Diario de Valladolid

EXPOSICIÓN

El MNE aviva las últimas llamas del gótico alemán

El Palacio de Villena despliega la «presentación más completa y relevante» del Siglo de Oro alemán, descubriendo por primera vez en España la obra de escultores como Stoss y Riemenschneider

En primer plano, ‘Virgen con el niño’ de autor desconocido; a la izquierda, ‘Ángel’ de Erasmus Grasser; a la derecha, ‘San Sebastián’ de Von Leyden.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS

En primer plano, ‘Virgen con el niño’ de autor desconocido; a la izquierda, ‘Ángel’ de Erasmus Grasser; a la derecha, ‘San Sebastián’ de Von Leyden.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS

Publicado por
Julio Tovar
Valladolid

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Entrar hoy en el Palacio de Villena de Valladolid es como abrir una ventana a orillas del río Spree desde la que contemplar la Isla de los Museos de Berlín, con el Pergamonmuseum, la Alte Nationalgalerie o el Bodemuseum. Hasta el próximo 6 de noviembre, la sede del Museo Nacional de Escultura reúne medio centenar de tallas procedentes del último de ellos con las que evocar los Últimos fuegos góticos en la escultura alemana.

Esculturas arrancadas a la madera de tilo con las gubias, formones y escoplos de maestros como Veit Stoss, Hans Thoman, Hans Leinberger o Tilman Riemenschneider. «Ponen ante nuestros ojos la elegancia de sus formas curvilíneas, la suave dulzura de sus gestos, la maestría de sus tallas», advirtió ayer María Bolaños, directora del Museo Nacional de Escultura y principal artífice de la llegada de estas obras a Valladolid.

El origen

Así lo reconocieron ayer Michel Eissenhauer, director de los Museos Estatales de Berlín, Peter Temple, embajador alemán, y Miguel Ángel Recio, director general de Bellas Artes y Bienes Culturales. Últimos fuegos góticos. Escultura alemana del Bode Museum, en la que han participado el Ayuntamiento de Valladolid y la Junta de Castilla y León, nació de la colaboración del Museo Nacional de Escultura y del Museo Nacional del Prado con la Gemäldegalerie de Berlín, que desde hace unos días presenta El siglo de oro. La era de Velázquez.

«Esta exposición nos restituye un paisaje fiel de la plástica germánica en torno a 1500, de su sensibilidad artística y de sus desafíos técnicos. Nos trae un puñado de grandes maestros, aunque desconocidos», advirtió Bolaños antes de inaugurar una muestra que se articula en seis capítulos: ‘La escultura a través de un vasto país’, ‘El arte de la devoción’, ‘Del bosque a la estatua: una refinada cultura de la madera’, ‘Personalidades artísticas’, ‘Arte para un nuevo tiempo: placeres profanos’ y ‘Un mundo sin estatuas’. «Últimos fuegos góticos es la presentación más completa, relevante e innovadora realizada en España sobre este momento clave de la escultura alemana, su Siglo de Oro en las décadas anteriores a la Reforma», resumió la responsable del MNE y de una exposición que ha dirigido junto a Julien Chapuis, del Bode Museum.

En el relato que despliegan las tallas en el Palacio de Villena, advirtió Bolaños, se desvela mucho más que un importante capítulo de la historia del arte alemán. Las obras de Hans Thoman, Erasmus Grasser, Hans Brüggemann o del Maestro de Altötting también hablan de una forma de entender la religión, del auge de unos artesanos de la talla que abandonan el anonimato para convertirse en renombrados artistas, de una manera de disfrutar el arte que se reorienta desde el goce común a otro más íntimo y recogido... Y todo con la sombra de la Reforma, que acabaría por prender las llamas.

«Basta con mirar a los ojos de madera de los Evangelistas de Riemenschneider –el escritor Thomas Mann, señaló Bolaños, le definió en 1945 como el modelo de hombre libre y justo– para comprender ese estado de ánimo ansioso de verdad que ganó la vida espiritual alemana de finales del siglo XV», advirtió la directora del MNE.

Fueron tres generaciones de escultores, designados con el apelativo de ‘románticos del siglo XV’, las que nutrieron con su imaginería la mirada de los devotos en las iglesias –sólo en Nuremberg, entre 1488 y 1491, se realizaron 23 retablos–, así como las de los mercaderes, burgueses y gobernantes que se convirtieron en sus clientes.

Como no podía ser de otra manera en aquella Europa del siglo XVI, que acaba dividida y desangrada por las guerras de religión, también el arte pagó el precio de la intolerancia con el auge del luteranismo y el rechazo a la devoción a la iconografía sagrada. El despertar renacentista también contribuyó a la extinción de un fuego que se mantuvo vivo entre 1470 y 1530.

«Aquí, la metáfora del fuego tiene varios sentidos. Fuegos, porque este final gótico desapareció en pleno fulgor creativo y porque sus formas llameantes y flamígeras traducen el sentimiento de inquietud espiritual de su tiempo. Fuegos, finalmente, como evocación de las hogueras en las que ardieron las esculturas de los retablos, víctimas de la violencia que divide a Europa a comienzos del siglo XVI, momento en el que concluye esta exposición», explicó Bolaños.

De forma paralela a la exposición, el MNE ha diseñado un programa de actividades que incluye tres conciertos este mes de julio, en el patio del Colegio de San Gregorio (22.00H): mañana actúa Damián del Castillo y David Aijón con obras de Schubert; el día 15, Íñigo Aranzasti y Alberto Martínez con Bach, Haendel y Telemann; el 20, el Dúo Moreno Gistaín, con Brahms y Schubert.

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