Lorenzo Silva, en Valladolid: «La ficción esquiva la pandemia como un territorio pantanoso»
De vuelta a las librerías con ‘Las fuerzas contrarias’ y ‘Afanes sin provecho’, participa el jueves en Valladolid en la Tribuna Francisco Umbral 'He venido aquí a hablar de mi libro'

El escritor madrileño Lorenzo Silva
El Teatro Zorrilla de Valladolid acoge este jueves, 4 de diciembre (a las 19.00 horas), una nueva entrega de las tertulias literarias organizadas por la Fundación Francisco Umbral con escritores contemporáneos. En esta ocasión, el invitado a participar en la Tribuna Francisco Umbral ‘He venido aquí a hablar de mi libro’ es el escritor madrileño Lorenzo Silva (1966), que despide este 2025 tras haber lanzado a los anaqueles, con la Editorial Destino, el libro de relatos Afanes sin provecho así como la novela Las fuerzas contrarias, decimocuarta entrega de la serie protagonizada por los investigadores de la Guardia Civil Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.
Un año, hay que decirlo, especial para el escritor, en tanto que, como él mismo reconoce en conversación con este diario, se cumplen en este 2025 los 40 años desde que comenzara a escribir. Y no es el único aniversario.
«Lo recuerdo bien. Era 1980 y yo, como todo el mundo en el colegio, ya había hecho mis redacciones. Pero fue entonces cuando me senté y escribí 15 folios que intentaban ser literatura por primera vez», evoca Silva, que ha sido traducido al ruso, francés, alemán, italiano, portugués, danés, checo, árabe, inglés, griego, búlgaro, rumano o chino.
Y, más allá de lo evidente –los cinco lustros cumplidos de la conquista del Premio Nadal con El alquimista impaciente (Destino, 2000)– puestos a subrayar aniversarios, recuerda también las tres décadas cumplidas desde el lanzamiento de su ópera prima Noviembre sin violetas (Ediciones Libertarias, 1995). Justo entonces escribió dos títulos que acabarían por situarle poco después bajo los focos: La flaqueza del bolchevique (Destino, 1997), con el que quedó finalista del Premio Nadal, y El lejano país de los estanques (Destino, 1998), una novela con la que ganó el Premio Ojo Crítico y con la que arrancaron las andanzas de los dos miembros del instituto armado.
«La flaqueza del bolchevique es el título que me mete aquí, donde yo nunca esperé estar: siempre tuve asumido que permanecería ‘extramuros’, fuera del sistema literario. Por eso estudié Derecho y me dediqué a la abogacía durante un tiempo. Ese fue el libro que me permitió atravesar un muro que es infranqueable para mucha gente», celebra el autor, que a lo largo de los años ha participado como coguionista de largometrajes como el documental Rif, 1921. Una historia olvidada o 20-N. Los últimos días de Franco.
¿Qué hubiera sido del Lorenzo Silva escritor sin aquel espaldarazo? «Tengo una convicción bastante profunda. La abogacía me aportó muchas cosas, y me las sigue aportando todavía hoy, pero mi vocación desde niño era la literatura. Tengo la convicción profunda de que nunca habría dejado de escribir. En las condiciones difíciles en las que lo tuve que hacer, entre los años 89 y 2002, cuando ejercí la abogacía, así lo hice. Si hubiera tenido que haber seguido con esa vida profesional habría intentado seguir preservando ese espacio», defiende el ganador del Premio Primavera de Novela con Carta blanca (Espasa, 2004). «Nunca he sido partidario del optimismo bobalicón. Yo siempre me he puesto en lo peor. Pero sí que soy muy partidario, y cada vez más con el paso del tiempo y a la vista de mi experiencia, del pesimismo esperanzado. Es lo que yo he practicado. Nunca he perdido la esperanza, y creo que nunca hay que perderla», abunda Lorenzo Silva.
En Afanes sin provecho Lorenzo Silva reúne cuentos escritos en los últimos cuarenta años. Los más recientes datan del pasado año y los más antiguos, de cuanto cumplió la mayoría de edad y «escribía más a tientas y bajo el deslumbramiento de los maestros a los que entonces acababa de descubrir». ¿Qué queda hoy de aquel joven autor? «Creo que queda mucho, porque intento mantenerme muy leal a la intuición que a mí me hizo escritor. Esa intuición es la que me lleva a seleccionar sobre qué escribo y sobre qué no escribo. A lo largo de estos 40 años han pasado muchas cosas, cosas que se ponen de moda hasta que dejan de estarlo y viceversa. Yo me sigo dedicando a las cosas que me interesan a despecho de eso. Lo más llamativo quizás sea la novela policiaca: empecé a escribirla cuando no estaba en absoluto de moda. Luego se puso muy de moda y yo me dediqué a otras cosas: a escribir libros de crónicas sobre las guerras del siglo XXI, que me parecía un asunto que no se estaba ocupando nadie, por ejemplo. Y cuando he vuelto a ella lo he hecho como lo hacía cuando empecé hace 30 años, sin hacer caso de esas tendencias que tienen más adaptabilidad audiovisual, más trepidantes, más truculentas...», defiende. «Me siento a escribir con más ilusión que cuando tenía 18 años. Entonces tenía la intuición de que esto era lo que me iba a salvar, pero ahora tengo la certidumbre».
A buen seguro que en la Tribuna Francisco Umbral de esta semana en Valladolid Las fuerzas contrarias acabará acaparando buena parte de la atención de los congregados en el Teatro Zorrilla. Una novela que Lorenzo Silva ambienta en los tiempos del coronavirus. «Tengo la sensación de que la ficción española está esquivando la pandemia, porque no mola, porque no apetece y porque mucha gente la quiere olvidar. Y porque se ha convertido en un terreno pantanoso, en un campo de minas. Desde que empecé con esta serie nunca he rehuido esos terrenos», defiende el escritor, que durante lo peor del confinamiento supo de casos de médicos que no se atrevían a subir a los domicilios para certificar una muerte. «Se puede entender ese comportamiento, pero denota mucho respecto de la abdicación de una sociedad, de la consideración de la vida de una persona... Me pareció sobrecogedor. Eso inspiró en la trama de la novela», evoca.
El autor de La marca del meridiano (Premio Planeta en 2012) dialogará con el periodista y patrono de la Fundación Francisco Umbral Manuel Llorente. El acto, de acceso libre hasta completar el aforo, ha sido organizado por la citada Fundación, El Instituto Castellano y Leonés de la lengua, la Junta de Castilla y León y EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN.