EXPOSICIÓN EN EL HERRERIANO / "ARCHIVO DE HISTORIA"
Cien imágenes, miles de historias
El Museo reúne un centenar de fotografías de maestros como Man Ray, Berenice Abbot o Helmut Newton procedentes de la galería Howard Greenberg

Algunas de las fotografías que hasta el 1 de abril podrán visitarse en la sala 2 del Museo Herreriano.-J. M. LOSTAU
Un centenar de fotografías, en su mayoría en blanco y negro, seleccionadas por su valor documental y, sobre todo, artístico, han viajado desde la prestigiosa galería Howard Greenberg de Nueva York hasta el Museo Patio Herreriano. Muchas se exponen ahora por primera vez y pertenecen a maestros y referentes de la fotografía como Berenice Abbott, Araki, Manuel Álvarez Bravo, William Eggleston, Walker Evans, Allen Ginsberg, Helmut Newton o Man Ray.
Del archivo a la historia realiza un recorrido por la fotografía del siglo XX desde la mirada de 57 fotógrafos estadounidenses invitando a releer la historia. «No es ninguna monografía, es una colección clásica, casi una exposición de arqueología que bucea en las profundidades de la fotografía a través de una serie de imágenes que no están destinadas al gran público sino al coleccionismo», señaló ayer Anne Morin, comisaria de la muestra.
La exposición recoge todo un siglo en imágenes. Desde una fotografía de 1900 de Eugener Atget del hotel de la Brinvilliers en París hasta la que, bajo el título Sillas abandonadas en Fog, realizó Mark Citret en 2010. Entre una y otra, un centenar de imágenes y miles de historias que «juegan entre ellas, se yuxtaponen y, en ocasiones, se contradicen. Porque cada una de ellas, gracias a la presencia de las otras, se transforma para contar otra cosa nueva», celebra Morin.
Aunque no están dispuestas por orden cronológico, la exposición realiza un viaje por el siglo XX. Desde emblemáticos edificios neoyorkinos como el de Telefónica o calles como La Quinta Avenida que inmortaliza la cámara de Berenice Abbott, hasta escenas cotidianas: Patinaje sobre hielo (Hentri Lartigue), Juegos con tizas (Annie Leibovitz) o Durmiendo en el metro (Arthur Leipzig). Tampoco faltan retratos de rostros tan conocidos como Ingrid Bergman posando para la cámara de Gordon Parks o los que el gran maestro de este género, Arnold Newman, realizó a Marcel Duchamp, Igor Stravinsky o a Otto Frank en el ático de la casa de Amberes donde su hija, Ana Frank, se escondió durante la ocupación nazi.
Impactantes retratos que resumen lo que Newman solía decir: «No soy capaz de retratar el alma, pero puedo enseñar una parte fundamental de ella».
Cada imagen es el comienzo de una historia. Son fotos realizadas con la cámara, pero también con la mente y con el corazón como las de Vivian Maier, la niñera fotógrafa, o las que reflejan la alegría de unos pequeños asomados a una ventana de una casa abandonada en medio de la nada que realizó Lewis Hine o las de unos niños chinos en un campo de refugiados del maestro Bischof.
Y es que todos, apunta Morin, «tejieron una historia transversal de la fotografía que ha contribuido a la gestación de grandes iconos».