Diario de Valladolid

Francisco Salzillo congelará el tiempo en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid

El Palacio de Villena acogerá en mayo de 2026 la muestra ‘Salzillo. El instante detenido’, dedicada al maestro del barroco

Un detalle del 'Santo Domingo de Guzmán' de Salzillo

Un detalle del 'Santo Domingo de Guzmán' de SalzilloM. N. E.

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Valladolid

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El escultor y pintor Francisco Salzillo y Alcaraz (Murcia, 1707 - 1783), autor de innumerables tallas –Ceán Bermúdez le atribuía de forma exagerada 1.792 obras– para conventos y templos murcianos, incluyendo importantes pasos para cofradías como la de Nuestro Padre Jesús Nazareno o la del Prendimiento, así como un rico Belén con más de medio millar de figuras, será protagonista de una de las grandes exposiciones que se celebrarán en 2026 en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, con la muestra El instante detenido.

Uno de los maestros del barroco desembarcará en Cadenas de San Gregorio, donde el centro estatal conserva tallas como un Santo Domingo de Guzmán, un San Francisco de Asís y una Inmaculada concepción pisando un orbe rodeado de nubes y ángeles sobre una sencilla peana moldurada. Vuelve para ser protagonista, como ya lo fue hace más de una década, en el tercer centenario de su nacimiento, con Testigo de un siglo.

La muestra, según han adelantado desde el museo a este diario, se celebrará con toda probabilidad en el segundo cuatrimestre del año, en el Palacio de Villena, sede de las exposiciones temporales del MNE. Comisariada por Miguel Ángel Marcos, uno de los conservadores del centro estatal, participarán diversas instituciones, entre las que se incluye el Museo Salzillo, así como colecciones públicas y privadas. También tendrán protagonismo algunas de las obras custodiadas en el Colegio de San Gregorio, como una Santa Ana con la Virgen niña atribuida a Juan Porcel, uno de los discípulos del maestro murciano.

Hijo del escultor de origen napolitano Nicolás Salzillo y de la murciana Isabel Alcaraz, Francisco nació en el seno de una familia de artistas de la que fue su miembro más destacado y en la que algunos de sus hermanos también practicaron esa actividad, como se recuerda desde la Real Academia de la Historia. A los 20 años, muerto el patriarca, se haría cargo de su taller –abandonando, al parecer, sus estudios eclesiásticos en el Convento Dominico de Murcia–.

La imaginería murciana estrenaba el siglo XVIII con renovado vigor, tras una centuria previa marcada por la mediocridad, gracias al empuje de maestros como Nicolás de Bussy o el citado Nicolás Salzillo. Aquellos, como el francés Antonio Dupar, fueron los referentes más cercanos del artista. Murcia, además, vivía un tiempo de prosperidad.

En ese ambiente de actividad artística irrumpió con fuerza la figura de Francisco Salzillo. Su vida y su obra alcanzaron pronto gran fama y fueron difundidas gracias al estudio realizado por Ceán Bermúdez en 1800, tan sólo diecisiete años después de la muerte del escultor. Los historiadores de la época de la Ilustración difundieron la imagen de un escultor plenamente identificado con el medio cultural y religioso que lo rodeaba y alabado por un público sencillo que se conmovía fácilmente y que pronto lo elevó a la categoría de genio. La imagen de genio aislado, no exenta de un halo romántico, le presentaba como un hábil artesano reducido a su ámbito local sin contacto con el exterior. En 1945, José Sánchez Moreno reivindicó su justa dimensión, muy alejada de ese tópico, en Vida y obra de Francisco Salzillo.

Salzillo fue Inspector de la Inquisición de pinturas y esculturas religiosas en el distrito de Murcia. En 1755 el Ayuntamiento lo distinguió con el título de Escultor y Modelista de la Ciudad. En 1763 fundó en su propia casa una Academia particular, el precedente inmediato de la organizada por la Sociedad Económica de Amigos del País.

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