CREAVA / ‘ARCADIA’, EN LA GALERÍA JAVIER SILVA, HASTA EL 16 DE ABRIL
Fadrique reflexiona sobre el arte con fragmentos y vacíos
Indaga sobre la naturaleza y límites del hecho creativo jugando con la perspectiva del espectador

Jonás Fadrique, en la Galería Javier Silva, junto a una de las obras de la serie ‘Arcadia’.-PABLO REQUEJO
Cuando cruce el umbral de la Galería Javier Silva (calle Renedo, 8), descubrirá a sus pies un dispositivo como los que acompañan los carteles de advertencia de no franqueo en, por ejemplo, las estaciones de metro. A diferencia de lo que ocurre con aquellos, junto al dispuesto por Jonás Fadrique (Valladolid, 1989) no se coloca advertencia alguna, no se levanta un muro invisible en un sentido concreto –¿hacia el fondo de la sala, hacia sus laterales, hacia la salida...?–. El espectador, de inicio, es invitado a reflexionar sobre la perspectiva que ha de tomar con Arcadia, la nueva exposición individual del autor de propuestas como Zozobra.
Una serie con la que Fadrique regresa a la Galería Javier Silva, después de su exposición conjunta con Eloy Arribas en 2014 (SummerNap), y que supone una invitación a meditar sobre el propio hecho creativo, sobre sus límites, sobre los cánones académicos, sobre cuánto puede haber de artístico en el devenir cotidiano y accidental de una urbe.
Fadrique, que en la actualidad continúa su formación en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París, es un artista que se nutre de la vida en la ciudad, que enraíza su intuición en los rincones más insospechados de la polis: huertos urbanos en los que crece una naturaleza quizá innecesariamente domesticada, solares en los que permanece erguido e intacto el recuerdo de un mundo clásico, pedazos levantados de asfalto, objetos que cautivan su mirada por su belleza estética... El creador incorpora estos elementos o se inspira en ellos, reproduciéndolos, en Arcadia, pero nadie puede adivinar qué parte es fruto del taller de Fadrique o qué parte ha sido recuperada por él para mostrarla en otro contexto. ¿De dónde procede ese puño de cemento que descansa en un pedestal? ¿A quién pudo representar?
Occidente, advierte, no podrá desprenderse jamás de sus referentes artísticos. «Eso condiciona: no se puede construir desde la nada, todo hay que repensarlo», advierte el vallisoletano, que recuerda que en estos tiempos una obra de arte no gana valor porque esté realizada por el artista. Esos referentes flotan como elementos intangibles en una exposición que se sirve de los vacíos, completando o dirigiendo la interpretación del espectador, que bien puede ver ante él un templo clásico en lo que es (o quizá no) un invernadero de plástico, o recordar el disparate de la censura a Sierra en ARCO.
Con el apoyo de la FMC, permanecerá hasta el 16 de abril.