PREMIOS LA POSADA 2018 / JOSÉ MARÍA RUIZ / PREMIO A LA TRAYECTORIA
«Hoy más que nunca los premiados sentimos el orgullo de pertenencia por esta región»

Foto de familia de los galardonados en la sexta edición de los Premios La Posada de EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN.-J.M. LOSTAU, MIGUEL Á. SANTOS Y PABLO REQUEJO
El restaurador José María Ruiz, Premio Toda Una Vida a la Trayectoria de LA POSADA, quiso comenzar su intervención alabando el orgullo de pertenencia de Castilla y León. «Son muchos los logros conseguidos. Es importante que nos lo creamos nosotros mismos para defenderlas, para mejorarlas y para saber venderlas, por qué no».
De esta manera comenzó desgranando lo que para él representa la radiografía de la industria agroalimentaria de la comunidad. «Somos productores de unas materias primas de excelente calidad en toda la gama agroalimentaria», a lo que fue resaltando aquellos productos que se han convertido en los buques insignias de nuestra despensa. «Somos referencia en producción de porcino y ovino y primeros productores de lechazos y cochinillos. Somos tierra de pan llevar. Somos referencia mundial en vinicultura, producimos grandes vinos que se cotizan y exportan por todo el mundo». Para el empresario, gracias a estas fortalezas, se explica en parte el éxito de los atractivos de nuestra comunidad que se ha convertido en uno de los destinos turísticos de mayor preferencia para los europeos y buena parte del mundo. Unos «pilares» que, recordó el hostelero segoviano, sustentan nuestra economía regional, creando riqueza y fijando población por muchas de las empresas en zonas rurales.
El chef, bodeguero y sobretodo empresario, quiso recalcar aquellos valores «sustentados por padres y hermanos, quizás heredados o bien adquiridos» que han representado una ‘brújula’ en su trayectoria: «honestidad, humildad y esfuerzo».
José María Ruiz esbozó unas cinceladas de la que ha sido su trayectoria. Una vida dedicada la hostelería en la que comenzó a trabajar en la década de los 60. «Desde siempre tuve el sueño de abrir mi propio restaurante con la clara intención de innovar en la cocina castellana y principalmente con nuestros productos autóctonos».
Como defensor de la calidad desde la materia prima, se propuso crear su propia granja criadero de cochinillos donde poder practicar la I+D+i+S (Investigación, Desarrollo, Innovación, Sostenibilidad); es decir, investigar para crear nuestra propia genética diferenciada.
El fundador de la bodega Pago de Carraovejas recordó cómo comenzó su incursión en el mundo del vino en 1971 cuando se le presentó la oportunidad de representar a España en ese primer concurso mundial de somelier donde «me propuse hacer un vino que armonizara, que acompañara con mis platos más representativos como el cochinillo, eligiendo La Ribera del Duero. Teniendo que ser el mejor vino que fuera capaz de hacer sin escatimar esfuerzos». Lo que en ese momento fueron «sólo sueños» se han convertido en realidad, y fue creciendo exponencialmente hasta situarse en las mejores mesas del mundo.
Acompañado por su familia, José María quiso dedicar el premio en especial su mujer, Chon, a la que agradeció su apoyo incondicional: «dime dónde has llegado y te diré la mujer que tienes». El hostelero también mostró su orgullo por los cinco hijos formados en el matrimonio y sus cuatro nietos. «Son, sin duda, lo más grandioso que tenemos».
El agradecimiento del que ha sido considerado el embajador del cochinillo de Segovia en el mundo entero recordó también al equipo humano que le rodea. «Ellos han dado y siguen dando todo con su esfuerzo y honradez. Hay que rodearse de los mejores profesionales y la mejor gente».
El empresario finalizó su discurso lanzando un mensaje a los cientos de asistentes que se concentraban en el Auditorio Miguel Delibes de Valladolid:«Sigamos soñando porque el que no sueña ni disfruta ni consigue».