Real Valladolid (Crónica)

Flechas de ventosa

El conjunto de Garitano choca de nuevo con su incapacidad para crear ocasiones de gol y cede sus primeros puntos en el José Zorrilla

El debutante Manu del Moral se lamenta de una ocasión fallada, ante el portero Reina.-J. M. Lostau

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Arturo Alvarado
Valladolid

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La flecha. Un invento de la prehistoria. Sus primeras puntas fueron de madera y pedernal. Después llegaron los metales y se modelaron en hierro y bronce, sobre todo, hasta llegar a la actualidad. El aluminio y el acero son ahora los materiales más utilizados. Pero el objetivo en todos los casos ha sido que se claven. Hasta algunas tribus americanas las untan en curare, un veneno letal que penetra en la sangre de la víctima.

Ningún material de esta panoplia satisface al Real Valladolid. Lo suyo es otra modalidad, bien conocida por los más pequeños: la punta de ventosa. Lo más seguro es que no impacte en la diana, pues es más difícil hacer el vacío con una superficie de plástico que clavar una punta. Pero si da de lleno y se queda firme no pasa nada. Nadie queda tocado.

El Real Valladolid cuenta con tantas flechas de ventosa que ya surgen las dudas sobre la calidad del arco. ¿Será que su madera no se comba lo suficiente? ¿O se trata de la cuerda, que no es elástica?

Lo cierto es que ya resulta sospechoso hasta el carcaj. Porque pese a los inesperados cambios de jugadores en el once, síntoma de que el míster no encuentra lo que quiere (evidente y preocupante), los blanquivioleta siguen sin meter miedo a nadie. No atacan más que hasta tres cuartos. Y cuando traspasan lo que parece la frontera de las dos Coreas, es para liarse a ventosazos. Si hay un camino hacia Primera, desde luego que no es el que ha pisado el conjunto de Garitano en estos seis partidos.

El técnico sorprendió al alinear a Rubio en lugar de Leão y, algo menos, al colocar a Óscar en lugar de Tiba, quien le había quitado el puesto en Soria. Toda una declaración de intenciones y de deshacer lo andado. La pareja Leão-Timor, con la que estaba muy contento, se convertía en un triángulo estilo Pimpinela al entrar el riojano por el luso.

Con Rubio y Óscar, la apuesta por mantener el balón estaba clara. ¿Ya no es el pucelano un equipo para jugar a la contra? ¿Es un experimento de un día? ¿O no es aún capaz el técnico de ver qué traje le queda bien a su equipo y le probará toda la tienda?

Lo cierto es que el equipo de control que se presumía, aderezado por las entradas de Guzmán y Juanpe por los sancionados Villar y Samuel, abordó la contienda con mayores bríos que en sus abúlicos y desnortados comienzos anteriores. El Nàstic ayudaba. Equipo alegre y ordenado, se parapetaba en su parcela, como si fuese el Valladolid de jornadas anteriores, esperando la contra.

Los albivioleta tuvieron la bola pero no el criterio. Una colada de Rocha poco después del cuarto de hora recreó el episodio bíblico de Moisés abriendo las aguas del mar Rojo. Los centrales fueron atraídos magnéticamente hacia las bandas, de modo que el cacereño se encontró solo ante Kepa. Como no se debió creer el milagro, chutó mal, lo que no empece la soberbia parada del meta vasco.

Quienes sí creyeron en lo visto fueron los mediocentros, que enseguida se replegaron hacia la zaga. Juanpe tenía más peligro que el faraón.

Y con el equipo sin conexiones entre todos por fibra óptica, llegó el entendimiento a base de cuerdas de esparto tiradas entre dos. Rubio surtía los balones que podía, pero ayer había huelga de desmarques. De apoyo y de ruptura. La bola moría al llegar al borde del área rival ante un grupo de jugadores clavados en el césped.

Mojica intentaba progresar por la banda, pero chocaba con su falta de precisión y su egoísmo. Guzmán tiene su kriptonita en la titularidad. Óscar lo intenta pero parece desquiciado mentalmente esta temporada. Sólo está corporalmente. Y a Rodri se le ve muy poco.

En esta mitad inicial, el mayor peligro lo llevó el central Silva al cabecear una falta. Reina sacó el balón por los pelos. Rodri y Timor inquietaron con dos disparos, pero no asustaron. En defensa, las bandas eran travesías para el Nàstic. Y uno se pregunta no ya cómo Hermoso puede regalar la banda a Jean Luc en tres ocasiones, sino por qué, a sus 20 años, vuelve andando a recuperar el sitio.

Tras el descanso cambió la mitad del libreto. Las ocasiones siguieron cotizando a precio de azafrán, pero la discreta vistosidad dio paso al severo aburrimiento. Las conexiones ya no llegaban ni con cuerdas. Jugadas aisladas con tiros de ¡huy! por parte de Mojica y Óscar prologaron la mejor ocasión pucelana. Rodri se disponía a ejecutar el uno contra uno ante Reina, pero entre que se acomodó el balón y que los rivales corren más que en los dibujos de Oliver y Benji, se lo guindaron.

Para rematar la ceremonia de la confusión, Garitano dispuso a la desesperada un 4-4-2 con los recién ingresados Del Moral, que debutaba, y Diego Rubio en punta. Una formación en la que dijo días antes no creer. Y es lógico, si quienes se colocan en las bandas de ataque son el delantero Rodri y el mediapunta Óscar.

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