«No demos marcha atrás y arruinemos un modelo autonómico que funciona bien»
El presidente de la Junta cree que es «mucho más urgente» recuperar el espíritu constitucional que reformar el texto.

-J.M. LOSTAU
Con motivo de los 40 años de laConstitución, en respuesta a las preguntas de la agencia Ical, el presidente de la Junta elabora un posicionamiento sobre las principales cuestiones objeto de debate respecto a la Carta Magna.
PREGUNTA.- La Constitución de 1978 dio respuesta a los problemas que los españoles tenían planteados hace 40 años. ¿Da respuesta con la misma eficacia a la España actual?
RESPUESTA.- No hay ningún país avanzado que no esté sufriendo, en estos últimos años, una cierta crisis democrática. En ese sentido España no es una excepción. La Constitución es el mayor logro político que hemos alcanzado en nuestra Historia. Hay muchos motivos para estar agradecidos a nuestra Carta Magna. Todos tendríamos que conocerla y valorarla más.
P.- El artículo 1 proclama la monarquía parlamentaria como forma del Estado. En un momento en que se pone en cuestión y se aboga directamente por una república, ¿qué aporta la monarquía?
R.- Por mi parte, siempre he considerado a la Corona como un factor esencial de equilibrio, moderación e integración. Muchos de quienes hoy cuestionan la institución monárquica están empeñados en desprestigiar la Transición y en debilitar los pilares de nuestro Estado. Pero el modelo político que plantean es infinitamente peor que el que plasma la Constitución y representa la Corona.
P.- El artículo 2, consagra la unidad de España y el derecho a la Autonomía de las regiones y nacionalidades. ¿La cuestión catalana puede evidenciar un cierto fracaso político del Estado Autonómico? ¿Puede generar en la población la sensación de que existen 17 micro-estados en los que no se garantiza la igualdad de todos los españoles?
R.- El desafío independentista en Cataluña va más allá del mero cuestionamiento del modelo autonómico. Han roto la convivencia entre ciudadanos libres e iguales. Han vulnerado la democracia. No estamos, por tanto, ante un modelo fallido, sino ante un modelo que ha sido despreciado y mal utilizado por algunos. No obstante, todo modelo es perfeccionable. Son precisos mejores mecanismos de cooperación y más sólidos instrumentos de cohesión. Pero también una mayor lealtad institucional y constitucional.
P.- ¿Qué piensa cuando escucha planteamientos sobre la recentralización de competencias en educación o sanidad?
R.- No sería muy lógico que desde Castilla y León abogásemos por una devolución de competencias. De no haberse producido en España una amplia descentralización, ¿contaríamos con una red de 3.500 centros sanitarios o de 1.400 centros educativos, la mayoría en el medio rural? Algunos proponen acabar con las autonomías como quien dice, ‘muerto el perro, se acabó la rabia’. Acabemos, mejor, con la rabia. Pongamos coto a los excesos. Resolvamos las disfunciones. Reforcemos los mecanismos de colaboración y los instrumentos de cohesión. Pero no demos marcha atrás a la historia y arruinemos un modelo que funciona bien en el día a día, y que lo ha demostrado.
P.- En los últimos años se viene hablando de ‘desgaste de materiales’ de la Carta Magna y de los beneficios de una posible reforma que incluya la cuestión territorial. ¿Lo cree necesario? Si es así, ¿cuáles son las principales cuestiones?
R.- A mí me parece que el mayor déficit constitucional que hoy tiene España no deriva de ninguno de los artículos de la Carta Magna, sino más bien de un debilitamiento del espíritu constitucional, del constitucionalismo. ¿Y en qué consiste eso? En el diálogo, en la tolerancia, en la búsqueda de consensos, en la convivencia pacífica. En que quienes piensan distinto puedan, a pesar de ello, sentarse a tratar de resolver los problemas y llegar a acuerdos. Reparar todo eso, recuperar ese espíritu es mucho más urgente que reformar la Constitución. Ahora bien, si conseguimos recuperar esos consensos, no hay que tener ningún miedo a impulsar reformas.