MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA ‘ARMARSE A LA SUERTE’

El MNE recrea la edad dorada de la tauromaquia

La muestra ilustra el nacimiento del toreo moderno a finales del XVIII con obras de Cháez o Goya.

Herrera y Bolaños contemplan la tauromaquia de Cháez.-ICAL

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Ana de la Fuente

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El Museo Nacional de Escultura dirige su mirada hasta finales del siglo XVIII para ilustrar el nacimiento de la tauromaquia moderna cuando, tras despojarse de lo circense y lo bufo, comienza a transformarse en un arte y a someterse a una técnica que culmina con la muerte del toro en una confrontación cara a cara. Escultura y tauromaquia se aúnan de este modo en la muestra Armarse a la suerte. Figuras de tauromaquia, inaugurada ayer por el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, y que podrá visitarse hasta el próximo 5 de marzo.

Tapices, estampas, documentos gráficos, vestidos de torear, esculturas o pinturas permiten visibilizar en las salas del Palacio de Villena la génesis de la tauromaquia moderna. «Estamos en el siglo de la fiesta, de la diversión, en el origen de los espectáculos de masas y de nuevas formas de ocio urbano», destacó durante la inauguración, la directora del Museo, María Bolaños.

Suertes taurinas, una tauromaquia realizada en madera policromada por el artista malagueño Juan Cháez (1750-1809) recibe al visitante en la primera de las salas. Es el único conjunto escultórico conocido dedicado a este tema que ilustra las reglas de la tauromaquia moderna.

Los lidiadores, en manos del destino, cuerpo a cuerpo frente al toro, escenifican cada una de las suerte de la lidia, desde el momento en que el toro sale a la plaza hasta que es arrastrado por las mulillas. Algunas figuras reproducen fielmente a toreros de la época como Pepe Hillo, Pedro Romero o Costillares.

Toda una enciclopedia visual que ayuda a conocer también la indumentaria de aquellos años con un minucioso trabajo de sastrería, galones o pedrería. Suertes taurinas se exhibe por primera vez ahora tras haber sido sometida a una exhaustiva restauración que ha devuelto a las piezas una apariencia más cercana a la frescura original.

El título de la exposición Armarse a la suerte, según explicó ayer María Bolaños, «remite figuradamente a ese lujo indumentario y al rito de ataviarse para la lidia. ‘Armarse’ significa revestirse, equiparse, guarnecerse, dar dignidad ceremonial al través del traje, a la gravedad del acontecimiento.

Y es que el cuidado del atuendo era el primer acto de esta fiesta ritual, cuyo núcleo por excelencia es la ‘suerte’, el sino, el terreno de la incertidumbre y el destino».

Junto a Juan Cháez, la exposición se sustenta también con obras de Francisco de Goya, Domingo Marqués, Isidro Carnicero o Lucas Velázquez.

La gran tauromaquia escultórica de Cháez da paso a una segunda sala que recrea cómo el estado llano se va apoderando de la lidia tras descubrir el valor del placer y de la fiesta, como se observa en el tapiz La novillada en el que Goya refleja el momento inaugural de la lidia plebeya y el comienzo del espectáculo.

Así, otra de las salas reproduce la conversión del albero en un espacio de juegos y la fiesta de los toros en un espectáculo urbano y multitudinario. La construcción de las primeras plazas, desde 1730, fomenta la sociabilidad moderna: el gozo del tiempo libre encuentra un recinto público propio. «La disposición circular de la plaza fomenta el encuentro y atenúa las barreras sociales», apunta María Bolaños. Buen ejemplo de ello es la pintura La plaza partida realizada por Eugenio Lucas Velázquez y que cuelga en una de las paredes.

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La exposición se completa con ‘El armario del majismo’, una colección de trajes y accesorios como un estoque y abanicos ilustrados con motivos taurinos para comprender todo el ritual. Todo un legado para conocer la suerte de la lidia pero también «para profundizar en la época en que confluyen los primeros aires liberales, la filosofía del placer, el entusiasmo por lo plebeyo, el racionalismo ilustrado, el amor al lujo y la aparición de nuevas formas de ocio urbano», celebra María Bolaños.