desmarcados para recibir un pase. Siempre había dos o tres futbolistas listos para presionar y robar.

Hoy esto está en el cajón, si no ha pasado a la historia. El Real Valladolid juega por encima de sus posibilidades, como si fuese más de lo que es. Ni espera junto y agazapado para salir con suma rapidez a la contra, ni presiona arriba lo suficiente la salida del balón del contrario para robar rápido. Ha entrado en ese juego de toma y daca donde, por sus evidentes limitaciones individuales, tiene las de perder.

Hace unos meses era impensable que un simple balón en diagonal permita el remate claro de un extremo o un interior. Porque ni se dejaba centrar con tiempo y espacios suficientes desde la zona de tres cuartos rival, ni nadie entraba por los pasillos como si fuese un supermercado.

El acordeón blanquivioleta ya no suena bien y la parte del fuelle que se ha quebrado es la medular. El bajo estado de forma de Míchel persiste y obliga a Alcaraz a trabajar mucho defensivamente, lo que le impide llegar arriba con claridad. Al no haber balance, se genera poco juego ofensivo. Guardiola parece más pequeño a medida que acumula minutos.

La defensa sigue sin recuperar su capacidad de anticipación. El 0-0 no debe presuponer que no cometiese errores. Lo que pasó es que atrás estaba Masip. Moyano fue constantemente superado por su banda y eso rompió a la zaga, que esta vez al menos no se descosió por los centrales. Tras diez partidos por fin el equipo no encajó gol.

Al Real Valladolid le urge recuperar su estilo de juego, acorde con su capacidad, menos vistoso, más físico pero no por ello más ramplón. Y Sergio tiene ante sí el reto de colocar a los jugadores más en forma para llevarlo a cabo, aunque no sean pesos pesados. Si el futuro del equipo es el balones a Verde en los últimos diez minutos y sacar a Borja de quinto defensa a falta de cinco minutos y empatando en casa ante el penúltimo, es para ir comprando una caja de tila.

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