Páramo recupera la voz poética de Pérez Sacau
Regresa con un poemario tan experimental en la búsqueda de límites formales como íntimo

Carlos Pérez Sacau, autor de ‘Los gorriones futuros’.-KHRIS MARTINSSON
La editorial vallisoletana Páramo amplía su catálogo acogiendo la voz poética de un autor que llevaba más de una década de silencio editorial: Carlos Pérez Sacau, responsable de El cuaderno de la luna y ganador del ‘Gloria Fuertes’ (2005), acaba de publicar Los gorriones futuros.
«Podemos intuir influencias de Ángel González, Miguel Hernández, Gloria Fuertes o Yeats, pero también de la cultura popular urbana; Los gorriones futuros es un libro luminoso, sensible, poseedor de hermosísimas imágenes», advierten desde el sello dirigido por Javier Campelo.
En su segundo poemario, el vate ferrolano afincado en Palma de Mallorca tiene en la palabra un terreno sobre el que jugar, materia con la que experimentar creando poemas visuales, torrentes de sustantivos y adjetivos, versos accidentados en un derrapar de vocablos. «La voluntad de experimentación o juego es intrínseca a la propia poesía. Para mí desde luego lo es, de lo contrario el poema nacería ya con las palabras agotadas y faltas de sentido. Poder conocer los límites que cada poema puede tener, no solo temáticos, sino formales, ha de ser el verdadero trabajo del poeta. Particularmente, trato de prescindir de los signos de puntuación para abrir la lectura algo más, y que cada verso no sea nunca final sino eslabón que ha de tener continuidad en los siguientes versos o poemas», reconoce el gallego.
Pero Pérez Sacau levanta también en torno a ellas, a las palabras, templos en los que poder preservarlas del olvido o del desconocimiento (malacología, parusía, paredaño...). Aunque a veces los profane con su espíritu transgresor y juguetón (inacariciando, lumbra...). «Siento pasión por las palabras, me encanta investigar su origen, pronunciar las que aprendo, conectar unas con otras... Y al ‘moldear’ la lengua busco dar nueva vida al significado. Hay palabras menos comunes, como estereoquímica, que forman parte de mi ideolecto, y las utilizo como si fueran cotidianas. Hay otras que se repiten con frecuencia, como azul, vértigo o pájaro, que suponen un estado emocional y multitud de significados», subraya el autor.
‘Dicen que es un milagro / la poesía / porque huele a incertidumbre’ escribe en Religioso. ¿Qué milagro busca Pérez Sacau al escribir? «Escribo desde niño, así que lo asumo como la manera que tengo de procesar mi relación con el mundo, con la vida, con la alegría o el dolor. Estar ante un papel en blanco y comenzar un poema, buscar esa primera palabra o imagen, es algo que me resulta absolutamente necesario para reflexionar sobre las grandes preguntas que jamás tienen respuesta. Supongo que busco en la poesía el rastro de esa respuesta», reflexiona.
Y en las páginas de Los gorriones futuros el vate le escribe al paso del tiempo, que se hace presente en esa pista de baile en la ‘que nunca más será viernes / solo lunes inminente’ (Disco).Y a los amores que parecen predestinados a nacer cuando uno, concebido frente al mar, se encuentra con unos ‘ojos oceánicos’ (Costero). Y al amor perdido, cuando se percibe que ‘oscurece y nadie nada / donde tu cuerpo nadaba’ (Teseo). Y a la nostalgia de quien se cita con sus muertos para tomar ‘con ellos / un vaso de silencio’ (Infinitesimales). Poemas contenidos en la segunda parte del volumen, en la que el vate vuelca sus vivencias.
Los gorriones futuros comienza, sin embargo, con una primera parte más abstracta, experimental y rica en imágenes –‘La luna está tan llena que tus ojos rebosan / verbos no inventados. / La marea es una lengua / que a lo lejos deja un rastro de arena mojada’, escribe en Malacología–, y en versos que reflexionan sobre el acto de escribir (Lorem ipsum), sobre la poesía (Meterse en un jardín), o sobre la inspiración que trata de romper la oscuridad del silencio (Sistema métrico).
«La primera tiene su origen en unos poemas de Valente. Son versos sobre metapoesía que me han hecho pensar en ese misterio o esa experimentación, en la fuente de la inspiración y el sentido que pueda tener el hecho de escribir. La segunda parte es un balance que comencé a hacer tras haber sido padre, en donde cabe la nueva perspectiva tras tener un hijo, el recuerdo de mi infancia desde esta perspectiva doble de ser padre e hijo, el reencuentro con el mar y también la memoria constante hacia las personas queridas ausentes, que tienen un peso vital en el poemario para darles en él un espacio donde habitar», concluye.