Diario de Valladolid
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Redacción de Valladolid
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HABITUALMENTE, estos días de septiembre inauguraban un período de expectativas, pero el enredo filibustero en que anda entretenida la política, ha acabado convirtiendo el cosechero veranillo de san Miguel en víspera de desconcierto y anticipo de declives. Quizá por eso, concurrieron en el pleno de san Cleofás sucesivos asuntos declinantes, con los que tuvo que lidiar un Herrera conciliador en su despedida, que supo elevar el debate parlamentario incluso allí donde todos los datos parecían conducir a la asunción de culpa. Abrió la sesión el portavoz socialista Tudanca con un recuerdo pormenorizado a las víctimas de la violencia de género cercanas y más distantes, que siguen sumando un balance de ignominia que no deja de crecer. Cada cual con su saldo de tragedia, que nos envilece como género humano.

El menú de san Cleofás reiteraba su primer punto en la pérdida de autónomos, esa liga en la que somos campeones parciales y absolutos, sumando veintiuna mil bajas durante la última crisis y sin que aparezcan señales de estar combatiendo esa merma pertinaz con eficacia. Sólo un atisbo de inquietud pareció incomodar al consejero de empleo, Carlos Fernández Carriedo, a quien la presidenta de las Cortes, Silvia Clemente, tuvo que advertir para que ocupara su asiento, dejando de deslizarse por el hueco de la ausente Pilar del Olmo hacia el cobijo presidencial.

Suponen los autónomos algo más de la quinta parte de nuestros empleados, aunque su situación sea muy diversa, excepto para recibir el castigo de la extinción, que en los años consumidos de esta legislatura ya alcanza el millar. De hecho, viene siendo tan decisivo ese impulso declinante que un 78% de los beneficiarios de la tarifa plana a la Seguridad Social en Castilla y León ya cerró su negocio. Y la gravedad de esta pérdida se acrecienta aún más si tenemos en cuenta su importancia en el medio rural, donde los autónomos suelen ser la única actividad detectable.

Por eso, no debiera extrañar la consideración que hizo Pablo Fernández, portavoz de Podemos, de tales abandonos como una auténtica plaga para nuestro medio rural. Hizo recuento escalonado de pérdidas, partiendo de los 232.000 autónomos de 2008, y reclamó una ley de segunda oportunidad para paliar los fracasos, a veces debidos a la inexperiencia o a un cálculo superficial de riesgos. Ciertamente, para economías tan frágiles y expuestas a los vientos, es un dato muy positivo el hecho de que sean las administraciones de Castilla y León las más diligentes en el pago, contando además con el auxilio de la Lanzadera financiera.

Pero a mí me inquietó particularmente la cifra de 32 millones de euros presupuestados y no ejecutados para promoción comercial, que facilitó en su pregunta el portavoz Tudanca, porque su incidencia jamás podría calificarse de anecdótica. Sobre todo, como señaló Pablo Fernández, porque ni los autónomos ni el pequeño comercio se deslocalizan, a diferencia de los grandes recaudadores de subvenciones. Luis Fuentes (Ciudadanos) preguntó por el presupuesto para 2019 y Herrera le recordó lo que sus partidos hacen en Madrid para imposibilitar un techo de gasto que es requisito imprescindible para iniciar el proceso. Santos Reyero (UPL) sacó los colores a los partidos mayoritarios con el abandono del tren centenario de vía estrecha en León.

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