El Patio Herreriano repasa la intensa trayectoria de Juan Genovés, “el Goya del siglo XX en el arte español”, con una muestra antológica
‘La intensidad del silencio’ ocupa hasta el próximo 23 de septiembre las salas 3, 4 y 5 del recinto vallisoletano, con 60 obras de todas sus etapas

Exposición de Juan Genovés en el Museo Patio Herreriano de Valladolid-R. Valtero / ICAL
Cuenta María Toral, comisaria de la exposición ‘Juan Genovés. La intensidad del silencio’, que el artista valenciano es “un creador independiente capaz de mostrarnos realidades silenciadas”. Así fue desde su irrupción en el pabellón español de la Bienal de Venecia de 1964, donde impactó su combinación pionera de denuncia social y arte pop hasta el punto de que se convirtió en el primer artista español fichado por la galería londinense Marlborough (donde compartía cartel con Lucien Freud o Francis Bacon), y así sigue siendo en las obras que sigue creando en su actual rutina “monacal”, alejado de la vida pública para dedicarse en cuerpo y alma a la pintura, según explicó su hijo, Pablo Genovés.
Las salas 3, 4 y 5 del Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español, con sede en Valladolid, acogen desde hoy y hasta el próximo 23 de septiembre la exposición, que reúne alrededor de sesenta piezas del artista valenciano, calificado por la comisaria como “el Goya del siglo XX en el arte español”. En su totalidad, las piezas proceden del estudio del creador, seis de ellas jamás habían sido exhibidas en público (de hecho el lienzo de gran formato ‘Tempo’ lo ha concluido en las últimas semanas), y otras muchas llevaban décadas sin formar parte de ninguna muestra.
Entre las piezas que se exhiben ahora por primera vez, destaca también ‘Los abrazos’ (1975), el lienzo descartado por el artista que acabó siendo un año después el germen de una de sus obras más emblemáticas: ‘El abrazo’, que desde hace tres años preside una de las paredes del Congreso de los Diputados.
“El objetivo de la exposición es que se conociera la evolución de Juan Genovés, desde la concienciación política que impregnaba sus inicios hasta la dimensión casi metafísica que tiene en la actualidad”, señaló María Toral. Para lograrlo, ella ha organizado las piezas en torno a tres salas, de acuerdo a criterios cronológicos, dedicando la primera de ellas a las obras de los años 60 y 70, monocromáticas y fiel reflejo de la opresión y el hostigamiento que vivió la sociedad española durante el franquismo.
La segunda sala recoge sus obras en los años 80, cuando tras la muerte del dictador Genovés inicia una fase “experimental” y “más cinematográfica”, y los 90, cuando comienza a cobrar protagonismo en su trabajo la perspectiva cenital o del ojo de halcón, que domina su trabajo desde entonces. Por último, la sala 5 se centra en obras creadas durante el nuevo milenio, de enorme formato en varios casos, donde a vista de pájaro reproduce ingentes masas de personas en constante movimiento y tensión, con un protagonismo evidente del color.
“Él es un antropólogo, constantemente preocupado por el ser humano y por las sociedades que estamos creando”, afirmó la comisaria en la inauguración, donde hizo hincapié en la evolución de Genovés con el paso de las décadas, tanto en la “depuración de las formas” como en la “utilización de los colores”.
Denuncia y existencialismo
Fue Pablo Genovés, el hijo fotógrafo del artista, quien excusó hoy ante los medios la ausencia de su padre en la inauguración, después de que la esposa de este sufriera un accidente doméstico que la retiene ingresada en un hospital. “En sus inicios, en los años 60, Juan trabajaba en el arte desde la convicción de que podía cambiar la sociedad. Bajo mi punto de vista, desde el año 2000 ha hecho un ejercicio inconsciente de salirse de la realidad política concreta, alejando su perspectiva para hablar de cosas más intrínsecas del ser humano, con un prisma más existencial”, recalcó.
Tras recalcar la disciplina que sigue su padre, trabajando sin descanso a diario desde las 5 de la mañana hasta las diez, y cuatro horas más por la tarde, Pablo Genovés subrayó la convicción de su progenitor de ser “un obrero del arte”. En su intervención, aseguró que lo que mejor hace su padre es “el encaje de los cuadros”, y cómo combina los conceptos de “estructura y sutileza”.
Según apuntó, los años 60 fueron la “época dorada” de su padre, cuando deslumbró al mundo haciendo “algo nuevo”, al adoptar el lenguaje del arte pop (utilizando aerógrafos, plantillas y colores planos) para llevarlo por nuevos caminos. “El pop era algo festivo, lúdico y ligado a la sociedad de consumo, pero él lo impregnó de una vocación reivindicativa y nadie lo había hecho hasta entonces”, aseguró.
Además, respecto al proceso creativo que sigue, aseguró que “no pinta a partir del subconsciente, sino del propio cuadro, que es el que le pide una u otra sensación”. A su juicio, la técnica que emplea se basa en “dar y esperar”: “La interacción del artista con su obra es lo que él llama pintura”, sentenció. “Muchas veces parte de una idea peregrina, de una intuición plástica, se mancha las manos y empieza su lucha con el cuadro, en un diálogo que a veces sale mal”, remachó.
En la inauguración también participó la concejala de Cultura y Turismo, Ana Redondo, que señaló que esta es “una de las grandes exposiciones del año” en Valladolid. Además, incidió en que Juan Genovés es “desde 1961 uno de los líderes de la nueva figuración”, que ha contribuido en la “búsqueda de una identidad moderna española” conjugando su “compromiso social” con “una gran belleza plástica”.