Diario de Valladolid

ESTRENO NACIONAL EN EL TEATRO CALDERÓN "ROJO"

Echanove: «Siempre he tenido al teatro como intocable»

El veterano actor dirige y protagoniza junto a Ricardo Gómez una obra inspirada en la vida de Rothko, maestro del expresionismo abstracto enfrentado a un gran dilema moral cuando atisba su decadencia

Juan Echanove y Ricardo Gómez, el pasado jueves, durante el ensayo general de ‘Rojo’.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS

Juan Echanove y Ricardo Gómez, el pasado jueves, durante el ensayo general de ‘Rojo’.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS

Publicado por
Julio Tovar
Valladolid

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Unas horas antes del estreno nacional en el Teatro Calderón de Rojo, el mayor éxito teatral del dramaturgo y guionista John Logan (Gladiator, Skyfall, Penny Dreadfull o El aviador), Juan Echanove y Ricardo Gómez rompieron ayer su semana de concentración y ensayos en el coliseo vallisoletano para reflexionar sobre una obra que, a partir del conflicto moral de un creador que atisba su decadencia, el principio del fin, se enfrenta a los «grandes dilemas éticos y morales de la vida», en palabras del joven actor.

Rojo bebe de la vida misma. En 1958, Mark Rothko recibió de Philip Johnson el encargo de realizar una serie de murales para una de las plantas del rascacielos Seagram de Nueva York, un edificio diseñado por Mies van der Rohe. La sala abriría un año más tarde, convertida en el restaurante Four Seasons; tras dos años de trabajo, el maestro del expresionismo abstracto decidió cancelar el proyecto.

«Logan escribe Rojo influenciado, enamorado y empapado por un pintor controvertido, insatisfecho, que participó en la destrucción del Cubismo junto a artistas de su época como Motherwell, y que sufrió el acoso, ninguneo y olvido de quienes le sucedieron con el Pop Art, como Warhol o Lichtenstein», explicó Echanove, el Rothko de este Rojo, y su director. «Fue el proyecto más caro desde el encargo de la Capilla Sixtina. Nadie había cobrado nunca tanto. Tendrá que renunciar a sus principios morales y éticos... y su asistente se lo recordará», matizó quien encarnara al Cosme de Turno de oficio (1986), con cuatro décadas de trayectoria a sus espaldas.

Su asistente es Kent, Ricardo Gómez. «Esta función se basa en el discurso del trasvase generacional: habla del arte, pero también de la vida», advirtió el joven actor de 24 años, que no ha dejado de actuar desde que con siete se hiciera con el papel de Carlos Alcántara de Cuéntame. Echanove se rindió a su talento: «Tras 40 años de teatro, con muchos títulos, retos y horas de zozobra, puedo decir que nunca he tenido un compañero tan preparado y permeable a todo. Tiene una edad que no se corresponde con su madurez escénica», subrayó el veterano actor.

Dos generaciones frente a frente, en la vida y en la ficción. Rothko, un «hombre que lucha por desaparecer», como advirtió el director de Rojo, recordando el trágico final del artista, y un asistente «que lucha por vivir». «Logan creó una historia de protección, amor, odio, comprensión y frustración», resumió Echanove.

Los dos actores fueron cuestionados por su postura como creadores en relación al dilema al que se enfrenta Rothko en Rojo, el de renunciar a sus principios por dinero. «Vivimos siempre en un debate continuo en torno a qué es auténtico, qué es verdadero o no... Puede que en una carrera uno no llegue a tener un currículo inmaculado, pero eso no quita para intentarlo», reflexionó Ricardo Gómez. «En esta profesión siempre he tenido un objetivo: nunca he ido de apóstol de la pureza, pero desde siempre he entendido el teatro como algo intocable. Hago cosas que no son fetén para poder producir. No hay un solo día, en 40 años de trabajo en teatro, que haya dicho ‘esto me lo podía haber evitado’; y si el espectáculo no ha tenido la solidez que debía, ha sido por mi culpa», aseveró quien ganara dos Goyas, por sus papeles en Madregilda y Divinas palabras, y un Max por El Verdugo.

Y a vueltas con el teatro, con el oficio, ambos expresaron su gratitud por el apoyo recibido por el Teatro Calderón para poder estrenar en Valladolid Rojo. «Es extraño, pero Madrid se nos ha quedado pequeño para confeccionar un trabajo. Se ha convertido en una ciudad hostil para ensayar, y no es lo mismo hacerlo en un garaje destartalado que poder hacerlo en un teatro como el Calderón, donde hemos podido tener una concentración como las de los deportistas de élite, pudiendo desatender esos asuntos diarios que normalmente hacen que un artista se convierta en un creador histérico», celebró Echanove, que lamentó que el teatro, pese a ser el mayor reto para un profesional de la escena, sea el peor pagado.

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