Diario de Valladolid

El rapero de Valladolid Erik Urano lanza ‘Stalker’, un disco que llama a la reacción contra la apatía

Regresa el vallisoletano con un disco distópico que, pese al dolor y la falta de horizontes, no renuncia al cambio desde la acción

Erik Urano en una imagen promocional

Erik Urano en una imagen promocionalSONIDO MUCHACHO

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Casi cuatro años después del lanzamiento de Qubits, el rapero vallisoletano Erik Urano asalta la escena con el lanzamiento de Stalker, el quinto trabajo discográfico de larga duración del cantante y compositor. Lo hace, de nuevo, con el respaldo del sello Sonido Muchacho (Carolina Durante, La Bien Querida, Sidonie, Triángulo de Amor Bizarro o Cariño).

Levanta este Stalker Erik Urano junto al músico Javier ‘Harto’ Rodríguez (C. Tangana, Rels B), con la producción de Zar1, Merca Bae y Louis Amoeba, y con colaboraciones de cantantes y músicos como Hoka, Suzee o Javier Díez Ena.

«Este es un disco que llevaba madurando, desde un punto de vista conceptual, mucho tiempo, incluso antes de haber empezado con Qubits», reconoce Erik Urano en declaraciones a este diario.

‘Todos mejores, antes / Hoy todos tristes, mientras / Displays con logos, mienten’, canta el vallisoletano en Noosfera, el corte que abre su nuevo trabajo discográfico y que lanza al oyente, desde su arranque, a una zona inquietante, carente de horizontes claros. «Las referencias a la película Stalker, a ese estado mental y climatológico que siempre me recuerda a Valladolid, las tenía en mente desde hacía mucho tiempo. Igual que me pasó con Neovalladolor (2020), un disco que pretendía ser distópico al que la realidad hizo costumbrista, creo que ahora ha ocurrido al revés: he querido hacer un disco costumbrista y me he dado cuenta de que es distópico, porque ahora mismo el costumbrismo se nos ha vuelto bastante distópico», reflexiona el responsable de trabajos como Voyager Rock’s (2009) y Energía Libre (2011).

Portada del disco.

Portada del disco.SONIDO MUCHACHO

Como si fueran reflejos del personaje de la película de Tarkovski, Erik Urano retrata fragilidad, soledad, angustia en canciones como -2º –’De niño sin ortodoncia a adulto sin fe’–, Nana del tiempo –‘Hoy sé que distintas especies nunca vuelan juntas’– o Radioactividad –‘Ese dolor que flotando siempre muta en mí’–, un tema en el que el vallisoletano reinterpreta el clásico de Kraftwerk.

Retrata un espacio turbio, confuso. ‘Cada minuto hay cambios / Ya no se ven las trampas / Florecen los escombros / Quieren borrar los nombres / Solo es real la niebla’, dispara en Fujiku Nakaya, una de las últimas canciones del disco. Antes, en Brutalism, lamenta: ‘No florecieron esos pupitres porque estas calles son de piedra’. ¿Piezas de un puzle que contiene la imagen de un futuro sin salida? «Igual este disco tiene un cariz más desesperanzado, más apático. Creo que, en algunos lugares, el mundo se ve sin esperanza, sin falta de salidas. La gente que ha vivido en provincias, sin acceso a oportunidades, lleva consigo una cierta apatía. Esa falta de posibilidades forja un poco ese carácter. Pero, lejos de verlo como algo desesperanzador, lo considero más reactivo en muchas ocasiones que el propio optimismo o la esperanza, que a veces pueden acomodar, pueden ser menos fértiles», reflexiona el rapero descubriendo su deseo de sacudir el árbol. «De alguna manera, ese estado de apatía puede ser reactivo, puede ser transformado en acción y necesidad de cambio. Pese a que el disco pueda tener quizás esa narrativa pesimista, es una narrativa con incitación al cambio», defiende el responsable de Cosmonáutica (2014).

‘Me di cuenta, tarde y mal / Masticándome la sien, como en un diván / De que siempre estuve mal, como tú ayer’, canta en Solaris, que incluye una doble referencia Tarkovski, en el propio título y en la alusión a Andrei Rublev –un pintor en la Rusia del siglo XV que da la espalda a su fe y a su arte cuando el mundo violento que le rodea le hace entrar en crisis–. ¿Qué papel puede jugar este Stalker en estos tiempos convulsos? «No soy tan pretencioso como para creer que un disco puede transformar algo, pero sí creo que puede ser un ladrillo dentro de un muro mucho más grande que acabe haciendo de pared de contención. A la hora de crear un disco siento una necesidad de expresarme, y eso lleva a un cambio, a una transformación en mí mismo. Hay una labor de exploración y, al final, la persona que entra en esa zona no es la misma que la que sale. Este disco no va a cambiar el mundo, pero a mí y a mi mundo sí nos cambia», concluye Erik Urano.

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