Espacio Abierto levanta en Valladolid una alegoría sobre la resiliencia de la naturaleza
El artista Diego Lara condensa en la galería vallisoletana seis años de trabajo, con la instalación, dibujos, fotografías y cerámicas de la muestra ‘Lo que sostiene’
Diego Lara junto a la instalación 'Lo que sostiene'.
Al fondo de la sala, 16 delicadas telas de algodón cuelgan suspendidas. Previamente tratadas con sustancias extraídas de la nuez, la catalpa, la bellota y el fresno, sirven de lienzo para que el artista, usando una técnica tradicional de estampación a partir de la tinta fabricada con agallas de roble –que reacciona a los taninos de esos cuatro elementos naturales–, recree un personal bosque a partir de una única imagen. «Ese árbol es el símbolo de la resiliencia del bosque primigenio, del bosque que no ha sufrido una perturbación humana...», reflexiona Diego Lara (1993) ante la instalación –su trabajo más reciente, realizado para la ocasión– que da título a su última exposición.
Espacio Abierto acoge desde este jueves la muestra Lo que sostiene, una suerte de «alegoría en torno a la naturaleza y a la pérdida de la biodiversidad y los ecosistemas naturales», en palabras de un artista que el pasado verano recibía el apoyo de Acción Cultural Española (AC/E) para realizar una residencia artística en Domaine de Boisbuchet. Es la primera vez que el artista, editor y diseñador gráfico exhibe su obra en Valladolid.
Javier Redondo junto a la obra 'Fósiles', sobre corteza de árbol.
Una obra que, además de la instalación mencionada, incluye dibujos, fotografías y trabajos en cerámica en series realizadas en los últimos seis años como Apuntes de campo, Fósiles, Una rama tembló / El paisaje prestado, Mar de hierba o Sav(b)ia.
Tres obras de la serie 'Mar de hierba'.
Propuestas en las que, además del fondo, importa la forma. En ocasiones por el soporte que utiliza, como antiguos sobres o paquetes encontrados en el desván familiar o en algún anticuario, sobre los que por ejemplo pinta la flor del árbol de Júpiter que adornaba su casa familiar, «como si la naturaleza renaciera del desecho del ser humano», o como esas cortezas de platanero «con aspecto de fósil», sobre las que plasma «la huella» de siete especies vegetales que «sobreviven desde hace miles de millones de años», como la planta del Ginkgo biloba, en otro ejemplo más de resiliencia frente a la acción del ser humano. En ocasiones, por el juego que plantea entre la realidad y la ficción, reuniendo junto a elementos vegetales reales reproducciones en arcilla blanca y barro. «Ficcionar la naturaleza es una forma de representar lo que va a quedar. De alguna manera, al destruir la naturaleza, inconsciente o conscientemente, estam0s seleccionando lo que va a perdurar el día de mañana, esa naturaleza que se adapta a toda la perturbación humana», reflexiona Diego Lara en declaraciones a este diario.
En la repisa, una muestra de 'Sav(b)ia'; colgados, dibujos de 'Apuntes de campo'.
Y el artista rinde homenaje al legado de pintores como Caspar David Friedrich, con su mirada a un paisaje sublime e inalcanzable, aunque en sus menudos dibujos el madrileño retrata un paisaje antropocéntrico, transformado por el ser humano. Un paisaje conquistado.
Y frente a esos trazos, pretendidamente ambiguos en su más o menos definida figuración, Diego Lara recurre a la fotografía para «atrapar el instante, la fugacidad de la belleza, la delicadeza de un ecosistema que parece estar a punto de fragmentarse».
Serie 'Una rama tembló'.
Lo que sostiene permanecerá en Espacio Abierto (Alonso Pesquera, 4) hasta el 28 de marzo.