Rugby
La revolución ‘kiwi’
Los neozelandeses Alex Woonton y Leigh Thompson llegaron una vez comenzada la campaña para ser determinantes en el Quesos Entrepinares, que el domingo disputa una nueva final
Thompson y Woonton, ayer, antes de comenzar el entrenamiento en Pepe Rojo-JOSE C. CASTILLO
Termina un partido de rugby en Pepe Rojo. En el vestuario del Quesos Entrepinares, como ocurriría en cualquier otro del oval español, los jugadores se quitan unas vendas que caen al suelo, dejan caer las camisetas, se desechan los botes vacíos… Es el caos después de la batalla. De repente, dos jugadores están afanados en que el vestuario quede lo más limpio posible. Son Alex Woonton y Leigh Thompson, los dos fichajes neozelandeses de esta temporada que, poco después de llegar a Valladolid en el mes de noviembre, ya se habían convertido en los jugadores más determinantes del VRAC. Sin embargo, el hecho de ser héroes no les impide ser modestos, cumpliendo la premisa de dejar el vestuario tal y como se lo encuentran, algo propio del rugby neozelandés. Es otra cultura de rugby y de civismo. La misma que, al final del partido, les hace devolver la camiseta del equipo al delegado no de cualquier forma, sino cuidadosamente doblada, como modo de respeto a los colores del club que defienden.
Alex Woonton es el ‘pilier’ que ha ayudado a transformar la melé azulona en la más poderosa del oval español. De carácter callado, destaca por su técnica en la melé, su poderío físico y su ya famoso pase a una mano. «Los horarios son muy distintos. Aquí me despierto muy tarde y me costará acostumbrarme cuando vuelva. Allí me levantaba a las seis de la mañana para ir al gimnasio. Conocía el rugby español porque habían venido amigos míos a jugar aquí. Aquí es un juego más rápido, pero los contactos son mucho más duros en Nueva Zelanda». Respecto a la final del domingo, opina: «Antes del partido del Bathco estábamos jugando mal, pero esa derrota ha sido un toque de atención y ha venido bien para que nos centremos».
Por su parte, Leigh Thompson tiene un carácter más bromista. Su movilidad desde la tercera línea y su potencia en carrera le han convertido en uno de los jugadores más admirados. «Me encanta vivir aquí, una de las cosas que buscaba es tener una experiencia diferente, poder vivir en otra cultura. El rugby español todavía está en la cuna, le falta mucho por desarrollarse, pero va por buen camino y tiene potencial. El equipo ha mejorado en los últimos partidos y en estas grandes ocasiones sube mucho el nivel», apunta.