Diario de Valladolid

Galguera: «Lo peor del Motín del pan fue la represión»

En el aniversario del alzamiento de 1856, el escritor vallisoletano celebra que la editorial prepare ya una cuarta impresión de la novela

Detalle de la protada del libro.-EL MUNDO

Detalle de la protada del libro.-EL MUNDO

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J.T. / VALLADOLID
Valladolid

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Tal día como ayer, un 22 de junio de 1856, Valladolid fue declarada en estado de Guerra. La ciudad bullía en el descontento de los humildes, que al hambre por la escasez de sustento –el populacho arrastraba las consecuencias de una epidemia de cólera, de malas cosechas, de caída del precio del trigo, de subida de impuestos...– sumaban la indignación por lo que entendían como el fruto de la especulación de los dueños de las fábricas de harinas.

Se cocinaba El motín del pan, acontecimiento novelado por un vallisoletano de adopción como Miguel Ángel Galguera (San Roque del Acebal, Asturias, 1953) en La Libre Ediciones, que ya trabaja en una cuarta impresión. Arderían fábricas, se asaltarían las casas de los prohombres, se atacaría a la autoridad... y correría la sangre en ajusticiamientos ejemplarizantes para infundir el miedo.

Un motín que, como recuerda Galguera, acabó de la peor manera. «La represión fue brutal, muy triste, durísima... cuando el pueblo aquí no mató a nadie. Alguna mujer se tiró al río, desde el puente Mayor, trastornada al ver los fusilamientos. Esa imagen para mí lo retrata todo: lo peor del motín fueron los castigos posteriores. Pero había que dejar claro que no se iba a permitir que se subvirtiera el orden, aunque no sirviera de nada, porque se puso fin al gobierno de Espartero poco después», recordaba ayer el autor de Los locos de la Costanilla y La buena moza.

DESIGUALDAD

‘Sobre ese caserío que humea en medio del negror, la noche entrada, los pobres y los ricos recogidos, unos con poco pan y miedo a la revancha, otros con pan de sobra y la conciencia en paz’, compone el escritor, en una descripción gráfica del sueño truncado, de la lucha fracasada por una cierta igualdad. ‘Entre un puñado de honrados capitalistas lo poseen todo en este burgo piadoso de la niebla’, escribe.

«No se puede comparar cómo vivimos hoy y en 1856, pero hay cosas que han cambiado poco. Aún hay mucho por lo que luchar», advirtió Galguera, que en su novela altera los nombres de los protagonistas. «Desde que escribí la novela hasta que fue publicada han pasado más de diez años. Quizá esta no sea una novela cómoda. Los descendientes de los implicados en aquellos sucesos viven, eran nuestros abuelos. Pero hay que conocer la historia para no olvidarla», defiende un Galguera que se mantiene fiel «a la marca de la casa»: una narración trufada de ingeniosos vocablos ya casi olvidados, como mixtifori, escurribanda, oriniento y mojicón; o rescatados de a saber dónde, como culigacha o jumenda. Vocablos de los que se sirve para dibujar la puesta en escena.

Miguel Ángel Galguera volverá a repasar la historia de Valladolid en su próxima novela, ya escrita pero pendiente de encontrar un editor. «Irá de adelante hacia atrás. El arte de retroceder, una historia sobre las luchas sociales, estudiantiles y obreras, en los años setenta», adelantó el autor de El oro de la Fuente Grande.

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