SPORTING-REAL VALLADOLID (CRÓNICA)
Escaso premio en El Molinón
El Valladolid domina durante casi todo el partido al Sporting pero sólo se trae un punto (1-1) / Mariño salva en la línea de gol dos goles de Borja

Iban Salvador se queja de un manotazo en el partido frente al Sporting disputado anoche en El Molinón.-LOF
El fútbol fue injusto con el Valladolid en El Molinón. El empate (1-1) sabe a poco a los hombres de Luis César. Se recuperaron del temprano gol del Sporting, llevaron la iniciativa, encerraron al conjunto asturiano, empataron en el minuto 75 tras un asedio constante a la portería defendida por Mariño y fue precisamente el portero quien salvó a su equipo de la derrota al sacar en la línea de gol dos balones que se colaban tras sendos cabezazos de Borja y otro remate envenenado de Míchel junto a la cepa del poste que el meta desvió a córner.
Pero el Valladolid también se pudo volver de vacío de Gijón. Cuando perdía, Masip desvió dos remates de Scepovic y Santos que podrían haber puesto el partido cuesta arriba. El Valladolid mostró en El Molinón su cara más alegre pero también la más amarga. Elabora muy bien el fútbol, cuenta con jugadores que tocan el balón con una precisión extraordinaria y no se arruga ante ninguna adversidad; el problema es que en labores de contención falla más que una escopeta de feria. En una de las numerosas imprecisiones que cometió en su trabajo defensivo, Scepovic rompió el empate inicial. Un grave desajuste facilitó el primer ataque del Sporting, la asistencia cómoda de Calavera y el cabezazo de Scepovic. La jugada nació en un centro desde la línea de medios del Valladolid que sorprendió a los hombres de Luis César. Nacho, una de las novedades en el once inicial, estaba situado como central izquierdo y había dejado vacío el lateral, lo que facilitó el ataque local.
Son las dos caras del Valladolid, elegante en su fútbol de toque pero dubitativo y nervioso atrás. Y los regalos con los que obsequió anoche al Sporting en El Molinón no se debieron a la presión de los hombres de Paco Herrera. Ni mucho menos. El balón que le saca Masip aScepovic en el minuto 62 nace tras un fallo de Nacho y el remate inocente de Santos en el 73 se produce tras un despiste de Deivid.
La revolución de Luis César surtió efecto pero sólo a medias. El trabajo defensivo fue tan precario como siempre. El Valladolid es el segundo equipo más goleado de la categoría y la entrada de Deivid y Nacho en los puestos que la jornada pasada ocuparon Calero y Ángel tuvo un resultado decepcionante. El Sporting tardó cuatro minutos en marcar y después desaprovechó dos buenas ocasiones en cada tiempo para haber sentenciado. Diferente fue la presencia de Borja en el centro del campo en sustitución de Anuar. Fue precisamente en la zona ancha donde el Valladolid le ganó la batalla al Sporting y le obligó a dar varios pasos atrás cuando mandaba en el marcador. El cuarto cambio en el equipo titular fue el de Hervías por Óscar Plano.
El Valladolid, que en el primer tiempo había abusado de los centros al área, cambió el guión cuando Míchel entró en el campo. Es cierto que el gol del empate nace tras una jugada a balón parado -una vez más- pero a raíz de ese instante el Valladolid decidió al fin elaborar un poco más el juego. En una de sus numerosas llegadas al área, Míchel lanzó con precisión junto al poste izquierdo pero Mariño voló y evitó el 1-2. El portero acabó desquiciando a los jugadores del Valladolid y en particular a Borja tras desviar en las dos mejores acciones de la noche dos cabezazos que podían haber dado el triunfo a los hombres de Luis César.
El gol de Luismi en el minuto 75 tras cabecear un córner dio un vuelco al partido. El Sporting, que se había atrincherado atrás desde que se vio por delante en el marcador, se lanzó al ataque pero se topó con un férreo Valladolid que buscaba el balón con rabia y ambición en busca del segundo gol. El balón parecía quemar a los jugadores del Sporting, y sin embargo, se movía a un ritmo espectacular cuando eran los jugadores del Valladolid quienes lo tocaban. Luis César buscó más velocidad con la entrada de Mayoral -anoche debutó en Liga con el Pucela- pero las fuerzas ya estaban al límite en ese momento.