Diario de Valladolid
Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Bobby Jones, uno de los mejores golfistas de todos los tiempos, acuñó una frase colosal, extrapolable a cualquier otro deporte: «El golf de alta competición se juega principalmente en un campo de cinco pulgadas y media: el espacio que hay entre tus orejas».

Jones, elegante en el pateo como muy pocos en la historia, según los expertos, nunca quiso abandonar el amateurismo. Nació en los albores del siglo XX y la mentalidad y el dinero que movían los torneos eran otros. Pero fue perfectamente consciente de que el cerebro es la parcela en la que juega el deportista, siendo de los primeros en verbalizarlo.

Real Valladolid y Albacete no jugaron en su cabeza, sino en el vasto, a veces infinito, césped del Carlos Belmonte. A ninguno se le puede negar la voluntad, pero sí el acierto y el orden. Ganó el que jugó más rápido y el único que embocó, pese a anularle el árbitro un gol legal por cualquier ángulo con el que se revise. Pero seguimos esperando al Real Valladolid de La Romareda. Un partido que lleva camino de convertirse en el Shangri La pucelano, con una escuadra poderosa que marcaba y mataba el partido.

Ayer no se vio eso, sino dudas y más dudas, con el equipo aculado al final. ¿La causa? Poliédrica, pero la principal se llama puntería. El Valladolid gozó de oportunidades suficientes como para repetir o ampliar los cuatro goles de la pasada temporada. Pero se quedó en uno. Y el posible paseo militar, en el que la falta de presión saca lo mejor de cada futbolista, se convirtió en dudas, nervios, tarjetas y casi llanto y crujir de dientes. Pero un Albacete flojo, flojo, evitó la visión infernal.

Capítulo aparte merece la elección de jugadores. Mejor explicarlo tras una victoria para evitar cualquier visión de devaneo resultadista. Portugal es entrenador y merece respeto. Sabe más y tiene más datos que el resto. Pero desde fuera a veces da la impresión de que hace la alineación con el bombo del bingo casero. Ése al que Rubi fundió la manivela. La zona de centrales es hiperdelicada, pero se cargó a los dos a la vez. Lo de Hermoso no sólo es comprensible, sino indispensable. Pero... ¿Juanpe? ¿Qué ha hecho para salir?

Desde que volvió ha sido el jefe de la línea, ha mandado tirar sin fallo los fueras de juego, ha sido expeditivo y sacado bien jugados los balones. No lo merece. Da la impresión de que el míster usa dos lotes de centrales: el de terciopelo y el de lija. Silva fue el mejor del partido, pero a Samuel, en los minutos relampagueantes del Albacete, le desbordaban como cazas. Creo que colocar a Juanpe y Silva no es como lo de Cheryshev en Cádiz.

Otrosí cabe decir del ataque. Volvió Rodri. Se pegó hasta con el banderín del córner, como es costumbre. El míster destacó su enorme trabajo. Innegable. Y hasta marcó, aunque no valiese el gol. Pero falló mucho. Ayer, con Óscar on fire y marcajes laxos, pudo ser por fin la tarde de Diego Rubio, pero nos quedaremos siempre con la duda. En Albacete se embocó, es cierto. Y era lo más importante. Fundamental, incluso. Pero sigue faltando swing.

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