Diario de Valladolid

LIBRO / INVIERNO DE AMAPOLAS

«La cultura debería ser la gasolina del cambio social»

Tito del Muro presenta un ‘thriller’ de corte histórico cargado humanismo e intensas emociones

El escritor Tito del Muro posa con su nueva obra, ‘Invierno de amapolas’.-J.M. LOSTAU

El escritor Tito del Muro posa con su nueva obra, ‘Invierno de amapolas’.-J.M. LOSTAU

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Elsa Ortiz

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Viajar en el tiempo hasta enero de 1905 para retrotraerse a la actualidad a través de una crítica moral. Sumergirse en los resquicios de la Rusia zarista prerrevolucionaria para comprender que estamos viviendo un cambio social en el que la «cultura debería ser la gasolina que alimente su motor». Ideas que dictan las páginas de Invierno de amapolas, en las que la trama entremezcla estilos con el objetivo último de volver a reconciliar al ser humano consigo mismo.

En consonancia con este hilo conductor, la palabra «humanismo» sintetiza la obra que Tito del Muro presentó en la tarde de ayer en la ciudad del Pisuerga. Asimismo, es el rasgo que mejor encabeza su carta de presentación. «Definirme como persona y como escritor es algo que está íntimamente relacionado porque cuando un autor siente su trabajo de verdad, se convierten en indisolubles. Y en mi libro, de alguna forma, dejo una parte de mí».

Invierno de amapolas es un thriller de corte histórico en el que la traducción de esta acepción inglesa cobra sentido al abrazar «una novela cargada de intensas emociones» en la que la ambición, el amor o la lujuria acompasan los ideales elevados y los fuertes sentimientos de una época donde la vida era un bien que apenas se podía disfrutar, las persecuciones al azar era una constante y la policía política presumía de mayor poder que el ejército.

Del Muro compara leer un libro con escuchar música. «Uno no está esperando a que acabe la canción que está sonando si no que se impregna de la melodía y disfruta de cada fragmento». Premisa que traslada a su escritura para conseguir que la «lectura se convierta en un deleite en el que todas las páginas sean tan importantes como la totalidad de la obra».

Cada personaje es una rueda del engranaje de la trama que alimenta la historia. Sin embargo, el conductor de la locomotora a la que se van subiendo el resto es un periodista que «hace las veces de Pepito Grillo, siendo el abogado de las causas épicas como respuesta al compromiso, de un idealista con los pies en la tierra, con su oficio y con la verdad», resume Del Muro.

Aunque no es el motivo principal, la reflexión también tiene cabida en una obra que pretende «ser comercial, es mi oficio y vivo de ello, por lo que tengo que llegar al público. Sin embargo, cualquier comunicador tiene una responsabilidad social muy importante que yo pretendo utilizar para construir conciencias a sabiendas de que la novela nace como un medio de entretenimiento».

Mezclar ficción con realidad exige una ardua labor de documentación que se compensa con ciertas licencias para poetizar en un viaje en el tiempo que disfraza cierto paralelismo entre épocas para facilitar la comprensión de tiempos convulsos e intentar recuperar esa función crítica que ha perdido la cultura. Todo ello sin olvidar que «si una obra no emociona, está mal hecha; y si te deja indiferente, no ha cumplido su labor».

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