Futbolista pese a muchos

Anuar culmina sus diez años en la cantera con su primera y destacada titularidad en Liga / Muy pocos confiaron en él

Anuar levanta el pulgar antes del entrenamiento de ayer del Real Valladolid.-PABLO REQUEJO

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Arturo Alvarado
Valladolid

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Una de las novatadas durante la concentración de pretemporada, destinada a los canteranos que se incorporan por primera vez al conjunto profesional, consiste en hacerles cantar de pie y ante el resto de la plantilla el himno del club.

Cuando hace dos años le tocó el turno al grupo del Promesas en el que se hallaba Anuar, algunos no se sabían la letra. A otros les entraba la risa. Él recitó en alto el himno entero sin un solo fallo y con la mano en el corazón. Pero lo acabó con problemas. De la emoción, se le saltaron las lágrimas.

Ése es Anuar.

Es el canterano que estrenó titularidad en Liga el jueves, siendo de lo más destacado del partido. El que llevaba diez años soñando con ese momento. El futbolista de la base que más bofetadas se ha llevado en su camino hacia la cúspide. Y el que más veces se ha levantado. No le bastaba con hacerlo bien. Ni muy bien. El mismo club que colocó alfombra roja a jugadores como Barmettler o Razak, carne de Regional Preferente, negaba el visado a este ceutí de 22 años que llegó con 13 a los Anexos. Su casa física y espiritual en la última década.

«Son diez años los que llevo en el Real Valladolid. Siempre he ido escalando, escalando. Mi sueño desde que vine era llegar al primer equipo y asentarme. Todavía no lo estoy, pero me ha costado lo mío hacerme con un pequeño hueco en el primer equipo», reconoce.

Anuar no esconde que lo ha pasado mal. Y más estando su familia en otro continente. El teléfono ha servido para sentir su proximidad, y más con un padre vinculado al fútbol, como entrenador de base. Nada de lo que le ha ocurrido le ha pillado de nuevas. «He tenido momentos muy duros pero es verdad que nunca me he rendido. Siempre he creído en mí mismo, pienso que tengo cualidades y que puedo aportar muchas cosas».

Su cambio de rol ha sido radical. De no ir convocado ha pasado ser titular. Es cierto que se ha debido a la sanción a Luismi y que puede ser coyuntural, pero también lo es que ha pasado por encima de jugadores como Marcos, Sulayman o Guitián en la lucha por el puesto.

«Al principio sentía que las cosas estaban difíciles, pero con trabajo y entrenando, al final uno demuestra a los de su alrededor que vale. Esta semana he conseguido mi primera titularidad y espero que vengan muchas más».

¿Nunca estuvo tentado de tirar la toalla? Pausa. «Hay veces que piensas y te dices que tal vez tu sitio no esté aquí. Cuando uno no llega, y no llega, y no llega, se come un poco la cabeza y tiene miedo. Pero el camino se ha ido iluminando. Tengo plena confianza en mí mismo y en que quiero estar en el Real Valladolid. Era el único sitio en el que quería estar y por suerte aquí estoy. Soy muy feliz en el vestuario y me llevo bien con todos mis compañeros».

La conclusión de la pretemporada fue un momento duro para este especialista en autoconfianza y supervivencia. No había destacado en los amistosos y el club le propuso jugar con el filial, cuando no lo hiciese con el primer equipo. Pero él se negó. No sólo porque su nuevo contrato, firmado en febrero, le facultaba a ello. Estaba seguro de que llegaría su oportunidad. Por eso no temía la inactividad.

«Lo peor de este verano fue el final. Los últimos días de mercado en los que no sabes si estás arriba o abajo. Son días complicados pero estoy muy agradecido al cuerpo técnico y a la gente de las oficinas. Siempre me dijeron que contaban conmigo».

El jueves todo cambió. «Estoy muy contento por debutar como titular en la Liga. El primer equipo del Valladolid siempre fue un sueño. Conseguí dar ese paso y encima ganando 4-0. Fue un día muy especial para mí».

¿Se encontró nervioso sobre el campo? «Sabía que era un día muy importante para mí. Había jugado en Copa (también destacó ante Huesca y Cultural) pero la Liga es lo que cuenta de verdad y quería hacerlo bien, sí o sí. Al principio estaba un poco nervioso pero ya desde antes estaba convencido de que iba a dar todo. Confío en mí mismo y sé que puedo hacerlo bien».

Tras el encuentro hubo oportunidad para el elogio. «El míster nos felicitó a todos. Luego se acercó a mí y me dijo que lo había hecho bien. Y muchos compañeros me dijeron lo mismo en el campo, tras el pitido final».

Su optimismo congénito no le empuja a verse también titular en Almería. «El entrenador a veces hace cambios, según lo que necesita, dependiendo de los rivales. Si entro en su idea, ¿por qué no?».

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Lo más lacerante del caso Anuar es que, siempre que le han dado la oportunidad, ha respondido. Pero ni eso le ha valido para contar con la misma consideración de compañeros de más cortos méritos. «Cada vez que salgo al campo intento que al final el entrenador, la afición y yo mismo estemos orgullosos de que al menos el trabajo esté hecho».