Diario de Valladolid

«Las obsesiones pueden destrozarnos la vida»

El autor de ‘El crédito’ o ‘El método Gronhölm’ sube a las tablas del teatro Zorrilla este domingo su primera obra: ‘Dakota’, una comedia con la que invita a analizar las neurosis del hombre contemporáneo

Yolanda Blanco, Joaquín Murillo y Luis Rabanaque en una escena de ‘Dakota’  que llega este domingo al teatro Zorrilla.-EL MUNDO

Yolanda Blanco, Joaquín Murillo y Luis Rabanaque en una escena de ‘Dakota’ que llega este domingo al teatro Zorrilla.-EL MUNDO

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Ana de la Fuente

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El teatro Zorrilla sube el telón este domingo (19,00 horas) para poner en escena Dakota, la primera obra del dramaturgo Jordi Galcerán -autor también de El método Gronhölm y El Crédito- con la que invita a analizar las neurosis del hombre contemporáneo. Una comedia que navega entre la delgada línea de la realidad y la fantasía y cuyo argumento gira en torno a la historia de Hipólito Jarama, un dentista muy reconocido que, tras un accidente, sueña con extraños personajes que predicen el futuro. En uno de estos sueños aparece Laura, su mujer, besándose con un protésico dental. Hipólito necesitará comprobar si este presagio se cumple en la realidad. Dirigida por Carlos Martín, está protagonizada por Joaquín Murillo, José Luis Esteban, Luis Rabanaque, Yolanda Blanco y Francisco Fraguas.

Pregunta.- ¿Fue Dakota la culpable de que se convirtiera en dramaturgo?

Respuesta.- Posiblemente ya que fue la primera obra que estrené profesionalmente. Antes solo había escrito obras para teatro aficionado o alguna comedia para mi grupo de teatro, pero Dakota fue la primera que se estrenó con una compañía profesional y la verdad es que fue muy bien y tuvo mucho éxito. Por eso le tengo tanto cariño.

P.– Han transcurrido ya más de veinte años desde su estreno. ¿Cómo ha soportado el paso del tiempo?

R.– Perfectamente porque los temas que aborda son temas universales y atemporales. Habla de sentimientos y emociones y eso no cambia nunca. Quizá alguna escena había quedado obsoleta como, por ejemplo, con la que arrancaba la obra en la que el protagonista hablaba por teléfono desde una cabina, algo impensable ahora, pero, por lo demás, la obra ha envejecido perfectamente.

P.– ¿Cree que es su obra más surrealista?

R.– Sí y, quizá, es también la obra de todas las que he escrito que más me divierte. Creo que la escena de la cena es la mejor historia de comedia que he escrito nunca.

P.– ¿Y cómo surgió esta idea tan loca?

R.– Comencé a escribir jugando con lo absurdo y con la sorpresa y me fui dejando llevar por una historia totalmente surrealista que no sabía muy bien dónde me iba a conducir. La historia fue creciendo poco a poco y acabó convirtiéndose en una obra sobre los celos y las obsesiones.

P.– Unas obsesiones que, a priori, parecen un tanto enfermizas...

R.– Cuando la obra se estrenó en Barcelona, recuerdo que el colegio de psicólogos compró una función. Vinieron a verla ejemplificándola como un caso preciso de un psicótico celotípico.

P.– ¿Qué prima más en sus historias la trama o los personajes?

R.– Yo soy un escritor de tramas. Me gusta viajar por las historias y luego ir construyendo los personajes en torno a ellas. Me ocurre lo mismo como espectador.

P.– A pesar de ser una comedia, Dakota arranca con una tragedia....

R.– Yo creo que muchas veces la comedia y la tragedia están muy unidas. Nos divertimos más cuanto más vemos sufrir a un personaje. Si no duele, no es divertido, y en todas mis comedias siempre subyace una historia trágica. El punto de partida de las obsesiones del protagonista de Dakota es la muerte de su hijo. A partir de este suceso ‘enloquece’. Dakota, aun siendo una comedia muy divertida, de lo que habla, en el fondo, es de hasta dónde nos pueden llevar nuestras obsesiones y nuestra percepción subjetiva de las cosas. El protagonista se obsesiona con un sueño absurdo y a partir de aquí su vida comienza a desmoronarse. Y es que muchas veces nos obsesionamos con algunas cosas que no merecen la pena y que nos llegan a destrozar la vida.

P.– ¿Y cómo es la puesta en escena?

R.– Como la obra: surrealista. Contrariamente a lo que a mi me gusta que es un teatro muy simple en un escenario y en tiempo real, aquí hay muchas escenas, hay sueños... Es una puesta en escena que recoge también la idea onírica que subyace en la obra.

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