Diario de Valladolid

VIOLENCIA DE GÉNERO

El drama de la violencia de género: "Lo más importante y a la vez más difícil es que la mujer se reconozca como víctima"

La asociación Adavas, que atiende a mujeres maltratadas, reconoce que uno de los aspectos más duros es el proceso judicial porque «puede llegar a ser revictimizante»

Manifestación por las calles de Valladolid por el Día Internacional de la Mujer

Manifestación por las calles de Valladolid por el Día Internacional de la MujerICAL

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Valladolid

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Los datos y las estadísticas sirven para dimensionar la problemática de la violencia de género, pero no hay que olvidar que detrás de cada cifra hay una historia y una mujer maltratada. Todas ellas necesitan reponerse detrás del infierno sufrido, pero no pueden hacerlo solas. Es ahí donde entran en juego asociaciones como la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos (Adavasymt), que en Castilla y León tiene presencia en varias provincias y atiende a las víctimas de violencia de género para asistirlas en todo aquello que necesiten y acompañarlas en el complejo camino de recuperar su vida.

Desde Adavas Valladolid, entidad presidida por Concepción Minayo, desgranan a este periódico cómo es esa actividad fundamental que llevan a cabo. En este sentido, apuntan que «no existe un perfil de víctima» predefinido que permita acotar que tipo de mujeres se enfrentan a estas situaciones. «Tratamos con víctimas de violencia de género de todas las edades, nivel socio-económico, cultura, etnia…», afirman, a lo que añaden que tampoco existe un perfil de agresor.

En cuanto a su forma de proceder cuando acude a Adavas una mujer que ha sido víctima de violencia de género, la asociación cuenta con un protocolo en base al cual actual. «En primer lugar, debemos saber en qué etapa se encuentra la víctima respecto al reconocimiento de la violencia: si no se reconoce como víctima, si empieza a reconocer ciertas conductas de maltrato, si ha dado algún paso para salir o empezado a poner algunos límites…». Todas esas son posibilidades que se tienen en cuenta en este primer análisis, a fin de delimitar la mejor forma de abordar cada caso. «Debemos adaptar la intervención al momento en el que ella -la víctima- se encuentre, siempre teniendo en cuenta que nuestro trabajo consiste en acompañar a la víctima, no imponer nuestro criterio en la toma de decisiones», añaden también desde la asocición.

Agregan, en este punto, que « es importante conocer las formas de violencia que vive cada mujer para poder valorar posibles riesgos, poniendo a disposición de la víctima todos los recursos necesarios para que salga lo más rápido posible de la relación de maltrato, especialmente en aquellos casos en los que pueda peligrar su vida».

Y no es una labor fácil, puesto que es difícil encontrar dos casos iguales y en lo que influye también en gran medida que no siempre las víctimas se identifican como tal. «Lo más importante y a la vez más difícil es que la mujer se reconozca como víctima de violencia de género, haciéndole ver que hay salida», señalan desde Adavas. «Abordamos con ellas la posibilidad de poner una denuncia, pero sin obligarlas ni forzar la decisión, ya que lo más importante es que puedan salir de la relación de violencia, con denuncia o sin ella».

En el mismo sentido, desde la Asociación consideran «igualmente necesario proporcionar a la víctima toda la información posible desde el primer momento para que se sientan seguras y acompañadas en todos los pasos que den, pudiendo tomar decisiones conscientes».

Toda esta asistencia a las víctimas de violencia de género entraña cierta complejidad para los miembros de Adavas, aún que hay partes que suponen una mayor dificultad. A este respecto reconocen que «lo más difícil suele ser el proceso judicial, que puede llegar a ser revictimizante y en muchos casos no acaba en condena para el agresor, por lo que debemos trabajar con las víctimas para que, en caso de que el proceso judicial termine de manera desfavorable para ellas, no sientan que han fracasado o que no hay otras alternativas».

Concepción Minayo, de Adavas.

Concepción Minayo, de Adavas.PHOTOGENIC

«Lo más importante es apoyarlas para que puedan tener plena autonomía para rehacer su vida sin el maltratador, para lo cual existen numerosos recursos, ya sean de tipo habitacional, económico, terapéutico, etc», indican. Y, aunque nunca es un camino fácil, la esperanza siempre está al final del mismo, tal y como seañalan desde la asociación: «Por nuestra experiencia, la mayoría de las mujeres que solicitan ayuda logran superar la dependencia hacia su agresor y construir una vida libre de violencia».

Aunque no es lo habitual, ese procedimiento que permite a Adavas dar cobijo a las víctimas a veces se modifica para adaptarse a circunstancias particulares. «En algunos casos, aunque no es lo habitual, se han concedido custodias compartidas existiendo una condena por violencia de género, lo que sitúa tanto a la mujer como a los hijos en una posición de gran vulnerabilidad», recuerdan en este sentido, a lo que añaden que desde la asociación la opinión que defienden es que «debería estar prohibida esta medida en casos de violencia de género».

¿Y cómo se actúa cuando hay menores involucrados? Desde Adavas explican que «los y las menores son también víctimas directas de la violencia de género y además son mucho más vulnerables, por lo que lo más importante es que ellos estén protegidos, apoyando a la madre para que tome medidas para su propia protección y la de sus hijos, o alternativamente actuando de oficio en caso de que la madre no esté preparada para salir de la relación por sí misma.

Bajo todo este contexto, la pregunta que surge en muchas ocasiones cuando se habla de violencia de género es la de si existe alguna medida de prevención, y desde Adavas responden que «la prevención de la violencia de género se da a todos los niveles y en todos los ámbitos, desde la sensibilización de los más jóvenes para que no reproduzcan patrones violentos, hasta la detección temprana desde los servicios sociales o sanitarios, la intervención especializada para reducir las secuelas del maltrato y evitar futuras victimizaciones o la publicidad por parte de los medios de comunicación».

Y pese a todo, siempre hay retos por delante y casos especialmente complejos, como aquellos «en los que el agresor vuelve a agredir a la víctima después de la separación o el divorcio, ya que ellas se sienten muy vulnerables y desprotegidas». «Pero sin duda, los casos más difíciles de abordar son los de mujeres de la tercera edad, ya que necesitan un apoyo por parte de la familia (hijos, hermanos…) que muchas veces no tienen y terminan resignándose tras décadas de violencia», concluyen desde la asociación.

La policía como contacto de emergencia: los casos más extremos

La violencia de género es un auténtico infierno para cualquier mujer que la sufre, aunque en algunos casos el riesgo al que se enfrentan las víctimas e incluso sus hijos es máximo. De ahí que haya mujeres sometidas a una exhaustiva vigilancia de las autoridades a fin de protegerlas. Se trata de los casos más extremos, en los que las víctimas viven prácticamente con la policía como su contacto de emergencia como única barrera ante sus agresores.

Estas situaciones no son las más habituales, lo cual no evita que se produzcan en determinadas ocasiones. Los informes del sistema Viogén que actualiza mensualmente el Ministerio del Interior así lo ratifican y el último, correspondiente a marzo de este año, indica que de los 5.481 casos activos de violencia de género que se contabilizan en la Comunidad, dos cuentan con un nivel de riesgo extremo.

Se trata de un porcentaje minúsculo sobre el total, pero no deja de tener máxima importancia para las mujeres que se encuentran en esta situación. Igualmente, en la Comunidad también se contabilizan 51 casos con un nivel de riesgo alto y 816 con un nivel de riesgo medio los cuales, según explica el Ministerio, son considerados todos casos de especial relevancia. Así se denominan aquellos en los que «tras la práctica de la valoración policial del riesgo, se detecta una especial combinación de indicadores que aumentan de manera significativa la probabilidad de que el agresor ejerza sobre la víctima violencia muy grave o letal», es decir, casos en los que la vida de la víctima corre verdadero peligro.

También existen los casos con menores en situación de riesgo, en los que tras la valoración de la policía del riesgo de la víctima y existiendo menores a su cargo, «se detecta una especial combinación de indicadores que apuntan a que la violencia ejercida por el agresor sobre la víctima podría extenderse a otras personas cercanas a esta, especialmente hacia estos menores».

Así, tanto en los casos de especial relevancia como en aquellos con menores en situación de riesgo, el Ministerio del Interior también detalla que «el sistema Viogén genera para estos casos una diligencia automatizada que se adjunta al informe de valoración policial del riesgo y al atestado, al objeto de recomendar a la Autoridad Judicial y Fiscal la práctica de evaluación adicional experta en el ámbito forense».

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