Diario de Valladolid

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‘La vaga ambición’ de Ortuño por ser escritor de relatos de ficción

El mexicano, premio Ribera del Duero, presenta un libro de cuentos sobre la exaltación y la marginalización del oficio de escritor

El escritor mexicano Antonio Ortuño presenta su libro ‘La vaga ambición’, premio Ribera del Duero.-J.M.LOSTAU

El escritor mexicano Antonio Ortuño presenta su libro ‘La vaga ambición’, premio Ribera del Duero.-J.M.LOSTAU

Publicado por
Iria Torres

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Como quien aguarda la llegada de un tren con el billete ya comprado. Esperando ese justo momento en el que comienza el viaje. Metáfora, que se puede utilizar para explicar ese tren que tomó el último galardonado con el Premio Ribera del Duero. El mexicano Antonio Ortuño sabía que su vaga ambición siempre apuntó hacia el oficio de escritor. Tras 20 años esperando en el andén como periodista, llegó su esperado momento: aquel en el que uno puede ganarse la vida trabajando de su auténtica pasión, la escritura. Con una familia que rebosaba literatura, de madre y hermano con la poesía por vocación, y rodeado de estanterías repletas de libros, el niño tuvo que salir amante de las letras. Pero toda andadura llega a su destino, y tras dos libros de relatos: El jardín japonés y La señora Rojo, el reconocimiento llega en forma de galardón por su obra La vaga ambición de la editorial Páginas de Espuma.

Un libro compuesto de seis cuentos que se entrelazan entre sí a través de anécdotas y vivencias de un escritor. Entre biográfico y ficción, un cuarentón tendrá que enfrentarse a la vida con un único refugio: la escritura. Cinco de los relatos cuentan estas peripecias por sobrevivir en el mundo de las letras, mientras que el sexto cuento es un escrito propio del protagonista. «Un libro que revisa la escritura como medio de vida, y que lucha por sacarla de esta visión cursi», explica Ortuño. El escritor narra ese contraste que se va desarrollando en la obra entre el «ensalzamiento» de la literatura y lo «marginal» que la rodea. Un hombre que tiene como medio de salvación las letras, y que se envuelve en un estilo satírico.

«El protagonista acaba entendiendo que el mundo de la literatura es bastante patético, pero que la escritura sí que puede ser bastante sublime como medio», despunta el mexicano. Reconoce que ha aprovechado sus propias experiencias para «saquearlas» y nutrir el libro, pero nunca con el objetivo de crear una «autoconfesión». Son seis minis historias que, según el autor, abarcan el libro completo. «Fui construyendo cada cuento, incluido el último que se sale de la línea, para crear una colección. Aunque en este caso, se desarrolló desde el principio con una intención de leerlos en el orden que se presentan y de disfrutar las resonancias que hay entre los diferentes relatos, que crean un relación entre ellos», expone.

La obra introduce al lector en el oficio del escritor, sin adornos ni florituras, con malas reseñas, entrevistas vacías, presentaciones a medio llenar y una cuenta cada vez más en números rojos. Pero siempre, como afirma el propio jurado que le hizo ganador del Ribera del Duero, proponiendo a la escritura como «método de resistencia».

Ortuño reconoce que siempre supo que su pasión era escribir relatos de ficción, pero que el periodismo fue su instrumento para «mantenerse en el andén hasta el momento de permitirse saltar al tren de lo que quería ser», añade. Aprovechó los fines de semana y las vacaciones para escribir y continuar formándose, ya que «si no lees mucho no puedes escribir» y al final llegó su aventura literaria. Viaje, que define como una «suerte de vicio», como su tabaco. «Relaciono cada momento de mi vida con lo que estaba escribiendo. Me acuerdo cuando fui padre, estaba en un silloncito escribiendo en mi cuaderno», comenta con una sonrisa. Un libro con una gran riqueza literaria y un dominio exquisito que juega divirtiendo y conmoviendo a quien lo lee.

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