Hallan en el Archivo de Simancas el manuscrito más antiguo de Góngora
Se trata de una carta dirigida al secretario real Antonio de Eraso en la que el poeta, entonces de 23 años, ejerce de escribano de su tío para reclamar una promoción

Una imagen del conocido retrato de Luis de Góngora hecho por Diego Velázquez en 1622
El pasado día 21, los responsables de la Cátedra Luis de Góngora, dependiente de la Universidad de Córdoba, daban cuenta de un excepcional hallazgo acaecido en el Archivo General de Simancas: la localización de una carta manuscrita del autor de Soledades y de Fábula de Polifemo y Galatea fechada en 1584. Contiene la rúbrica más temprana del poeta y dramaturgo encontrada hasta la fecha.
«En 1584, Góngora tiene 23 años y ha vuelto a Córdoba después de cursar sus estudios en Salamanca. Su tío materno está haciendo gestiones para que el escritor herede sus prebendas eclesiásticas. El 10 de noviembre, se dispone a escribir al secretario real Antonio de Eraso una carta de recomendación para su sobrino. Pero no lo hace de su mano, sino que recurre a Góngora como escribiente. El tío estampa su firma y la carta va a su nombre, por lo que el autógrafo gongorino ha quedado camuflado durante siglos», anunciaban desde la Cátedra este lunes.
La responsable del hallazgo ha sido la profesora Amelia de Paz, de la Universidad Complutense de Madrid. Ella misma explica así la dimensión del descubrimiento, que va más allá de lo anecdótico: «No todos los días salen a la luz unas páginas manuscritas por Góngora. Cuando eso sucede, como en este caso, el chispazo de realidad que recibimos nos recuerda que seguimos sin haber visto un solo autógrafo poético suyo», advierte la experta, que localizaba en Simancas tres cartas petitorias enviadas por Francisco de Góngora, tío materno del escritor y capellán mayor de la Capilla Real de Córdoba. Su destinatario no es otro que el secretario real Antonio de Eraso. Fueron escritas el 13 de septiembre de 1581, el 21 de enero de 1584 y el citado 10 de noviembre, cuando, apunta De Paz, «el tío protector porfía en su pretensión de promocionar al sobrino benemérito» como ya hiciera en la primera misiva.

Una de las cartas localizadas en el Archivo de Simancas
‘Me atreveré a suplicar a su Majestad se sirva de dar calidad a don Luis de Góngora, mi sobrino, haciéndole merced de esta mi capellanía mayor, a la cual él anexará un préstamo que tiene de Guadalmazán’, recoge el escrito.
«Estas tres cartas ratifican lo que ya sabíamos: que Francisco de Góngora fue el motor de su casa y el principal valedor del poeta, en solidaridad con los designios paternos. Pero también nos proporcionan noticias que desconocíamos. La capellanía real de Córdoba es la prebenda más valiosa de que goza don Francisco. Constituye una dignidad superior a la ración que también disfruta en la Catedral. Entraba en lo previsible que se la quisiera dejar en herencia a su sobrino clérigo, al igual que la ración. Pero no teníamos documentada esa iniciativa. Aspiración que hubo de chocar contra el muro del silencio administrativo y que resultó en última instancia frustrada. El 13 de noviembre, apenas tres días después de la carta, se emite la bula pontificia por la cual la ración que pertenece a Francisco de Góngora pasa a su sobrino don Luis, lo cual indica que el trámite llevaba tiempo en curso. El 8 de febrero de 1585, don Luis de Góngora es recibido solemnemente como racionero de la Catedral de Córdoba. Y ahí queda todo. A la vuelta de un año (febrero de 1586), muere el secretario Antonio de Eraso. El tío Francisco fallece en octubre siguiente. De la capellanía real cordobesa nada vuelve a saberse», señala la investigadora antes de desvelar la clave fundamental: «Resulta llamativo que en esta ocasión don Francisco solamente ha escrito de su puño el encabezamiento y una posdata, además de la rúbrica. El trazo quizá no tenga la firmeza de sus manuscritos previos, pero tampoco es manifiestamente vacilante. Fuera acaso por hallarse indispuesto o por otra razón, en el cuerpo de la carta y el sobrescrito Francisco de Góngora ha recurrido a una mano ajena. Que no es otra que la de su sobrino don Luis».

Detalle de la rúbrica