ENTREVISTA A PABLO CHIAPELLA, ACTOR
«Si siempre queremos tener la razón, las cosas no cambiarán»
Conocido por su papel de Amador en ‘La que se avecina’, llega al teatro Zorrilla para presentar ‘La puerta de al lado’ junto a Silvia Marsó. Una comedia en la que dan vida a dos vecinos que se detestan «cordialmente»

Pablo Chiapella.-
Son dos solteros en plena crisis de los cuarenta. Dos vecinos que se detestan «cordialmente» y cuyas vidas son totamente antagónicas. Una pareja imposible, o «casi imposible». Una psicóloga antisocial y de mente cuadriculada (Silvia Marsó) y un directivo de marketing, vividor y fiestero (Pablo Chiapella) llegan al teatro Zorrilla los días 3 y 4 de septiembre para poner en escena La puerta de al lado bajo la dirección de Sergio Peris-Mencheta.
Pregunta.- Una historia de amor de dos personas que no tienen nada en común y que acaban enamorándose. Así, a priori, podría recordar las comedias americanas de los años cuarenta. ¿Pablo Chiapella y Silvia Marsó son los nuevos Cary Grant y Doris Day del siglo XXI o más bien La Puerta de al lado se asemeja más a La guerra de los Rose?
Respuesta.- Un poco ambas cosas y, aunque pueda parecer que es una historia que se ha contado mil veces, no es así. La puerta de al lado es una historia de amor al uso que no es nada al uso. Los dos protagonistas son dos triunfadores en sus respectivas profesiones pero ninguno ha sido capaz de encontrar el amor verdadero y recurren a algo tan de moda actualmente como es internet. Aunque los espectadores sepan cómo va a acabar la historia, la batalla dialéctica entre los protagonistas es tan brutal que mantiene al público enganchado a la historia durante los noventa minutos. La puerta de al lado invita también a descubrir que el éxito del amor no depende de la compatibilidad entre los miembros de la pareja.
P.- ¿Y usted cree que Internet puede ser una solución para acabar con la soledad y encontrar pareja?
R.- Pues funciona y lo digo porque conozco a un montón de parejas que se han conocido a través de las redes sociales y siguen juntos. Es verdad que se termina un poco con la magia del cortejo, pero siempre hay una primera vez en la que te acabas encontrando cara a cara y ahí es donde tienes que darlo todo (jajaja).
P.- Cuanto más se conocen menos se soportan pero acaban enamorándose. ¿Podría tratarse de una terapia recíproca?
R.- Totalmente. La obra es una batalla campal entre dos personas antagónicas, una psicóloga y un gerente de una empresa de yogures, ambos triunfadores en sus trabajos, pero incapaces de enamorarse y que no tienen nada que ver entre ellos. Poco a poco, como si de una terapia se tratara, irán despojándose de su zona oscura y el uno acabará sanando al otro y cubriendo una necesidad que el otro no sabía que tenía. Ambos van aprendiendo a descubrir sus debilidades y sus defectos y, sobre todo, a reconocerlos. Será el primer punto de partida ya que sin aceptar su lado oscuro es imposible que vivan en paz. Las cosas no pueden cambiar si siempre pretendemos tener la razón y esto no es exclusivo solo en las relaciones de pareja.
P.- Su personaje comparte algunas aristas con el que interpreta en La que se avecina. Como Amador, el protagonista también es vividor, fiestero, vecino.... Es inevitable compararlo con el papel que tanta popularidad le ha dado ¿Le molesta? ¿Teme que le encasillen?
R.- Es verdad que comparte ciertas aristas con Amador pero era un reto que quería asumir para poder demostrar que ambos personajes no tienen nada que ver. En La puerta de al lado, el protagonista medita, tiene un nivel cultural alto, sabe relacionarse y Amador no sabe hablar y lo de meditar... ni te cuento (jajaja). Y aunque preferiría que no me relacionaran siempre con el personaje de Amador - al que le debo muchísimo- prefiero que me encasillen y trabajar con continuidad que estar en mi casa y no tener trabajo.
P.- El éxito de Amador reside en la excentricidad de su personaje y en sus expresiones. ¿Se le ha escapado alguna ‘morcilla’ en La puerta de al lado?
R.- No me ha pasado nunca ya que los guiones están muy definidos pero es inevitable que algún gesto o alguna mueca pueda recordar en algún momento a Amador porque los dos personajes compartimos la misma materia prima.
P.- En esta obra hay un ‘árbitro’ en la contienda que es Litus que hace música en directo. Uno de sus temas se titula Hablo tu idioma pero no te entiendo. Parece también el título de lo que está pasando actualmente en España...
R.- Tal cual. En esta obra, como ocurre en la política, cada uno reniega del otro y es imposible que lleguen a un acuerdo sin ceder. Por eso, no estaría mal que los políticos fueran a ver esta obra. Se darían cuenta de que dos personas que no tienen nada que ver entre sí acaban besándose. Podrían tomar nota de lo importante que es dialogar y dejar de discutir ¡A lo mejor, lo que toca ahora es que nos besemos un poco más!