Diario de Valladolid

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Ejercicio de mediocridad

El Valladolid pierde ante una Ponferradina muy superior / El gol de Berrocal deja al equipo de Rubi sin argumentos / Tras el 2-0, los bercianos dieron un paso atrás para defender la renta frente a un adversario que no chutó a puerta

Acorán cabecea tras anticiparse a Valiente en uno de los numerosos ataques de la Ponferradina-Luis de la Mata

Acorán cabecea tras anticiparse a Valiente en uno de los numerosos ataques de la Ponferradina-Luis de la Mata

Publicado por
Javier Álamo
Valladolid

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La Ponferradina le bajó los humos al Real Valladolid. El Toralín continúa siendo territorio prohibido. El ascenso a Primera División también es un sueño para el equipo berciano. Si los hombres de Rubi quieren lograrlo por vía directa, los de Manolo Díaz se dejan el alma en cada jornada para pelearlo en el playoff y eso les obliga a un esfuerzo continuado para arrebatar el sexto puesto al Zaragoza.

En batallas -deportivas- como la de este domingo, no hay tiempo ni para la relajación ni los despistes. El Valladolid salió a ver el panorama y la Ponferradina le enseñó los dientes desde el pitido inicial. Si en vez de un partido de fútbol hubiera sido una prueba automovilística, ahora estaríamos diciendo que los jugadores de la Ponferradina pilotaban un Fórmula 1 y los del Valladolid un simple utilitario. La diferencia de mentalidad resultó abismal. La Ponferradina sólo tenía una intención, ganar, mientras que el Valladolid acudió a la cita en busca de un plan que le permitiese frenar a un rival intratable en su feudo.

En el minuto 8 cambió el guión del partido. Castañeda asistió desde lejos a Berrocal y el delantero resolvió ante Javi Varas. El 1-0 fortaleció a la Ponferradina y comenzó a hundir el Valladolid en la miseria. Los jugadores de la Ponferradina creían de antemano en la victoria y el gol de Berrocal reforzó ese convencimiento. Enfrente, a los jugadores del Valladolid les entraba una tiritona aguda. Habían regresado de vacío en los dos anteriores desplazamientos, con un saco de goles bajo el brazo (2 del Tenerife y 4 del Betis), y la Ponferradina no es precisamente un rival asequible para curar heridas.

La Ponferradina ganó todos los duelos individuales, tanto en el centro del campo como en las bandas. Hubo uno clamoroso, el que debían mantener Pablo Infante y Chica. El extremo ofreció su mejor repertorio, se movió a su antojo cada vez que le llegaba el balón y abrió un socavón en la zaga del Valladolid. No fue el único. La Ponferradina mandaba también en el centro del campo. Desde el inicio actuaba con una velocidad mayor que el Valladolid y en cuanto perdía el balón intensificaba la presión en la salida del balón a cargo de André Leao y Timor, acompañados por Sastre, que ocupó el puesto de Rubio.

Al Valladolid no le sirvió en esta ocasión la velocidad de Mojica. El colombiano reapareció después de perderse los cuatro partidos anteriores por lesión pero no encontró la conexión habitual con Óscar y Hernán Pérez porque ambos se toparon con un colosal Alan Baró, dueño y señor en el eje de la zaga. El Valladolid llegó con cuentagotas al área local y sólo chutó una vez a puerta en toda la primera parte, un lanzamiento inocentón de Óscar que detuvo plácidamente Kepa.

La reacción que pretendía Rubi tras el descanso quedó sin efecto de inmediato. El técnico mandó a la ducha a Sastre y buscó más potencial en ataque con De Melo. Antes de que tuviera tiempo para analizar si había mejoría con el 4-2-3-1 en sustitución del 4-3-3, la Ponferradina marcó el segundo gol al transformar Yuri un penalti a Pablo Infante.

El 2-0 fue una losa demasiado pesada. La Ponferradina tiró de oficio, dio un paso atrás para dejarle el mando al Valladolid y se cuidó de arropar a Kepa. Los hombres de Rubi se aburrieron con el balón y volvieron a fallar en lo básico porque no lanzaron a puerta.

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