El dolor «Inabarcable» y el desgarro, frente a frente
Proyecto 43-2 recrea con testimonios reales la conversación de la hija de un etarra muerto a manos de los GAL y el hijo de una mujer asesinada por ETA

María San Miguel y Alfonso Mendiguchía en una escena.-ALBA MUÑOZ
Edurne y Eduardo no se miran a la cara mientras enumeran lo que les hubiera gustado vivir cuando solo eran unos niños. ‘Que me cuidara cuando estaba enfermo’. ‘Que me arropara en las noches de invierno’. ‘Bucear agarrada a su cuello en la playa’... Los dos son dos víctimas del dolor, hijos de la violencia, de la barbarie del terrorismo vivido durante tantos años en el País Vasco. Ella es hija de un etarra muerto a manos de los GAL cuando apenas tenía año y medio. Él, de una mujer asesinada por un cóctel molotov colocado por ETA. Años después se reúnen en una sidrería. Frente a frente, pero sin mirarse a los ojos, se confiesan el dolor y el sufrimiento que han soportado, que aún siguen soportando, cuando el terrorismo les arrebató lo que más querían. Y es que, aunque el diálogo es importante, aún lo es más escucharse.
Edurne y Eduardo son personajes de ficción pero basados en experiencias muy reales. Dan voz a esas miles de víctimas que soportaron el inabarcable dolor del terrorismo. Sus voces han sido muy poco escuchadas, pero tienen la responsabilidad de construir la paz con la herencia del sufrimiento vivido.
Es el argumento de Viaje al fin de la noche, la obra que este sábado llegará al Miguel Delibes (21.00 horas) de la mano de la compañía Proyecto 43-2. Escrita por María San Miguel y dirigida por Pablo Rodríguez -los dos son vallisoletanos- está interpretada por la propia San Miguel y por Alfonso Mendiguchía.
Con Viaje al fin de la noche, la compañía cierra su trilogía sobre la violencia en el País Vasco y las secuelas del terrorismo que abrieron en 2012 con Proyecto 43-2, su primera pieza que dio nombre a la compañía y que responde a las coordenadas geográficas del árbol de Guernica. La obra abordaba cómo la violencia había roto las relaciones sociales y familiares. Después llegó La mirada del otro, que pudo verse en la pasada edición del TAC, en la que ponían en escena los encuentros reales entre víctimas de ETA y disidentes de la banda armada que tuvieron lugar en la prisión de Nanclares. Viaje al fin de la noche cierra el círculo. Es, según señala María San Miguel, «la pieza más cruda, la más radical, la más áspera de todas» al haberse tenido que enfrentar a jóvenes de su edad, a esa generación que «con un dolor inabarcable y con las heridas aún abiertas, sufre las consecuencias del desgarro».
Las tres piezas tienen en común que ponen el foco el ser humano. También que son fruto de una ardua tarea de investigación. Para este último montaje han recogido testimonios y se han entrevistado con una veintena de familiares de víctimas del conflicto vasco que se van desgranando a lo largo de la función mientras en el aire planea la pregunta: ¿Es posible construir una nueva sociedad a pesar del dolor y la herencia recibida?
Entre esas entrevistas, la que mantuvo con Sara Buesa, hija de Fernando Buesa. «Fue contundente. Coexistir, coexistimos, me dijo, pero convivir es mucho más complicado».
Viaje al fin de la noche habla de la realidad «y de la actualidad tras el anuncio realizado por ETA de su disolución», dice San Miguel y utiliza el escenario como medio para remover conciencias. Y es que España, lamenta, «es un país que apuesta por el olvido. Tenemos un problema con la memoria. No la cuidamos nada y preferimos enterrarla. Por eso, el teatro sirve para poner las cosas y los recuerdos en su sitio».
«La realidad es muy dura pero lo que más me gusta es que todos los personajes son supervivientes y luchan por encontrar una sociedad mejor para sus hijos, una sociedad en paz».