LITERATURA / LAS LECTURAS DE LOS QUE ESCRIBEN
Un mar de libros para el verano
Escritores vallisoletanos comparten los títulos que han elegido para disfrutar durante sus vacaciones estivales

-EL MUNDO CASTILLA Y LEÓN
Llegado el mes de agosto, cuando la rutina diaria da rienda suelta al disfrute y se apagan los despertadores, nada mejor que saldar las deudas pendientes con esos libros que se han resistido sobre las estanterías durante el largo invierno. Raro es el veraneante que junto a los protectores solares, las gafas de sol o los trajes de baño, no hace un hueco en la maleta para guardar ese libro avalado por la crítica o por los lectores.
Sol, sombrilla y un libro. Una combinación perfecta para un mes de agosto en el que, por regla general, la mayoría de los mortales dedica más tiempo que el resto del año para retomar hábitos de lectura. Sea cual sea el destino, un reciente estudio refleja que el número de lectores aumenta considerablemente durante el periodo estival y que la mayoría escoge sus libros en función de su autor favorito. Pero... ¿quiénes son los autores que eligen los escritores vallisoletanos para leer durante sus vacaciones?, ¿Qué leen aquellos a los que leemos?, ¿Novela, relato? ¿Clásicos, novedades? ¿Autores de renombre o emergentes?
Escritores vallisoletanos de referencia revelan sus preferencias literarias para disfrutar en el asueto estival. Eso sí, todos coinciden a la hora de desmontar el tópico de que existen ‘libros de verano’ y de que la lectura es «algo de temporada». Lectores voraces, consideran que quien posee el hábito de leer, «siempre encuentra un hueco para disfrutar de su pasión» y de un ocio «que solo otorga beneficios».
LUIS DÍAZ VIANA
Para el escritor vallisoletano, la lectura ocupa un lugar preferente durante todo el año, pero reconoce que en verano abandona un poco más sus «rutinas de lector». Rutinas que giran en torno a tres ejes: lecturas profesionales -fundamentalmente de ensayos y trabajos de antropología-; poesía «porque tengo la costumbre de leer un poema al menos antes de dormirme» y novelas «muy escogidas y no ‘de moda’», que voy guardando hasta que llega el momento de leerlas «generalmente cuando ya no puedan incidir para mal en aquella narrativa en que ande yo trabajando».
Acaba de llegar de Asturias, donde ha disfrutado de unas breves vacaciones junto a su familia. «Sólo me llevé para leer un artículo: Beyond Ìdentity. Quería terminarlo porque acabo de entregar un capítulo que me encargaron para un libro sobre Orígenes que va a publicar Trotta y hay en él ideas que me parecen sugerentes y me gustaría incorporar». Ya de vuelta, y como a Díaz Viana no le gusta anidar en un solo libro, ha retomado la lectura de dos libros de poemas: ABECEVARIOS, de José Luis Puerto, y Los arrecifes de la esperanza, de Alexandre Lacaze «y espero continuar la lectura de La nación inventada, de Arsenio e Ignacio Escolar, que me interesa en la medida que toca la identidad castellana. Un libro que me tomo, por su entretenida lectura, como un escape». Reconoce también que aprovechará el verano para regresar a lecturas olvidadas. «Recientemente he vuelto a las páginas de La derrota del pensamiento, de Alain Finkielkraut, a La edad de la penumbra, de Catherine Nixey, que me ha decepcionado bastante, y a un libro antiguo de Javier Cercas, El impostor, porque me interesa el tratamiento que hace de los relatos sobre la memoria, ya que la novela que voy a publicar ahora tiene que ver, igualmente, con la memoria de las víctimas».
GUSTAVO MARTÍN GARZO
El escritor vallisoletano ‘tira de patria’ e incluye este año en su maleta Años de mayor cuantía, un «libro extraordinario y muy peculiar» del zamorano Tomás Sánchez Santiago. Una pequeña suma de memorias, fabulaciones y una novela de identidades. Un libro muy extenso que vio la luz el pasado mes de abril y cuya lectura Martín Garzo ha decidido postergar hasta ahora «para poder leerlo con sosiego, dedicándome a él en cuerpo y alma ya que es un libro muy exigente y al que que quería entregarme completamente». Quizá sea su extensión -casi 700 páginas- el único aspecto que le haya hecho retrasar hasta ahora su lectura ya que para el Premio Nacional de Literatura, «los libros no entienden de estaciones». «La lectura es una adicción que no tiene cura», sentencia. «Los libros siempre te acompañan y quizá, cuando menos tiempo tienes, más se lo dedicas a las cosas que te gustan».
CÉSAR PÉREZ GELLIDA
El flamante pregonero de las fiestas de la Virgen de San Lorenzo reconoce que el verano es una época «perfecta para desconectar» de la rutina diaria y de su frenético ritmo de trabajo. A pesar de estar inmerso ya en un nuevo libro que verá la luz el próximo mes de octubre, aprovecha el periodo estival «para que baje la torre de libros que durante el año voy apilando en la estantería». Y cómo no podía ser de otra manera, Pérez Gellida ha guardado en su maleta para disfrutar de sus vacaciones en Galicia: La tragedia del girasol, de Benito Olmo. «Una novela negra muy honesta y muy bien estructurada que me apetecía mucho leer. Su anterior libro La maniobra de la tortuga ya me atrapó. Disfrute mucho con su lectura y de su estilo narrativo y ahora he elegido esta nueva entrega como acompañante para estas vacaciones».
ALEJANDRO CUEVAS
Tras pasar unos meses en Valladolid, Alejandro Cuevas acaba de regresar a Florida donde reside desde 2013. En su maleta, siempre hay hueco para los libros. «Procuro alternar las novedades ‘relativas’ con los clásicos y con las relecturas», dice. «En cuanto a las novedades, suelo elegir, lógicamente, los libros que intuyo que me van a gustar. A estas alturas, ya me conozco muy bien como lector y sé que hay cierto tipo de libros que no están hechos para mí ni yo para ellos». Entre los títulos escogidos para este verano: Vernon Subutex 2, de Virginie Despente, «ya que leí el verano pasado la primera parte de la trilogía y me pareció magnífica» y La séptima función del lenguaje, de Laurent Binet. «Tiene la estructura de novela policíaca, pero me interesa porque es un retrato irónico y sarcástico de todos esos intelectuales franceses que tanto éxito han tenido en el ámbito de las universidades norteamericanas». Y entre los clásicos, «siempre hay alguien del XIX». «Este verano leeré Bel Ami, de Maupassant. Y, si me da tiempo, algo de Galdós, que es el escritor español más importante de todos los tiempos». Ávido lector, confiesa que no le interesan «nada» los libros «que se esconden bajo la etiqueta ‘libros de verano’, porque suele referirse a obras ligeras, oportunistas, frívolas, intrascendentes, efímeras... O sea: basura. Y para eso ya está la tele», dice.
DANIEL MONEDERO
Cada verano, Daniel Monedero se marca el firme propósito de leer aquellos libros que dejó pendientes durante el resto del año y releer aquellos que le marcaron como lector. Pero al final, confiesa, «siempre se me cruzan lecturas imprevistas, improvisadas, que compro en cualquier lugar o encuentro en la biblioteca de alguien. Soy un lector ansioso y caótico». Desde hace algunos veranos, «tengo la manía de releer algunas de las novelas de Stevenson y al poeta portugués Eugenio de Andrade». Este año, sus libros de cabecera serán Monasterio,de Eduardo Halfon y Una mosca en la sopa, las memorias del poeta Charles Simic, «porque me gusta mucho su poesía, que también tengo a mano, llena de imágenes, originalidad y deslumbramientos, y ahora quería leer su prosa». Además, aprovechará este tiempo para compartir su pasión lectora junto a su hijo Diego, de cinco años. «Estoy leyendo con él Charlie y fábrica de chocolate y una selección de cuentos de los hermanos Grimm». «Los hijos quizá te ‘roban’ tiempo como adulto pero a cambio te regalan más tiempo de infancia. He aprendido a leer con una mano en una cuna y otra en Pessoa», bromea.
JOSÉ MANUEL DE LA HUERGA
Enfrascado en un tiempo de creación literaria, el Premio de la Crítica de Castilla y León aprovecha el periodo estival para leer todo tipo de literatura. «Por la noche, antes de dormir, novelas gráficas como Trazo de tiza de Miguel Anxo Prado o la reedición de los tebeos de Serpieri sobre los indios siux, Lakota». También le gusta releer. Este año, por ejemplo, se ha decantado por Valente y Costafreda, Susana Barragués y Emily Roberts. Por la tarde, a la hora de la siesta, «nada mejor que dormitar con un misterio bien trabado de Petros Markaris o de Fred Vargas y para buscar el tono social a mis personajes de pueblo, los cuentos de Aldecoa». Según De la Huerga, «leer con más luz y en exteriores o bajo la sombra de un árbol, influye en la selección». Por eso, elige lo que va a leer dependiendo de donde vaya. «No es lo mismo leer cerca del agua dulce que del agua salada», reflexiona. «Este año junto al lago de Sanabria he leído un clásico de Kapucinski que tenía pendiente, Viajes con Heródoto. En Castropol, y en pareja he releído los cuentos estupendos de Agustín Cerezales, Perros verdes». Ahora prepara su maleta para viajar a Oyambre. «Acaso relea pasajes de Gran Sol de Aldecoa, para buscar el tono a un pescador de secano con el que me ando debatiendo».
DIONI ARROYO
Especializado en literatura fantástica y de ciencia ficción, Dioni Arroyo aprovecha el tiempo libre que brinda la época estival para «disfrutar de lecturas muy variadas». «Este año me acompañan Binti, de la escritora nigeriana Nnedi Okorafo». En lista de espera: El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, «un clásico que no deja de fascinarme por su calidad y ambientación gótica y por lo bien que se desenvuelve recreando escenas». También hará un hueco a la poesía con Gloria, de Julio Martínez Mesanza. «La poesía nos vuelve más sensibles, y los que cultivamos la prosa no debemos obviarlo», dice. Y, como no podía ser de otra manera, «también disfrutaré de la buena ciencia ficción con Iris, del escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, todo un descubrimiento y un ejemplo de la nueva eclosión de la literatura latinoamericana». Para Dioni Arroyo, que en breve publicará un nuevo libro, la lectura «es un ocio que solo otorga beneficios». Leer para él es una suerte de ritual. «Me encanta la noche, su silencio y la facilidad con la que te invita a la concentración. Acostumbro a encender una barrita de incienso y prepararme un descafeinado. Me gusta que sea un tiempo diferente en que se rompa la rutina, se paralice todo a mi alrededor y me permita evadirme de las responsabilidades para leer una buena historia».