PATADA VOLADORA
Garitano y Portugal
En el mundo del fútbol, como en el de la bolsa, vales lo que vale tu último resultado. Desde los medios muchas veces somos cómplices de este sentir general de una sociedad cada vez con menos término medio. Lo normal no vende. Las miserias y los éxitos, sí. Y si no lo son, habrá que envolverlos de alguna forma para que lo parezcan.
Observen el titular de arriba. El primer gol del Real Valladolid al Mirandés fue excelso, como servir un lechazo para quien lleva comienzo mendrugos varios meses. Es un hecho, con sus diferentes interpretaciones, ya que no es matemático. Pero se queda ahí. Ya está.
Algunos dirán que comparamos al Pucela con Real Madrid y Barcelona. Estragos de la LOGSE. Otros lo pensarán directamente sin intermediarios. E incluso algunos más exigirán ver algo parecido en los próximos partidos. Como si el pobre pudiese comer carne de calidad suprema cada vez que se sienta a la mesa.
Pero esto no acaba aquí. Hay gente que va más allá y asegura que ya se nota la mano de Portugal. Con un par. No sólo es un insulto a Garitano, sino también a su sucesor. En vez de entrenador, algunos pensarán que es David Copperfield y cuenta con show fijo en Las Vegas.
El mundo de fútbol es mucho más complejo. Los cambios de técnico, pese a lo que se aventa a menudo, no siempre producen un efecto taumatúrgico. Observen si no el morrazo del Almería de Carrillo en Mallorca. Como ese, muchos. Claro que también se da el caso contrario, como el del Betis de Velázquez y Mel. Y algunos equipos hasta hacen la goma, con una euforia inicial tras el relevo que se troca en una amargura en juego y resultados, igual o mayor que al principio.
Por eso es muy difícil saber cuándo hay que despedir a un entrenador. Lo dije en mi primera columna en este rincón, hace más de año y medio, y lo sostengo.
Lo más complicado es observar los indicios que pueden llevar al caos y atajar a tiempo el cortocircuito. Algunos pensarán que el Pucela de Garitano tenía vuelta atrás. Yo opino lo contrario. El equipo se había introducido en un bucle melancólico y nadie encontraba la salida. Ni el míster, ni los jugadores. La fe entre ellos se había quebrado pese a que el respeto mutuo seguía en lo más alto. Ni Garitano encontraba otra respuesta aparte de las que conocía, ni la plantilla se sintió capaz de la autogestión, ya fuese por falta de fuerza o por considerarlo un buen tipo.
El domingo se vio durante un buen rato un conjunto diferente. No por el trabajo de Portugal, que acaba de recoger el paracaídas, sino por un par de pinceladas y por el freno mental que se ha quitado un grupo al que sólo hay que dejar crecer a partir de su esencia, que es el balón, para evitar que sea carne de pescuezo.