Diario de Valladolid

PUBLICACIÓN ‘CORRESPONDENCIA (1924-1972)’, DE LA FUNDACIÓN JORGE GUILLÉN Y LA UNIVERSIDAD

Américo Castro y Guillén, unión epistolar en el exilio

Un volumen recoge las 200 misivas cargadas de fraternidad y respeto que ambos se enviaron

Américo Castro.-EL MUNDO

Américo Castro.-EL MUNDO

Publicado por
Julio Tovar
Valladolid

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La Fundación Jorge Guillén y la Universidad de Valladolid reconstruyen en su más reciente publicación la relación de respeto, amistad, fraternidad y sintonía intelectual entre dos hombres que compartieron el destino trágico del exilio: el poeta vallisoletano autor de Cántico y el filólogo e historiador Américo Castro.

Lo hacen presentando al lector la Correspondencia que durante medio siglo, entre 1924 y 1972, mantuvieron ambos hombres. Un total de 205 documentos seleccionados por el profesor Manuel J. Villalba, custodiados en la Biblioteca Nacional, en su mayor parte, y en la Fundación Xabier Zubiri –el filósofo fue yerno de Castro–: cartas, telegramas, postales, pequeños manuscritos escritos a máquina, por lo general, por el que fuera profesor de Literatura en las universidades de Wisconsin, Texas y Princeton –era «consciente de su mala caligrafía», advierte Villalba en el prólogo–, y a mano con pluma de tinta azul por el poeta.

«El lector encontrará de todo menos ingenuidades en este volumen de cartas», señala el responsable de la edición en el prefacio, aludiendo a una reflexión del propio Castro en su última carta, escrita 22 días antes de morir. Por el contrario, señala Villalba, en el libro abundan «grandes aspiraciones, muchas de ellas truncadas; esfuerzos vitales hercúleos; meditaciones profundas». Guillén y Castro. «Dos vidas en la diáspora compartidas por dos supervivientes, dos náufragos del desastre español de 1939», lamenta el editor.

Y es que la guerra y el exilio, como recuerda Villalba unieron «para siempre» las vidas de dos hombres que se habían conocido en el Madrid de la segunda década del pasado siglo, en torno al Centro de Estudios Históricos de Ramón Menéndez Pidal.

Antes de los disparos, como se desprende de las cartas reunidas en este volumen, Guillén celebraba la publicación de El pensamiento de Cervantes. Los elogios intercambiados por las obras respectivas serían frecuentes a lo largo de esos 50 años. «Siempre laudatorios», advierte Villalba, que explica la «falta de espíritu crítico» por la «disparidad de su formación y labor profesional» así como por su «amistad». Una amistad «a la antigua usanza, que nunca les permitió tutearse», subraya.

De sus misivas también se desprende su preocupación a la hora de salir adelante en el exilio en EEUU, así como los desvelos por su familia –Castro tendría como alumna en Princeton a Teresa Guillén, que acabaría casándose con su discípulo Stephen Gilman–.

Así, en una carta fechada el 18 de enero de 1953, Guillén expone su lamento: «¡Estos pobres chicos (afortunados en parte) condenados, sí, a pesar de todo, condenados a un destino sin fin, fuera de las condiciones normales en que una persona y su obra y su lengua crecen y se afirman!». En otra del 8 de diciembre de ese año, escribe el poeta: «¡Menuda prueba: morar en territorio extranjero! América absorbe y transforma al emigrante, pero no al emigrado; y nosotros no tenemos un solo pelo de emigrantes, de los que no son nada en su país y vienen a ser algo en el otro continente».

La añoranza de la patria, sin embargo, no les impidió reconocer las virtudes del país de acogida, como cuando en 1954 el vallisoletano se maravillaba por haber recibido una beca Guggenheim a sus 61 años.

«La generosidad de estas instituciones americanas es extraordinaria. Nada semejante ocurre en ningún otro país del planeta», escribió en una carta dirigida a su amigo. Virtudes que cobraban otra dimensión en el regreso del exilio, como le advertía Américo Castro en 1970: «Para un americano (me siento serlo cada día más) el trámite de la censura, de la pre-mordaza, resulta muy duro». La España idealizada en la distancia se venía abajo.

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