Seminci comienza con humor, valor y... el épico Sandokán
Fernando Lara, con su recuerdo a un director muy ligado a la Semana del Cine de Valladolid como Kiarostami, y la india Deepa Metha y su alegato contra la violencia de género arrancan los mayores aplausos de la gala
Privados, en esta ocasión, de la emoción que siempre entraña brindar un homenaje –y no será porque vayan a escasear los reconocimientos programados por el festival para los próximos siete días–, la 61 Semana Internacional de Cine de Valladolid alzó ayer el telón entregándose al humor de una Ana Morgade entonada, que perpetró alguna canción, imitó a un Clint Eastwood macarrónico, soltó algún contundente guantazo a la clase dirigente –como cuando presentó al cineasta y político argentino Fernando ‘Pino’ Solanas, por aquello de que también se puede amar la cultura aunque uno sirva a la res publica–, y se mostró graciosamente irreverente –‘Dicen que el vino es la sangre de Cristo... pues no iba a ser la Fanta’, dijo– cuando remarcó la estrecha unión del festival con los vinos de la tierra.
Hubo, sin embargo, algún momento para la contención. El primer gran aplauso se lo llevó el siempre bien recordado Fernando Lara, director de la Seminci entre 1984 y 2004. Él fue el encargado de presentar el ciclo dedicado al recientemente fallecido Abbas Kiarostami, un realizador, dijo, muy conectado a la esencia del festival vallisoletano. «Tenía un sentido humanista de un cine enraizado a la sociedad; la naturaleza era parte fundamental, y rincones de Castilla y León le recordaban el paisaje de su Irán; y con su cine dio a conocer la realidad de su pueblo», enumeró Lara, resumiendo algunas de las claves del cineasta que él contribuyó a dar a conocer en España.
También sonoros fueron los aplausos cosechados por la directora india Deepa Mehta, que subió al escenario del Teatro Calderón para presentar Anatomía de la violencia, en la que reconstruye la violación de una joven por parte de seis individuos en un autobús de Nueva Delhi, en 2012. «No es una película sobre la víctima, sino sobre los violadores. Quiero reflexionar sobre qué lleva a unos hombres a portarse como monstruos», dijo la autora de Agua o Freda y Camilla. Mehta, que aseguró no querer hacer «un discurso de políticos», sacudió al patio de butacas cuando dijo que «es momento de poner fin a la violencia sobre las mujeres», animando a los hombres «a que se sumen en ese empeño».
Por lo demás, en esta ocasión fue el realizador y actor Raúl Arévalo el encargado de leer –cumplidor, sin más– la carta del director de la Seminci, Javier Angulo, en la que proclama su empeño en acercarse a «las nuevas generaciones», en las que está depositado «el futuro de la subsistencia del cine en sala». Hay que «invitarles» a descubrir el cine de autor para que «puedan entender mejor el mundo que les rodea», sostiene el responsable del festival.
Al humor, al recuerdo evocador de un director que es historia de Seminci y al compromiso de una directora valiente que alza la voz contra la sociedad machista de su país –contra la de cualquiera, en realidad–, se sumó ayer la épica de ver sobre el escenario del Calderón al aún imponente Kabir Bedi (Bombay, 1946), Sandokán, que recibirá el homenaje de la Seminci.