SEMINCI. SECCIÓN OFICIAL
Morais cierra con ‘La Madre’ su «trilogía del abandono»
El vallisoletano presenta su último trabajo en el ‘Día de España’ tras su estreno en el Festival de Montreal
El director vallisoletano Alberto Morais presentará su última película La Madre en el marco de la Seminci. Será su première europea tras su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Montreal. Se proyectará el martes 25 formando parte de la programación del Día de España. La madre es el cuarto largometraje de este cineasta, nacido en 1976, que debutó en 2008 con el documental Un lugar en el cine. Después llegarían Las olas (2011) y Los chicos del puerto (2013).
No es la primera vez que Morais participa en la Seminci. Ya lo hizo en Tiempo de Historia con Un lugar en el cine. Ahora competirá por el máximo galardón en la Sección Oficial junto a cineastas de la talla de Paskaljevic, Deepa Mehta o Yogi Yamada. «Estoy muy orgulloso de poder estrenar esta película en mi ciudad y hacerlo, además, en un festival de tanto prestigio. Para mi este hecho tiene un valor afectivo muy grande ya que redondea mi historia con el cine puesto que estudié en la Cátedra de Cine de Valladolid, la más antigua de España».
La madre es un drama sobre el desarraigo, «una película sobre el abandono», apunta Morais, que tiene su origen en la suma de distintas circunstancias. «Es un tema que venía trabajando desde Las olas, mi primera ficción, y que también abordé en Los chicos del puerto, que se desarrolla en una sociedad inmersa en una crisis que se ceba con la infancia». Esa madre que da nombre al título es la que precisamente está ausente. La madre pone, en este sentido, el punto final a una «trilogía del abandono, aunque involuntaria», matiza Morais.
Protagonizada por Laia Marull, Nieve de Medina y Javier Mendo, la historia gira en torno a Miguel, un chico de 14 años que vive con su madre y que debe encargarse de realizar todas las tareas de la casa ya que ella es incapaz de tener una vida normal. Tras pasar por un centro de menores, al que no quiere regresar, la madre decide que se vaya a otro pueblo donde reside un antiguo amante rumano, un trabajador afectado por la crisis. Allí deberá compartir el espacio con un padre que no es su padre y con un hermano que no es su hermano. Su única obsesión será volver a vivir con su madre pero ella desaparece. Miguel se convertirá entonces en un superviviente en busca de una madre «de verdad», no sólo un nombre que figura en el libro de familia.
«El chico busca una normalidad que su madre no le puede dar, pero tiene la obsesión constante de volver con ella», apunta Morais que vuelve a poner los ojos sobre la infancia al igual que hizo con Los chicos del puerto. «Me gusta centrarme en los más desprotegidos».
Y aunque a priori podría parecer que La Madre es un drama social, Morais huye de esta etiqueta. «Yo prefiero hablar de naturalismo o de neorrealismo. Lo que me interesa es descubrir la realidad como documento. Yocreo que, además de entretener, el cineasta tiene que dar fe del tiempo en que vivimos. Me interesaba mostrar la descomposición social y estructural que se está llevando a cabo en Europa y, aunque siempre ha existido la lucha de clases, quería subrayar la batalla por la supervivencia del lumpenproletariado». Morais, sin embargo, matiza que La madre no es una película moralizadora. «No creo en los buenos y en los malos. Salvo los muy privilegiados, todos vivimos en un estado de urgencia o de emergencia».
Consciente de la situación actual que atraviesa el cine, se siente «afortunado» al haber contado para esta película con el apoyo del Ministerio de Cultura y de la Generalitat Valenciana pero lamenta el tratamiento que se le da a la cinematografía en España «y en general a toda la cultura», dice. «Yo creo que un país que no cuida la cultura no se quiere a sí mismo».
En este sentido, resalta que le sorprendió comprobar cómo en Rumanía -país coproductor de la película- «se otorga muchísimo valor a la cultura y a los actores. Todos ellos son funcionarios y presumen de haber estudiado en el Teatro Nacional. Para ellos es como haber estado en la Nasa».