El PP arriesga seis senadores por la fragmentación del voto de centroderecha
L La división de voto entre el Partido Popular, Ciudadanos y Vox facilitará el ascenso del PSOE sobre todo en León, Valladolid y Soria L Los partidos minoritarios se disputarán el tercer y cuarto diputado

Colas de ciudadanos en un colegio electoral en la capital burgalesa para ejercer el derecho al voto.-ICAL
El rompecabezas de la ‘España vacía’ salta por primera vez al debate político nacional. Prometen una bajada de impuestos o un mejor acceso a los servicios básicos solo ahora que los ciudadanos del medio rural salen a la Gran Vía madrileña para protestar contra su ‘olvido’ y que los partidos ven en las elecciones del 28 de abril una oportunidad para conservar o recuperar el voto. Pero no será fácil, precisamente por la dispersión del voto. Por primera vez PP arriesga seis senadores en Castilla y León, principalmente en León, Valladolid y Soria, donde puede inclinarse la balanza en favor de los socialistas.
Los líderes políticos son muy conscientes de las implicaciones que puede tener esta fragmentación del voto. Solo durante la semana pasada, el presidente del PP, Pablo Casado, ha visitado León, Palencia, Burgos y Ávila. Cuatro provincias que acaparan 14 diputados y 12 senadores, en las que el PP gobierna tanto en el Ayuntamiento de la capital como en la Diputación. Feudos del PP que por primera vez son puestos en jaque ante la dispersión de su voto hacia Ciudadanos y Vox.
Cada provincia tiene cuatro senadores que se distribuyen, generalmente, entre solo dos formaciones. El partido ganador obtiene tres senadores y el perdedor, uno; aunque ha habido 23 excepciones en estos más de cuarenta años de democracia en España. Un ejemplo es el caso de Guipúzcoa, donde hay dos senadores del PNV y dos de Podemos.
Castilla y León tiene 27 senadores ‘populares’ y 9 socialistas; una tendencia que puede no repetirse en la próxima cita de los ciudadanos en las urnas. El PP arrasa en todas las provincias de la Comunidad con tres senadores en cada una, y habría que remontarse a la época de José Luis Rodríguez Zapatero y a las elecciones de 2004 y 2008 para que cómo el PSOE arañaba tres senadores por León; o al Valladolid de 1986 para ver el mismo fenómeno.
El PP tiene en riesgo la hegemonía de los senadores en estas dos provincias y en Soria, con unos líderes perjudicados por la corrupción, divididos en otras formaciones y que pueden acusar más el golpe del voto a Ciudadanos o a Vox.
Especial mención merece el caso de Soria, donde a esta fragmentación del voto tiene que sumar las tensiones que vive actualmente el Partido Popular provincial después de que la histórica María Jesús Ruiz –vicepresidenta de la Junta de Castilla y León entre 2004 y 2011– abandonara el PP de Soria para presentarse a al Senado y a la Alcaldía de Ágreda por la Plataforma por el Pueblo Soriano (PPSO).
Esta formación, nacida en 2011, está liderada por el exsecretario provincial popular José Antonio de Miguel –actual alcalde de Almazán y se presenta al Congreso– y desde el pasado enero, por el también ex secretario general del PP de Soria Antonio Pardo –candidato del PPSO a la Alcaldía de El Burgo de Osma–. Por lo tanto, el elector tradicional de la derecha soriana tendrá que decidir qué papeleta mete en el sobre: la del PP, la de PPSO, la de Ciudadanos o la de Vox. Suya es la elección, y eso puede provocar que cambien las tornas para el PP, no tanto por que el PSOE alcance más votos que en otras legislaturas, si no por que, al fragmentarse el voto de la derecha, gane impulso el socialista y le tome la delantera.
IMPORTANCIA DEL SENADO
El porcentaje de participación en las elecciones al Senado suele ser menor que el del Congreso (en Castilla y León se registró una participación del 73,34%, superior a la estatal, donde se situó en el 69,84%), pero sus resultados pueden resultar vitales para determinadas decisiones del Ejecutivo, lo presida quien lo presida. En sus manos está aprobar el techo de gasto –o no hacerlo y dificultar la aprobación de unos Presupuestos– y aplicar de nuevo el artículo 155 de la Constitución Española, o negarse a hacerlo.
El último barómetro del CIS –que reconoce el error muestral de su sondeo por el escaso número de entrevistas– otorga en Castilla y León un empate técnico entre el PP y el PSOE (21,1% en cada caso), a los que seguirían Ciudadanos (12,3%) y Unidas Podemos (9,4%) y, ya muy por detrás, Vox (4,1%).
Los datos del sondeo de Sigma Dos para El Mundo, realizado a dos meses de las elecciones, también indican que el PSOE sería el partido más votado en España, principalmente por esta fragmentación de la derecha y las candidaturas de Ciudadanos y Vox, que se presentan en todas las provincias de la Comunidad.
Mención aparte merece la elección de los diputados que irán al Congreso. En Castilla y León se juegan 31 de los 285 escaños. Actualmente el PP cuenta con 18 diputados; el PSOE, con 9, Ciudadanos tiene uno (por Valladolid) y Podemos, tres (Valladolid, Burgos y León).
Los partidos políticos necesitan obtener al menos un 3% de los votos para poder ser tenidos en cuenta. Según el método d’Hondt que se utiliza en el sistema electoral español, se colocan los votos en una tabla y se divide el número total de votos entre el número de diputados de cada circunscripción (5 en Valladolid y 4 en Burgos o León, por ejemplo).
Primero se divide el número de votos obtenidos entre 1, luego entre 2, entre 3, entre 4 y entre 5 en el caso de Valladolid. Una vez hallados los resultados, se asigna un escaño para los cocientes más elevados hasta llegar el número de diputados, explica el artículo 163 de la Ley Electoral.
Si continuamos con el ejemplo, el PP obtuvo 132.026 votos, el PSOE 71.780, Podemos 51.637 y Ciudadanos 49.283. Al dividir el voto del PP entre dos, se obtiene 66.013, una cifra superior a la de los votos de Podemos yCiudadanos. Como Valladolid tiene cinco escaños, el PP se lleva dos (Tomás Burgos e Ignacio Tremiño), el PSOE uno (Soraya Rodríguez), Podemos otro (Juan Manuel del Olmo) y Ciudadanos el último (Francisco Igea).
En teoría este método procura ser un sistema proporcional, y lo es, pero solo en las circunscripciones más pobladas y, por tanto, con más escaños a repartir. No se pueden comparar los 31 diputados de Barcelona con los 3 de Palencia, donde la inestabilidad es mayor, puesto que un cambio de un puñado de miles puede inclinar la balanza y cualquier formación puede obtener el tercer escaño.
Ávila, Palencia, Segovia y Zamora han sido casi siempre provincias bipartidistas (en las elecciones 2016, con dos diputados para el PPy uno para el PSOE), pero las probabilidades de que esta situación se repita son menores que hace tres años. En el previsible caso de que los dos partidos más votados sean el PP y el PSOE, cualquiera de estos dos deberán doblar en votos al tercero (Podemos, Ciudadanos o Vox) si quieren conseguir dos diputados.
Este método es objeto de crítica para los partidos más pequeños por todo el voto residual que queda sin representación. En las pasadas elecciones generales, 156.330 castellanos y leoneses votaron a Cs sin obtener ni un solo escaño por ello, igual que le sucedió a Podemos (89.487 votos) y que, previsiblemente, seguirá ocurriendo.
A once días del inicio de la campaña electoral y ya en el mes de los comicios más diversos de la historia española, todo queda en manos de los votantes que se acerquen hasta su colegio electoral. Las encuestas harán sus previsiones, pero donde verdaderamente se decide todo es ante las urnas. Ylos políticos lo saben.