Real Valladolid

Alcorcón es sufrimiento

El Valladolid no supo cerrar un partido en el que marcó a los 12 minutos y que jugó en superioridad por expulsión durante 75

El portero visitante Javi Jiménez desvía el remate del delantero blanquivioleta Jonathan Pereira-J.M. LOSTAU

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Arturo Alvarado
Valladolid

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Alcorcón significa en árabe El roble, aunque su origen, como el de Valladolid, no está claro. Pero para el equipo blanquivioleta este topónimo cuenta con otra acepción: sufrimiento. Sufrió el Real Valladolid de Djukic ante el Alcorcón de Anquela para ascender en la promoción de la temporada 11-12, y sufrió el de Rubi para ganar al de Bordalás en partido de Liga.

Pero el sufrimiento admite grados. Y es obligado admitir que el del equipo madrileño se produjo en forma de intranquilidad, de amenaza por cualquier balón tonto y encaprichado de entrar. Muy lejos del peligro real, palpable.

Fue un sufrimiento de suspense, no de cine gore. No hubo puñaladas pero sí se jugó bajo la espada de Damocles. Porque ayer el mayor peligro madrileño fue un cabezazo de Valiente en un despeje. Obligó a Varas a volar para sacar un balón de gol. Era el minuto 2.

Todo lo bueno del partido ocurrió pronto. El tanto cayó en el 12. Un penalti de libro del novel Fernando sobre Pereira, que recibió un gran pase en profundidad de Mojica, fue convertido por Óscar. Los pucelanos gustaban y se gustaban. El charro bajaba a la medular y distribuía. Estaba feliz porque el Alcorcón dejó el autobús en el aparcamiento y planteó un partido abierto. Repartiendo cera hasta al marcador electrónico, pero abierto.

El ataque pucelano lo agradeció. Mojica fallaba centros claros pero propició buenas asistencias, Pereira se movía como una culebrilla y removía a la defensa. Omar no hacía mucho pero tampoco estorbaba. Y Leão, de nuevo con el bastón de mariscal en mano, mantenía el tipo atrás, robando casi todo y generando acciones de ataque.

Un Real Valladolid brillante y muy engrasado volvió loca a la zaga rival, sobre todo a la desquiciada ala diestra. Mojica se cargó a Nagore, expulsado en el minuto 20 por dos tarjetas de impotencia. Tras lo de Mallorca y Santander, se presagiaba goleada. Y más cuando se jugaba contra diez.

Pero el Alcorcón hizo bueno el dicho de Helenio Herrera, aunque ningún entrenador sale a jugar con diez, del mismo modo que no existe ningún gordito que no prefiera ser delgado.

El Real Valladolid se sintió tan obligado al éxito inmediato con su superioridad numérica que se aturulló, se embolicó, se lió. El Alcorcón colocó dos líneas de cuatro y los locales no supieron salirse del fuera de juego. Cayeron repetidamente en él por fallos de décimas de segundo en el pase o en la salida en carrera.

Los madrileños, visto su éxito parcial, se concentraron más, siguieron repartiendo como si no costase (aunque pagaron precio en forma de tarjetas, aun así menos de las merecidas) y supieron mantener el marcador. Dos tiros altos de Pereira, que recibió, como Mojica, hasta en la bolsa de deportes, cerraron la primera parte. El colombiano lo hizo con dos muescas en su bota. Logró la expulsión de Nagore y la sustitución de Martínez, que llevaba una tarjeta y tenía la segunda a punto de caramelo.

Tras el descanso se vio pronto que la goleada no llegaría, pero al menos se esperaba el golito en forma de píldora de nitroglicerina que evitase infartos. No era el día. El guión tendió aún más hacia el fútbol lánguido. Quizá se esperaba un autobús londinense y sorprendió el acceso abierto a la puerta rival.

Sagués Oscoz ayudó también a ver un partido cerrado, al hurtar el posible 2-0. No quiso sancionar un penalti sobre Mojica al pensar que el extremo se había tirado. No sólo el piscinazo era falso, sino que el jugador debió ser sustituido, al lesionarse el tobillo. Salió Hernán Pérez en su lugar, demostrando que Rubi tenía razón. El paraguayo aún está verde y le falta punta de velocidad. Pero sus ganas de triunfar son mayúsculas.

El partido moría entre fueras de juego, errores en las entregas y balones incruentos del Alcorcón a la olla, cuando Rubio, que salió por Timor, se inventó un pase en profundidad sobre Pereira. Sólo absolutamente, encaró al ex pucelano Javi Jiménez, que le sacó el balón.

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Tras cinco minutos de propina murió el choque. El Real Valladolid de Rubi no acaba de meter el turbo, pero al menos es capaz de ganar por efectividad cuando no puede hacerlo por brillantez. Y vuelve a ser segundo, aunque queda un mundo.