Diario de Valladolid

REAL VALLADOLID-NUMANCIA (ANÁLISIS)

Oda a la autodestrucción

El Real Valladolid entra en pánico tras el 2-1 y la expulsión de Olivas, regalando el triunfo al Numancia / Buena primera parte pucelana

El central blanquivioleta Kiko Olivas se retira al vestuario tras su estúpida expulsión.-J.M. LOSTAU

El central blanquivioleta Kiko Olivas se retira al vestuario tras su estúpida expulsión.-J.M. LOSTAU

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Arturo Alvarado
Valladolid

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De todos los tipos de asesinato existentes, hay uno en el que no hay más culpables que el muerto. Se trata del suicidio. Una suerte que el Real Valladolid recreó ayer a las mil maravillas y con un suspense digno de una gran película. Nada mejor que ponerse 2-0 para hacer pensar al público que era él quien iba a salir con vida.

Las dos partes fueron diametralmente opuestas. Más allá incluso de la frase hecha. Fue un ejemplo para estudiar en los cursos de entrenador. Cómo un equipo que puede golear perdona la paliza y cae derrotado, vícitima de sus errores y no del buen juego rival.

El comienzo pucelano fue pletórico. El equipo se sintió divinamente con la nueva formación 4-3-3. El centro del campo estaba más poblado, Guitián ayudaba a la defensa, siendo el mediocentro que se incrustaba entre los centrales en la salida del balón. Anuar trabajaba por todo el campo, como es habitual en él, colaborando mucho atrás. Cotán fue menos visible pero en estos inicios merodeó el área.

Arriba, Mata encontraba un excelente apoyo en Salvador, que sirvió excelentes pases en profundidad. Toni dio una peor versión a causa de sus problemas para irse en el uno contra uno.

Los dos goles de Mata, la doble ocasión perdida de Cotán y Toni, y otra en la que el pichichi estorbó a Anuar, que iba de cara para marcar, hacían presagiar la paliza. Porque el Numancia apenas compareció. Su defensa por acumulación, en una interminable línea de hasta seis jugadores en repliegue, fue maná para los pucelanos.

Tras el descanso se esperaba un partido cómodo con victoria clara. Nadie intuyó la debacle. La falta de ayudas en defensa propició que el error de Nacho ante su tocayo fuese fatal. Llegó la estúpida (por su parte) expulsión de Olivas y el Pucela entró en pánico. Quedaba casi media hora de juego y el miedo se olía tanto como la falta de recursos para sacar al equipo de la cueva.

Con Mata delante, Luis César plantó dos líneas de cuatro aculadas en su portería, sin movimiento interior ni entre ellas. Una clara invitación al suicidio para un conjunto que no sabe defender. Afloraron los errores y dos córners mal defendidos escribieron el desastre final, con jugadores fuera de sitio y sin nadie que los ordenase dentro o fuera del campo.

En el último gol, hasta cinco defensas observaron tirar a Guillermo sin que ninguno interviniese. Lo mismo que en Cádiz con Álex Fernández. El Pucela sólo se acercó en esta mitad con un tiro de Mata, mientras que los sorianos perdonaron el 2-4. No era cosa de ser desagradecidos cuando les regalaron tres puntos.

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