SAN BENITO OBRAS DE LA COLECCIÓN COTRONEO

Paolo Ventura, el artesano que fotografía lo soñado

La sala municipal descubre la obra del italiano, composiciones teatrales que crea desde la memoria

Un hombre contempla dos fotografías de la serie ‘The bird watcher’, en San Benito.-PABLO REQUEJO

Publicado por
Julio Tovar
Valladolid

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San Benito, templo vallisoletano consagrado a la fotografía, ha llenado sus paredes a lo largo de los años con trabajos de grandes artistas como Vivian Maier, Saul Leiter, Helen Lewitt o Lewis Hine, por ejemplo. A través de su mirada, y más allá de cualquier consideración estética, ha sido posible asomarse al pasado, descubrir lo que fuimos, para lo bueno o para lo malo;todos ellos, a su modo, cumplían con cierto afán documental. Con menos frecuencia se han deslizado en la sala municipal artistas como Joan Fontcuberta, por citar a uno de ellos, que han usado la fotografía para recrear su propio universo fantástico, jugando con los límites entre la realidad y ficción. Paolo Ventura es uno de éstos, un creador inusual, un artesano de la fotografía que es, a la vez, pintor, sastre, escenógrafo y miniaturista.

El artista milanés (1968) se presenta en Valladolid de la mano de los coleccionistas Giovanni y Anna Rosa Cotroneo. Ventura es un contador de historias, un fabulador que fotografía lo intangible, un creador con sentido teatral –y cinematográfico– que da forma a los cuentos de su infancia, a sus recuerdos, a la memoria de un pueblo marcado por la Segunda Guerra Mundial. «Su abuela daba testimonio del sufrimiento, pero había esperanza después de todo, cosa que no pasa ahora con la crisis», explicó el corresponsable de la colección durante la inauguración de la muestra. «Paolo Ventura es un soñador, un chico casi, que tiene la capacidad de abstraerse de la realidad», matizó ella.

Y Ventura sueña con el mundo del circo, con su liviano vendedor de globos y con el hombre pájaro; imagina la llegada de la Muerte al campo de batalla o fabula con hombres que aparecen –o desaparecen– en mitad de la calle. Todo ello a partir de series como Historias de invierno o Souvenir de guerra, o de Historias cortas como El soldado napoleónico, El hombre en la maleta o Gemelos, que se despliegan en San Benito. Y lo hace cultivando una estética como de estampa antigua, brumosa, fantasmal.

Juega Ventura con efectos visuales, con la luz y el maquillaje para crear unas composiciones teatrales –mención aparte, por su obsesión por el detalle, merece un diorama al que uno se asoma a través de una pequeña mirilla– donde es difícil, a veces, distinguir si en lo fotografiado hubo realidad o sólo alguno de los trampantojos que se exhiben en la sala para que el público participe en la simulación. Personajes de carne y hueso como los del Lanzador de cuchillos parecen surgidos del maletín de un titiritero, mientras que los maniquíes que se atrincheran en la contienda se confunden con soldados reales.

«He trabajado como si tuviera que escribir los sueños apenas soñados, aquellos que se desvanecen después del café». Son palabras del propio artista, recogidas por la comisaria de la exposición, Enrica Viganò, que detalló el proceso de creación en el que se enfrasca el italiano con cada serie, que comienza con un boceto y acaba con el diseño y confección de cada vestuario, de cada escenario.

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Paolo Ventura. Obras de la Colección Cotroneo, Roma permanecerá en la sala de exposiciones de San Benito hasta el próximo 11 de diciembre.