Fútbol: Real Valladolid (análisis y opinión)

Media Liga y aún en pruebas

El cambio al 4-3-3 fue un fiasco / Mojica y Alfaro rescataron de la mediocridad al equipo

Kepa bloca el balón con Brandon desmarcado en el segundo palo y Hermoso observando la acción.-Photo-deporte

Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Todos los equipos tienen partidos mejores y peores. Nadie es lineal en su rendimiento. Esto es deporte y por eso hay quinielas. Pero cada equipo cuenta con unos trazos maestros, al menos un bosquejo de su personalidad. Un plano de continuidad sobre el que levantarse.

El Real Valladolid, no. Se ha fumado la primera vuelta viviendo a salto de mata. No sabe si dominar o dejarse, cuando el rival muerde. No sabe si jugar por dentro, por las bandas o alternar. Quiere jugar el balón desde atrás pero no puede. A veces, ni sabe. Y ahí está. En medio de la nada. Con una victoria que afortunadamente computa para la clasificación, pero a la que no se puede sacar ni una gota más de significado. Porque el fútbol de los pucelanos volvió a ser patético.

Las variaciones de sistema no sólo son enriquecedoras, sino necesarias, cuando el equipo en cuestión cuenta con un perfil competitivo definido, una idea de juego sólida y unos automatismos a los que el cambio táctico no supone más que pasar de una marcha a otra en la bicicleta.

Pero el Pucela está aún con hilvanes. No acaba de alear. Media Liga y sigue sin personalidad y sin saber quiénes son los mejores para cada puesto. Ayer el 4-3-3 lo mató. Lo que debió ser una solución estratégica se convirtió en harakiri. Rubio perdió referencias y conexión con el ataque al no recibir ayuda en labores defensivas. Timor nunca entendió lo que se esperaba de él. Y Tiba ya cansa como rey de las oportunidades perdidas. Llegó de estrella pero aquí es un agujero negro.

SóloPortugal sabe por qué recetó banquillo a Leão. Si no es por cuestiones físicas, sino porque cree que lo merece tras los últimos partidos, hay siete u ocho por delante.

La rotura de la medular la pagó el resto. La defensa vio cómo los atacantes llegaban sueltos, sobre todo por las bandas, permitiendo sin rubor las segundas jugadas. En ataque, Rodri estaba huérfano de balones, mientras que Villar y Del Moral fueron invisibles. La ubicación de éste como extremo fue regalar balas al rival.

Portugal, casi a la hora de juego, fue consciente del desaguisado. Introdujo a Mojica en ese extremo, retiró a Tiba y pasó al 4-2-3-1 con Del Moral en mediapunta y el colombiano dando por fin velocidad a la banda. El Valladolid no remataba pero al menos dejó de deambular sobre el césped. La entrada de Alfaro (otro decapitado sin motivo) mejoró el ataque. El equipo se hizo con el balón. Mal, pero sabía a qué jugaba.

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El centro de Mojica y Villar, con el único tiro a puerta, otorgaron un triunfo tan real como inmerecido. Algo así como dar julepe a todos... y sin triunfos. Si pasa, es una vez al año.