Diario de Valladolid

Cuando el que viola y amenaza se llama papá

El fiscal y la acusación particular piden más de 5.600 años de cárcel para un vecino de Zamora acusado de haber abusado sexualmente de sus dos hijas durante siete años / Una de ellas tiene una ligera discapacidad

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Jose Luis Cabrero

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I.B.R. se enfrenta a una petición de pena de 5.620 años de cárcel. Parecen muchos años de prisión para un simple trabajador de una empresa de limpiezas, un hombre oscuro y anodino, padre de varios hijos y residente en la capital zamorana. Sin embargo, el relato de sus supuestas agresiones sexuales y de sus amenazas de muerte a sus dos hijas menores de edad escuchado en el juicio que se ha celebrado contra él esta semana en la Audiencia Provincial de Zamora hacen comprensible esa petición compartida tanto por el fiscal como por el abogado que ha ejercido la acusación particular en nombre de una de las víctimas.

El ‘monstruo’, sentado en el banquillo de la Audiencia, escuchó con gesto contrariado las declaraciones de sus hijas que, tras un biombo para protegerlas, relataban con voz trémula los repugnantes abusos a los que fueron sometidas mientras jueces y abogados curtidos en mil batallas judiciales tragaban saliva para poder seguir adelante. Intentó pasar todo lo desapercibido posible durante el juicio. «No hubo reconocimiento ni conformidad por su parte», relata uno de los abogados implicados en el caso. Tampoco hizo uso de la posibilidad de pronunciar la última palabra. Permaneció sentado, sin salidas de tono y sólo con leves cabeceos con los que negaba el relato que iban desgranando sus hijas.

En total, se le ha sentado en el banquillo de los acusados como supuesto autor de 416 delitos de agresión sexual, al no haber penetración pero si tocamientos y masturbaciones, y 96 de violación, por haber consumado con una de sus hijas el acto sexual cuando eran menores de edad y bajo amenaza, delitos que se prolongaron durante al menos siete años, y que tenían a las niñas amedrentadas.

Imposible resumir tanto sufrimiento infringido por I.B.R. con su «repugnante ánimo libidinoso», según asegura el fiscal en su escrito de conclusiones. Imposible olvidar la conducta «detestable» de un ser humano privado de cualquier resto de humanidad, valora el ministerio público. El calvario de estas dos jóvenes, una de ellas con una ligera discapacidad intelectual, tocó a su fin cuando una de ellas confesó a una amiga en el colegio los abusos sexuales que sufría a manos de su progenitor. El relato de la niña llegó a oídos de la abuela de la compañera de pupitre que aterrorizada por lo escuchado tomó la decisión de poner los hechos en conocimiento de la Policía. Tras las pesquisas, los agentes pudieron comprobar lo verosímil de las acusaciones, y tras su detención y puesta a disposición judicial, el juzgado decretó su ingreso en la prisión de Topas (Salamanca). Un ingreso sin posibilidad de libertad bajo fianza que dejaba clara la gravedad de los hechos investigados.

Lo mismo ante los servicios sociales, como durante el juicio, las menores ofrecieron un testimonio coherente de lo ocurrido, coincidente en todo momento y sin fisuras. Además, asegura el abogado de una de las víctimas, Javier Ramos Álvarez, existen pruebas contundentes que corroboran el testimonio de las víctimas, un dato «que objetiva el caso» y que, dado el secreto del sumario establecido por el juez y la celebración del juicio a puerta cerrada, no podrá conocerse hasta que se emita la sentencia. La primera en sufrir los abusos sexuales fue la hermana mayor, que fue objeto de tocamientos con las manos y el pene durante cinco años, y empezaron cuando la niña apenas tenía doce años. Durante los dos siguientes, el padre la violó en repetidas ocasiones.

La otra hija no corrió mejor suerte y sufrió los abusos sexuales de su padre con solo 7 años, hasta los 9, momento en el que el maltrato se interrumpió por la detención de I.B.R., en enero del pasado año. Las agresiones se producían en el domicilio familiar, en el que convivían con la madre y con otros hermanos varones. La madre, aseguró durante el juicio que no conocía los hechos.

La valoración de los delitos realizada por el fiscal del caso durante el juicio, y compartida por el abogado de la acusación, puede suponer incluso «una interpretación benévola» por el número de abusos sufridos por las víctimas, asegura Javier Ramos. Ambos comparten también la petición de penas de prisión: diez años de prisión por cada uno de los 416 delitos de agresión sexual y 15 años por cada uno de los 96 casos de violación en el caso de una de las hijas y otros 10 años por cada uno de los dos delitos de abuso sobre la hija menor. Acusación particular y Fiscalía son conscientes de que será complicado conseguir una condena por todos y cada uno de los actos execrables cometidos por el acusado, por lo que, alternativamente si se consideran delitos continuados, han pedido 35 años de prisión, 15 años por agresión sexual y 20 por violación.

Difieren, sin embargo, en las indemnizaciones solicitadas. La acusación pública reclama 30.000 euros para la hija que ya es mayor de edad y 6.000 para la pequeña. Por su parte, la acusación particular eleva la petición de indemnización hasta los 630.000 euros por los daños morales a la niña que sufrió las violaciones.

La defensa del acusado reclama la libre absolución de I.B.R. al entender que faltan pruebas que den consistencia al relato de las dos niñas.

Javier Ramos Álvarez se mostró ayer impresionado tras la celebración del juicio y la prueba testifical de las víctimas. «Fue, desde luego, un relato muy duro, que daña la sensibilidad de cualquiera y te deja sensaciones horrorosas, espeluznantes, te ensucia la mente y hasta tu propia sexualidad», aseguró.

Se mostró confiado en que la Audiencia Provincial emita lo antes posible la sentencia y se pueda hacer justicia con un caso de una gravedad casi sin precedentes en Zamora y especialmente sensible por afectar a dos menores de edad.

Un monstruo como el protagonista del Caso Fritzl

La gravedad de los delitos atribuidos a I.B.R. es tal que el abogado de la acusación particular, Javier Ramos Álvarez, no duda a la hora de establecer paralelismos entre este suceso y el conocido como caso Fritzl.

El ‘monstruo de Anstetten’, como fue bautizado por los medios de comunicación austriacos, secuestró y violó a su hija Elisabeth en un zulo infecto durante 24 años. En 2008, la opinión pública mundial quedó en estado de shock al saber que Josef Fritzl no solo abusó de su hija sino que tuvo con ella siete hijos, seis de ellos vivos en el momento de la detención.

El juicio celebrado un año después convirtió a Fritzl en la viva imagen del mal, en un monstruo sin humanidad que ahora ha encontrado su reencarnación en I.B.R.

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