Diario de Valladolid

antonio romo pedraz, premio castilla y león de valores humanos 2014

«Yo sólo he soplado para avivar las llamas que ya estaban encendidas»

El jurado destaca sus «valores de solidaridad, integración sociolaboral y su dedicacióna los más desfavorecidos» desde su parroquia salmantina de Puente Ladrillo

El sacerdote Antonio Pedraz en su parroquia de Puente Ladrillo-Ical

El sacerdote Antonio Pedraz en su parroquia de Puente Ladrillo-Ical

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Ana de la Fuente

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El sacerdote Antonio Romo Pedraz ha sido distinguido con el Premio Castilla y León de Valores Humanos por representar, desde su parroquia de Puente Ladrillo, en Salamanca, «los valores de la solidaridad, la integración sociolaboral y su dedicación a los más desfavorecidos», según consta en el fallo del jurado reunido este lunes en Valladolid quien destacó, asimismo, su trabajo para «dar respuesta» a los problemas «que han ido surgiendo paralelamente a la evolución de la sociedad contemporánea».

La noticia le sorprendió en la parroquia de Santa María de la Asunción en el barrio de Puente Ladrillo, en Salamanca, donde lleva más de treinta años desempeñando una importante labor social y solidaria y de ayuda a los más necesitados. «El premio ha sido una gran alegría, aunque hay muchas personas que se lo merecen mucho más que yo», señalaba ayer con humildad. «Yo simplemente he cumplido con mi deber lo mejor que he podido».

Antonio Romo, que nació hace 75 años en el pequeño municipio de Aldealengua, afirma que los verdaderos protagonistas de esta historia son los vecinos de Puente Ladrillo, a los que les debe «todo lo que soy». «En este barrio he recibido mucho más de los que humildemente he podido aportar. Cuando llegué aquí hace treinta años me ganaron el corazón».

El proyecto social de Puente Ladrillo arrancó hace más de tres décadas. «Era una barriada situada en la periferia. Sus vecinos eran obreros vinculados a los talleres de Renfe y fueron ellos los verdaderos impulsores de este proyecto. Ellos fueron los que lucharon por conseguir que llegara al barrio el agua potable, el autobús, el alcantarillado o el alumbrado».

Sin embargo, todos reconocen que la labor de Antonio Romo al frente de la parroquia ha sido decisiva. Prueba de ello es un homenaje que sus vecinos le brindaron el año pasado al cumplirse los cincuenta años de su ordenación sacerdotal y la Medalla de Oro que la ciudad le concedió en 2001.

Los que le conocen destacan de él que es un ejemplo de humildad y de bondad y un gran luchador. Aunque él no está de acuerdo con estos calificativos. «Sólo cumplo con mi deber», repite una y otra vez. «Tan importante es lo que haces como la manera de hacerlo. Es fundamental poner ilusión, entusiasmo y entrega en todo», señala.

En su opinión, la solidaridad es el pilar fundamental sobre el que pivota esta parroquia. «Cuando llegué me di cuenta de que la solidaridad ya estaba presente en los vecinos. Ellos son la llama, las brasas de la lucha. Los demás lo único que hemos hecho ha sido soplar para avivar esas llamas que ya estaban encendidas. Soplar cuando las brasas podían apagarse por el individualismo, el derrotismo o la falta de ilusión. Pero con el trabajo y la convivencia el fuego volvía a avivarse enseguida», señala.

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