Diario de Valladolid

LA SEMANA SANTA RURAL

Bercianos de Aliste, la pervivencia de una tradición1

Bercianos de Aliste es una localidad zamorana, vecina a la región portuguesa de Tras Os Montes, que posee, entre sus muchos encantos, la joya de sus vecinos que viven de una manera natural la vida concejil y religiosa, participando por igual en los eventos laborales del concejo, en las comidas comunales y en las tradiciones piadosas. Las tres facetas están tan perfectamente imbricadas que el capital cultural y patrimonial del pueblo se basa en el equilibrio laboriosamente conseguido.

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Publicado por
Redacción de Valladolid
Valladolid

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Pero si por algo es conocido Bercianos de Aliste es por su Semana Santa, de fama internacional, y la primera declarada de Interés Cultural Inmaterial por la Junta de Castilla y León. Ha sido imitada en alguno de sus aspectos en otros lugares, pero ello no es óbice para que siga siendo de un atractivo per se, porque si es verdad que se pueda imitar el atuendo, copiar el Miserere, lo que es intransferible es el espíritu con el que los bercianiegos tienen interiorizado y viven sus ritos.

El primer gran día, pasado el Domingo de Ramos, es el Miércoles Santo cuando el Mayordomo pone el Monumento. Es una construcción que, aunque sigue una tradición inalterada, cada año tiene la personalidad propia de la familia que lo adorna. Porque la responsabilidad del Mayordomo es compartida por la familia extensa que aún funciona en Bercianos, y que es garante de la pervivencia de las tradiciones. Familiares y amigos acuden a colaborar en la colocación de los adornos, en una competición no disimulada con los de años anteriores. En la decoración, aparecen pañuelos, ramos de flores y otros adornos que envían los emigrantes, que no pudiendo asistir a la Semana Santa, quieren hacerse presentes en esta común-unidad.

Para entender un poco todo el despliegue ritual al que puede asistir el visitante que llegue a Bercianos en estos días, quiero señalar que aquí aún funciona la vieja estructura, desaparecida en otros lugares, de ser el pueblo el que controla los haberes de la cofradía, a través de sus representantes que son el Juez y los dos Mayordomos. El cambio de éstos se hace a mitad del año. Por San Juan. Son los encargados de fiscalizar las cuentas y servir como ayudantes del culto.

El Jueves Santo es el primer día grande de la Semana Santa. El Juez, con la capa parda, se coloca en el altar mayor al lado de la sacristía, atento a las necesidades del sacerdote, pero no es un monaguillo, es el representante de la Cofradía en el presbiterio. El Lavatorio es una escena pocas veces imaginada, no por original, puesto que es un rito universal, sino por la expresividad del rito en el que el sacerdote lava los pies a los campesinos envueltos en las capas pardas.

Los turistas, mientras tanto, han buscado buenas vistas para ver el desfile de la Procesión de la Carrera, que comienza al terminar los oficios. Los cofrades y el pueblo entero recorren el Viacrucis, señalado por cruces de piedra, de más de un siglo de antigüedad. Cantan el famoso Miserere Alistano, compuesto por el que fuera arzobispo de Buenos Aires, Manuel Azamor, a finales del s. XVII, que llegó a la Península después de haber saltado de nación en nación en Hispanoamérica. El coro canta la estrofa latina y responde el pueblo la paráfrasis de la misma en castellano. Al final de la cuesta, al lado del cementerio, en el lugar señalado por tres cruces, se hace un alto en el que se cantan Las Cinco Llagas, devoción muy extendida por la diócesis de Zamora, lo que me hace pensar que es fruto de una introducción no anterior a finales del s. XIX, traída por los misioneros. Los jóvenes llevan dos pendones, uno morado, el de la Cofradía, y otro negro, también de la Cofradía, pero que es el que se saca en los entierros de los cofrades. El Jueves Santo va el morado delante; sin embargo, al día siguiente, en la Procesión del Entierro, abre la marcha el negro porque acompaña al sepelio de Cristo. Los cofrades visten capa parda, la capa de los pastores y campesinos, de lana, con decoraciones sobrepuestas tanto en negro como en marrón. Es la capa con la que, por mandato de la regla, debían asistir a los concejos y a las reuniones oficiales de la Cofradía. Es atuendo de trabajo y de fiesta al mismo tiempo. De gran honorabilidad porque es la indumentaria campesina, pero nunca se la llamó “capa de honras”, como pretenden algunos que creen que es un nombre más decoroso. El Viernes Santo es un día preñado de trabajos y apretado de solidaridad. Por la mañana, los vecinos acuden voluntariamente a la iglesia, las mujeres arreglando a la Virgen de los Dolores, y los hombres preparando al Crucifijo que servirá para el desenclavo, acomodando en la urna los varales de las andas, disponiendo la escenografía del Sermón del Desenclavo. El púlpito para el orador, las escaleras para que otros dos clérigos vayan desenclavando al Cristo y bajándole de la cruz, según las indicaciones del predicador.

A continuación, colocado el Cristo en la Urna, se organiza la Procesión del Santo Entierro, que recorre el camino del día anterior hasta las tres cruces. Un cofrade lleva la Cruz pequeña, un crucifijo de gran valor histórico, los cofrades vestidos con túnica blanca portan la Urna, escoltada por cuatro mozos con lanzas cuya hoja reproduce elementos de arte popular alistano. Fueron cinceladas por el herrero del pueblo. Los soldados se cubren con pañuelos estampados, algunos traídos de lejos, de otras tierras. Bercianos, desde antiguo, no se entiende sin la emigración continua. Las mujeres, de luto riguroso, portan la Dolorosa, vestida con el manto negro. El espectáculo, a pesar de la contaminación cada vez más insoportable de los fotógrafos, algunos de los cuales están dispuestos a arruinar el rito por una buena foto, es impactante. Las túnica blancas, recién lavadas y almidonadas para la procesión, volverán a las arcas familiares al final de la misma. Se ha dado en llamar a este desfile, impropiamente, «procesión de las mortajas», porque la túnica sirve para amortajar al hermano en la hora de su muerte. La túnica blanca, que es la que vestían los disciplinantes cuando los penitentes de esta cofradía salían azotándose, o alumbrando a la imagen de Cristo muerto, adquiría en esta procesión la indulgencia plenaria otorgada por el Papa Paulo III en 1536 a los hermanos de ambos sexos que acompañasen a la procesión, confesados y comulgados, con verdadero espíritu de penitencia y devoción. La Cofradía posee un pergamino con esta bula que llegó a Bercianos en 1622. La túnica, que ha adquirido todos los privilegios espirituales en la procesión, se conserva sin lavar hasta el Viernes Santo del año siguiente para no alterar su valor sacral.

La noche del Viernes Santo, ya sin curiosos, convocados por el ronco sonido de la matraca, los vecinos se juntan para la procesión de La Soledad, en la que las mujeres llevan la voz cantante. Se rezan los misterios del Rosario con bellas estrofas introductorias. Al final, uno o dos cantores, de voz inmejorable, entonan el Stabat Mater, cantando las estrofas en latín, que como en el Miserere, son respondidas por el pueblo en castellano. Esta composición, juntamente con la Salve que cierra el acto en la iglesia, es de una belleza y emoción indescriptibles. Puro sentimiento que recorre a los congregados en una convivencia espiritual que sólo el que la ha vivido puede comprender. Por lo intimista del rito es de una belleza inenarrable.

La Semana Santa termina en la Procesión del Encuentro del Domingo de Pascua. Los hombres salen, por un lado, con la imagen del Corazón de Jesús, que sustituye a la del Niño resucitado de otros tiempos, y por otro, las mujeres con la Dolorosa. El encuentro se produce entre el volteo de campanas y el revoloteo de los pendones que se saludan ceremoniosamente, mientras una de las mujeres quita el manto negro a la Virgen dejando a la vista un magnífico manto que luce la imagen en la vuelta hasta el templo. Después de la Misa, Bercianos continúa con el ánimo festivo que le caracteriza, mientras piensa y se prepara para la próxima Semana Santa.

(1) Este es un pequeño esbozo de lo que será mi libro PASIÓN EN BERCIANOS DE ALISTE: Patrimonio inmaterial en la Península Ibérica. de próxima aparición.

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